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[Especial 49º Festival de San Sebastián] [Películas] [Palmarés]
CRÍTICA Valoración: *** Un dulce cuento de hadas Precedida de un éxito arrollador en Francia -después de haber sido rechazada en Cannes-, y con el reciente premio de la Academia Europea como mejor película europea del año, Amelie se nos presenta como un cuento de hadas que hará las delicias del espectador precisamente por eso, por tratarse de una comedia amable, encantadora, en la que podemos refugiarnos de los problemas y sinsabores cotidianos.
Su vida será un buscar hacer felices a los demás, ayudarles a superar sus traumas, a resolver sus problemas, de manera anónima, silenciosa, como si fuese su hada buena. La alcohólica portera de su edificio que sufre desde hace décadas del mal de amor al ser abandonada por su marido, una estanquera hipocondríaca, un cliente celoso y patológico, un vecino anciano que pinta todos los años el mismo cuadro de Renoir, un joven tendero retrasado y acomplejado por su patrón: todos ellos sentirán la ayuda de esa mano invisible. Como en todo cuento de hadas, también aquí tenemos nuestro príncipe azul, Nino, que trabaja en un "túnel del terror" y en un sex-shop; como los demás, él será "salvado" de su obsesión por recoger las fotos desechadas que encuentra en los fotomatones y reconocer a un hombre que aparece con frecuencia, pero a la vez será él quien "salve" a Amelie y la saque de ese mundo falso de ilusiones, de imaginaciones: al enamorarla, le hará ver que ella es como los demás, que también necesita ser ayudada, que también necesita afecto y cariño.
La puesta en escena es pictórica, al mostrarnos un mundo colorista salido del cómic, emparentado con el estilo naïf y con el surrealismo -son varias las escenas en que los sueños de la protagonista la hacen ser el centro de una posible Historia-, y enlazando con el realismo poético francés de Marcel Carné o de René Clair y con el humor de Jacques Tati. Así se refuerza ese universo encantador, como si de un dulce o una golosina se tratase. El tratamiento de los personajes también va en ese sentido: se nos presentan como seres sin matices ni recovecos, superficiales e ingenuos, como si se tratase de caricaturas que gesticulan y actúan, pero carentes de fuerza interior; sus sentimientos son poco profundos, de manera que ni sufren ni gozan realmente, sino que andan por un mundo de ensueño. Jeunet ha optado por mostrarnos con simplicidad un mundo imaginativo, colorista, placentero, en el que nos podamos zambullir y entretener durante dos horas, tratando con ligereza los distintos conflictos dramáticos.
Concluyamos diciendo que nos encontramos ante una película agradable de ver, que nos empuja a ser buenos, amables..., pero escapando de la realidad, mirando hacia otro lado. Es como una mirada al sueño perdido de la infancia, al personaje entrañable que hay dentro del niño que todos fuimos, en la línea de su anterior película La ciudad de los niños perdidos. En definitiva, una película que es un regalo para el corazón y para la imaginación, pero que no deja más que esa sensación pasajera. Imágenes de Amelie - Copyright © 2001 Claudie Ossard y UGC. Todos los derechos reservados. Página principal de "Amelie" © 2001 La Butaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España). |