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 [Especial 49º
Festival de San Sebastián] [Películas] [Palmarés]
AMELIE
(Le fabuleux destin d'Amélie Poulain)
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Dirección:
Jean-Pierre Jeunet.
Año: 2001.
Países: Francia / Alemania.
Duración: 120 min.
Interpretación: Audrey Tautou (Amelie
Poulain), Mathieu Kassovitz (Nino Quincampoix),
Rufus (Raphaël Poulain), Yolande Moreau
(Madeleine Wallace), Artus de Penguern
(Hipolito), Urbain Cancelier (Collignon), Maurice
Bénichou (Dominique Bretodeau), Dominique Pinon
(Joseph), Claude Perron (Eva).
Guión: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume
Laurant.
Producción: Claudie Ossard.
Música: Yann Tiersen.
Fotografía: Bruno Delbonnel.
Montaje: Hervé Schneid.
Diseño de producción: Aline Bonetto.
Dirección artística: Volker Schäfer.
Vestuario: Madeline Fontaine. |
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CRÍTICA
Mateo
Sancho Cardiel
"Amelie, la mujer que busca el
placer en las pequeñas cosas de la vida". Es
precisamente de estos ínfimos detalles de los que se
nutre una sugestiva y entretenida cinta,
brillante en su realización. Volvemos al
"Érase una vez...", aquél que nos derriba las
puertas de la realidad, otorga cualquier licencia
narrativa sin que el público se sienta estafado, el que
nos da la seguridad de que pase lo que pase, finalmente
las aguas acabarán yendo a su cauce de armonía y goce.
Aquél que nos hace volver a la infancia, al mundo de
fantasía, del que Jean-Pierre Jeunet -es su segunda
película en solitario- hace una apología encantadora. Un
canto a la capacidad de emular historias de amor
universales, un derecho inalienable de todo ser humano y
una forma indiscutible de crearnos una vida llena de
ilusión, en la que el riesgo por darse de
bruces que un realidad sin ningún atractivo, queda
compensado por los momentos de optimismo.
Sí, es Amelie una persona que se
ha creado su propia vida. Nacida en un entorno hostil a
la felicidad, ha suplido faltas de cariño y de
abundancia con una imaginación desbordante que convierte
su existencia en una fábula, de encuentros y
desencuentros, en la que ella se asigna el papel del hada
buena, la que facilita las vidas de los demás con un
toque de varita mágica. Pero un hada humana al fin y al
cabo que se dará cuenta de que también ella necesita de
sus poderes. Esta narración desenfadada es tan amable
como irrelevante, porque, volviendo al principio, la
película ha de apreciarse como la suma de situaciones,
diálogos y personajes que, por su particularidad, dotan
al filme de una loable agilidad, dejando el desarrollo
argumental en un segundo plano. Porque los aspectos más
brillantes de la película son instantes muy bien
distribuidos a lo largo de todo el metraje en los que nos
encontramos con personajes descritos a base de retazos
inconexos, imágenes deslumbrantes por su curiosidad,
pero que aparecen en la pantalla absolutamente por azar,
o álbumes de fotografías rechazadas. El filme
sigue el camino del absurdo como forma definitiva de
conseguir un resultado sorprendente, original,
refrescante al fin y al cabo. Un absurdo al más
puro estilo surrealista, realizado con ingenio, con
inteligencia, y que llega a alcanzar cotas muy altas.
Todo ello, aderezado con una estética inconfundible del
autor de "Delicatessen" y que demuestra un
sentido del gusto extraordinario, con un aroma muy, muy
francés. El mundo visto a través de los ojos de Amelie
es una colorista viñeta de cómic, un mundo salido de
los dibujos animados, en el que no hay terrores ni
angustias de cara al exterior. Todo es como de golosina,
e irradia alegría y euforia. Sin embargo, en los escasos
fragmentos en los que se habla de la vida de la
protagonista, es un blanco y negro con subtítulos. Y del
cómic, o de los cuentos, como se quiera, hereda esa
caricaturización que está perfectamente trasladada a la
pantalla con un estupendo casting.
Aunque las actuaciones son
excelentes, hay que reconocer que casi todo el mérito
del filme se lo lleva el propio director, por imprimir en
cada fotograma una personalidad cinematográfica
arrolladora, inimitable. Aunque carezca de la
intensidad que caracteriza a los filmes del festival, es
ésta, sin duda, una pieza de autor, más bien de
artesano, en la que todo el acabado estético es
impecable. Tan impecable que a nadie le importa que el
guión tenga algún que otro bache y que la historia no
tenga ni pies ni cabeza. Es un producto tan genuino, tan
diferente, que consigue, como la protagonista, hacer
sonreír a todo el mundo, que te hace salir del cine con
ganas de contagiar tu entusiasmo a los que están a tu
lado. Un filme terapéutico para los tiempos que corren.
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Imágenes de Amelie - Copyright © 2001 Claudie Ossard y
UGC. Todos los derechos reservados.
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© 2001 La Butaca - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
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