49º Festival Internacional de Cine de San Sebastián

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LA BUTACA - Revista de Cine

[Especial 49º Festival de San Sebastián] [Películas] [Palmarés]


EL EMPLEO DEL TIEMPO
(L'emploi du temps)


cartel francés Dirección: Laurent Cantet.
Año: 2001.
País: Francia.
Duración: 133 min.
Interpretación: Aurélien Recoing (Vincent), Karin Viard (Muriel), Marie Cantet (Alice), Félix Cantet (Félix), Elisabeth Joinet (Jeanne), Nigel Palmer (Jaffrey).
Guión: Robin Campillo y Laurent Cantet.
Música: Jocelyn Pook.
Fotografía: Pierre Milon.
Montaje: Robin Campillo.
Dirección artística: Romain Denis.
Vestuario: Elisabeth Mehu.

CRÍTICA por Manuel Márquez

La mentira es algo que se esconde..., ya lo cantaba Auserón, con sus Radio Futura, allá por el 85. Así sucede habitualmente, y así se retrata en esta historia con la que el cineasta francés Laurent Cantet vuelve a incidir en su acercamiento al mundo del trabajo en esta frontera intermilenaria bajo un prisma duro y áspero que resalta sus aspectos más alienantes y desazo-nadores.

En L’emploi du temps, no obstante, Cantet va más allá, y se adentra en cuestiones y reflexiones de más largo aliento, aprovechando lo bien que a ello se presta el desenvolvimiento de la trama. Y un elemento anímico como hilo conductor: la angustia; por encima de todo, una fuerte desazón, la que despliega el protagonista, un hombre atrapado en su propia telaraña, ésa que teje y de la que no sabe cómo salir, porque gestionar el engaño no es tarea fácil, y requiere habilidades y artes muy sutiles, que no están al alcance de todo el mundo.

Además de ese elemento anímico, son otros y diversos los factores de situación que operan su papel importante en la trama: la familia, funda-mentalmente, como pieza que despliega –casi siempre por impulsos inconscientes– un engra-naje de presión que empuja al mentiroso a intro-ducirse cada vez más en su espiral falsaria; la distancia, ese constante ir y venir de Vincent, el protagonista, a bordo de su automóvil, en una especie de fuga permanente y desesperada (si te paras, te caes; y, si te caes, ya no te levantas); o el tiem-po, al que alude expresamente el título, y que también juega un papel básico en el incremento paulatino de la presión: cada día que pasa añade un ladrillo más a la construcción de ese muro vergonzoso del engaño.

Otros puntos de tremendo interés radican en el simbolismo de determinados objetos, con los que Cantet teje alegorías reforzatorias de las líneas temáti-cas en las que desea incidir: los relojes falsificados (tan falsos como su trabajo...) con los que Vincent, acuciado por sus necesidades económicas, comienza a trapichear, en una suerte de paréntesis que terminará haciéndole estallar, simbolizan el tiempo, ese mismo que, simultáneamente, le sobra y le falta; o el coche, ése en el que pasa buena parte de su tiempo (son, por otro lado, innumerables los planos en el interior del mismo), y que representa una especia de burbuja, de cápsula de aislamiento, gracias a la cual el protagonista puede relajarse, en su soledad, lejos de la familia que tanto le agobia y le bloquea mentalmente –curiosa paradoja: la cápsula en que se encierra como válvula de escape...–.

En cualquier caso, más allá de símbolos, ale-gorías y mensajes morales (aspecto éste en el que Cantet, sabiamente, juega a desplegar la baraja, pero no marca el naipe; él ni perdona ni condena, dejando que sea el espectador quien redima o crucifique al pecador...), hay en la pe-lícula una trama, una historia concreta, que re-sulta densa, reconcentrada, y, en algunos mo-mentos, incluso asfixiante. A que esta situación no desemboque en un tocho cinematográfico infumable (hay que tener en cuenta que la duración de la película rebasa ligeramente las dos horas), contribuye enormemente, además del ritmo narrativo y la limpieza visual de sus imágenes, lo ajustado de las interpretaciones principales, tanto la del protagonista (Aurélien Recoing, un actor con amplia experiencia teatral, y bien que se puede apreciar en su trabajo, condicionado por un desarrollo muy "interiorista" –tanto en lo físico como en lo anímico–, que asimila y solventa con notable acierto), como, muy especialmente, la de su partenaire (una Karin Viard que, a pesar de su amplia carrera y reconocimientos en su país de origen, resulta prácticamente desco-nocida en el nuestro, y se convierte en un auténtico hallazgo: todo un prodigio de sobriedad, contención y captación del sentido más profundo de un papel muy difícil, como es el de la esposa del protagonista, que asume un perfil claramente "reactivo" –siempre desplegando reacciones matizadas y sutiles a cada uno de los movimientos de su marido de ficción–).

En definitiva, y recapitulando, nos encontramos ante una película sólida y correcta, desde un punto de vista técnico, e interesante, muy interesante desde la perspectiva de las reflexiones de corte social y moral que nos plantea, conformes al signo de sus tiempos; también es interesante resaltar cómo L’emploi du temps pone en evidencia que el monopolio del cine social no está situado en las islas británicas, y que, más allá de los films de Loach y toda esa pléyade de alumnos más o menos aventajados, con un nivel creativo muy desigual, hay otras opciones y otras vías, tanto temáticas como tonales y formales, para ese cine que aspira a que salgas del "cuarto oscuro" pensando en algo más consistente que el cartón del paquete de palomitas que acabas de depositar en el mismo cubo de la basura al que se podrían arrojar kilómetros y kilómetros del celuloide que la gran industria va manufacturando y colocando de manera inmisericorde en mil y una salas.


Imágenes de "El empleo del tiempo" - Copyright © 2001 Haut et Court. Distribuidora en España: Golem. Todos los derechos reservados.

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