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[Especial 49º
Festival de San Sebastián] [Películas] [Palmarés]
EL HOMBRE
QUE NUNCA ESTUVO ALLÍ
(The
man who wasn't there)

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Título
en Argentina: El hombre que nunca
estuvo.
Dirección: Joel Coen.
Año: 2001.
País: USA.
Duración: 116 min.
Interpretación: Billy Bob
Thornton (Ed Crane), Frances McDormand (Doris
Crane), Michael Badalucco (Frank Raffo), James
Gandolfini (Big Dave), Katherine Borowitz (Ann
Nirdlinger), Jon Polito (Creighton Tolliver),
Scarlett Johansson (Birdy Abundas), Richard
Jenkins (Walter Abundas), Tony Shalhoub (Freddy
Riedenschneider), Adam Alexi-Malle (Jacques
Carcanogues), Peter Schrum (William von Svenson).
Guión: Joel Coen & Ethan
Coen.
Producción: Ethan Coen.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Tricia Cooke y Roderick
Jaynes (Joel Coen & Ethan Coen).
Diseño de producción: Dennis
Gassner.
Vestuario: Mary Zophres. |
CRÍTICA
Tònia
Pallejà
Si tomamos todos los numerosos
elementos que conforman esa magia audio-visual llamada
cine de cuya interacción resulta una película, podría
hacerse una distinción a grosso modo entre aquellos
aspectos que constituirían el "cómo se
cuenta" y aquellos otros cuya consecuencia sería el
"qué se cuenta". Clasificación torpe e
incluso artificiosa, cuando ambos planos conviven en una
constante dialéctica, pero de la que voy a servirme en
esta ocasión debido a la importante disparidad que
presenta esta cinta entre estos dos niveles.
El hombre que nunca estuvo allí
es otra mues-tra más de ese cine negro que tanto han
explotado los Coen desde Sangre fácil, y que se sitúa a
camino del thriller y la comedia, pero a caballo de
ninguno de los dos, puesto que las barreras intergéneros
no se hicieron para estos hermanos. En relación al
"cómo se cuenta", el más reciente trabajo de
la siempre sugerente factoría Coen es una considerable
lección de aquéllo que algunos denominarían "buen
cine". Joel y Ethan se propusieron edificar un
sólido y brillante ejercicio de estilo de corte clásico
fotografía en blanco y negro incluida en el
que resuenan los aquí homenajeados, sin resultar de ello
una fotocopia o un collage de influencias, sino un
conjunto con entidad propia que desprende la elegancia y
la sobriedad de antaño, pero también, cuyas fuentes son
sobradamente reconocibles (principalmente la obra de James M. Cain llevada a la gran
pantalla El cartero siempre llama dos veces, Perdición). El sabor a
otra época es perfectamente tangible en atmósferas y
ambientes; la labor en los vestuarios,
maquillaje, peluquería, decora-dos,... que tantas veces
se consideran menores y se pasan por alto, cristalizan en
una soberbia recreación de un tiempo y una sociedad
determinadas. Pero todos estos ingredientes, si
bien merecen reseñarse, son lo de menos. Lo que sí cabe
destacar, por encima de todo, es la loable pericia
técnica que se demuestra en este film, y que abarca
desde la fotografía espléndida en sus marcados
contrastes y su diáfana nitidez hasta las
soluciones de continuidad, pasando por la composición de
planos, encuadres, movimientos de cámara, sucesión de
escenas, ... Realmente soberbios.
Sin embargo, es en el nivel
del "qué se cuenta", cuando el fabulador
decepciona y el contenido de esta película se revela
insu-ficiente para su magnífico continente. El
guión, urdido con mediocridad en su conjunto, se desvía
a menudo hacia otros temas y perso-najes de escaso
interés. La lolita que toca el piano, la incursión de
los ovnis o la fiesta en casa de los italianos apartan la
atención del nudo principal, apenas aportan algo a la
trama y finalmente se manifiestan como un lastre
argumental. Por otra parte, el ritmo sosegado e
hipnótico, excesivamente atemperado, resta fuerza y
contribuye a aumentar la distancia con el espectador y la
sensación general de aburrimiento. A ello se suma la
sempiterna voz en off del protagonista, Ed Crane, que
conduce el relato (siempre he pensado que, cuando en una
película se abusa de este recurso, tal vez hubiera sido
mejor optar por escribir una novela en vez de convertir
la idea en una película). Por último, existe un
problema en el tono general del film, incómoda tesitura
de difícil reajuste. Uno echa de menos la mala leche de
otros tiempos, y la ironía acaba cediendo en favor de un
tristeza resignada, agotada, que tiñe hasta los guiños
más humorísticos. Simplemente, la historia del anodino
barbero de anodina existencia, deviene anodina incluso
cuando los acontecimientos se precipitan. Este hombre
lacónico, sin demasiadas aspiraciones en la vida, casado
con una provinciana femme fatale de poca monta, que es su
polo opuesto y le engaña con su jefe, se erige en el
inocente perdedor de ese sueño americano que acaba
tentándole en forma de negocio de lavado en seco; es la
víctima de una cadena de infortunios y casualidades que
ha originado sin intención, y que se le acaban viniendo
encima y es que dicha cadena no sigue un orden
lógico, puesto que los culpables son castigados, pero no
por el delito o la falta que han cometido, sino por el de
otros. El escaso énfasis que Ed Crane le pone a la
vida se traslada a la propia película.
Los personajes tampoco
cuentan con dema-siado agarre, y al margen de su
protagonis-ta, son cantos rodados sin aristas ni
replie-gues, meras caricaturas que deambulan en
un mar de engaños y falsas apariencias, ya sean en forma
de relaciones extraconyugales, de charlatanes que ofrecen
negocios con los que enriquecerse o de abogados poco
éticos. Los actores suplen algunas deficiencias y están
correctos en su rol. Mención aparte, como especial
muestra de reconocimiento, para Billy Bob Thornton. Este hombre
que últimamente se prodiga mucho por nuestras
carteleras tiene el prodigioso don de la
expresividad más subyacente. Con apenas unos
micromovimientos imperceptibles de sus músculos faciales
y el brillo de su mirada es capaz de manifestar emociones
de hondo calado que transmiten más que un largo discurso
ya no digamos, si alza una ceja, entorna los ojos o
curva la línea de sus labios en una mueca. Tal vez
por ello, se le han asignado en muchas ocasiones papeles
de individuos parcos en palabras y ésta es una de
ellas pero sumamente comunicativos a través de su
lenguaje corporal.
En definitiva, en este film se echa
de menos más efervescencia, se echa de menos una
historia con más gancho, se echa de menos una mayor
cohesión entre los ingredientes de la fórmula... y cuánto
se echaría de menos a Billy Bob Thornton si no estuviera
presente en esta película, porque no es que la salve, es
que él y su composición de este personaje son la
película.
Calificación:
6.5

Imágenes
de El hombre que nunca estuvo allí - Copyright © 2001
Working Title Films. Todos los derechos reservados.
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hombre que nunca estuvo allí"
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© 2001 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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