49º Festival Internacional de Cine de San Sebastián

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LA BUTACA - Revista de Cine

[Especial 49º Festival de San Sebastián] [Películas] [Palmarés]


EN TIERRA DE NADIE
(No man's land)


cartel Dirección, guión y música: Danis Tanovic.
Año: 2001.
Países: Francia / Italia / Eslovenia / Reino Unido / Bélgica.
Duración: 98 min.
Interpretación: Branko Djuric (Ciki), Rene Bitorajac (Nino), Filip Sovagovic (Cera), Katrin Cartlidge (Jane), Simon Callow (Soft), Georges Siatidis (Marchand), Alain Eloy (Pierre), Sacha Kremer (Michel).
Producción: Marc Baschet, Frédérique Dumas, Marion Hänsel y Cédomir Kolar.
Fotografía: Walther Vanden Ende.
Montaje: Francesca Calvelli .
Diseño de producción: Dusko Milavec.
Vestuario: Zvonca Makuc.

CRÍTICA

Julio Rodríguez Chico

Valoración: *****

El esperpento de la guerra

Galardonada con numerosos e importantes premios como los obtenidos en Cannes, San Sebastián, o el Globo de Oro a la mejor película extranjera, acaba de ser nominada para los Oscar como mejor película en habla no inglesa.

Una nueva mirada sobre la guerra fratricida en los Balcanes. Pero no es una mirada cualquiera, sino la de alguien que tuvo que refugiarse en las trincheras de las fuerzas bosnias, que pisó esos campos sembrados de minas por el ejército serbio, y que contempló la pasividad de las fuerzas de la ONU ante las barbaridades que se estaban cometiendo.

Durante la guerra serbo-bosnia, Tanovic se ocupó de la realización de numerosos documentales para el archivo del ejército bosnio, y pudo conocer de primera mano situaciones esperpénticas como la que ahora nos ofrece en forma de ficción. Su mirada no es, sin embargo, una defensa de la causa de su pueblo frente a la del enemigo, aunque introduce algunas imágenes documentales del presidente Milosevic alentando a la "limpieza étnica". Su propósito es reflejar el absurdo de la guerra, aunque ésta se disfrace con razones históricas o de justicia. Es la ceguera de los dirigentes, semejante a la que experimenta la patrulla bosnia perdida entre la niebla al inicio de la película.

En una trinchera situada en tierra de nadie quedará aislado Ciki, el único superviviente bosnio de esa patrulla perdida y masacrada. Una misión de comprobación serbia llevará al inexperto Nino a esa misma situación; poco antes de morir su compañero de expedición, ha podido activar una "mina del salto" bajo el cuerpo de un supuesto cadáver bosnio. Las situaciones absurdas, no exentas de cierta comicidad y hondura humana, se repetirán dependiendo quién de los dos tenga el poder de las armas: les vemos semidesnudos pidiendo auxilio a la vez a sus respectivas bandos, discutiendo sobre quién de ellos empezó la guerra, o asistimos a un espectáculo esperpéntico en la trinchera invadida por los medios de información y los mandos de la ONU. Por momentos parece que la amistad y el sentido común triunfarán, pero el sentido de supervivencia y la torpeza de quienes tienen el poder -políticos, militares o la prensa- agotan ese brote de humanidad.

Es una crítica a la guerra, pero lo es principalmente a las fuerzas de intervención de la ONU -los "pitufos"-, y más en concreto a sus altos mandos, que con una actitud frívola y sin una misión clara, acaban siendo los principales responsables de esa barbarie. "No existe la neutralidad cuando existen los asesinatos", dice una reportera de la televisión británica al terminar uno de sus reportajes. Su apatía e hipocresía es clamorosa en la secuencia final, guinda de una postura mentirosa y ambigua donde únicamente preocupa la imagen dada al exterior y acallar la presión popular.

Los medios de comunicación son también objeto de crítica implacable del guionista y realizador. Aunque les concede el valor y audacia de buscar la verdad, les echa en cara que sólo se interesen por la pura noticia, no por las personas; son "buitres que sólo piensan en mostrar el dolor" les espetará el soldado herido, al ver el show "explosivo" que han organizado en la trinchera: buscan imágenes y entrevistas a quienes se encuentran en una situación dramática, y no dudan en trasformar lo trascendente en anecdótico.

La conclusión, bien reflejada en el plano cenital final, es de soledad y de indefensión, de perplejidad ante situaciones incomprensibles entre personas que se dicen "humanas" y que se enzarzan en luchas intestinas hasta perder la sensatez, y finalmente la vida.

La puesta en escena llevada a cabo por Tanovic es realista y se desarrolla en tono tragicómico, casi en un único escenario. Acierta al darle un carácter de comedia llena de cinismo, idóneo para que un tema serio llegue a todos los públicos sin los rechazos del morbo o del maniqueísmo.

El peso de la historia descansa fundamentalmente sobre los dos soldados heridos en la trinchera, que interpretan con naturalidad y espontaneidad sus papeles de gente normal, de buen corazón, que no sabe bien qué hace allí. El mayor mérito hay que atribuírselo al guión -premiado en Cannes-, que conduce con precisión y frescura una historia llena de chispa, sin bajones de ritmo y sin que el espectador pierda interés por lo que se está contando. La narración de la historia está hecha desde un cierto distanciamiento de la realidad vivida, lo que le permite adoptar una postura un tanto irónica y mordaz, y llegar al fondo de la cuestión: la pérdida del sentido de la dignidad de la persona, y la falta de humanidad y verdad en los protagonistas de ese triste episodio de final del siglo pasado.


Imágenes de En tierra de nadie - Copyright © 2001 Counihan Villiers Productions, Fabrica, Man's Films, Noé Productions y Studio Maj/Casablanca. Todos los derechos reservados.


© 2001 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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