CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
El fascinante universo de
Wong Kar-Wai
Un aviso
antes de empezar: cualquier análisis, estudio, reseña o
co-mentario crítico que quiera hacerse de este monumental
experimento cinematográfico está condenado de antemano a
quedarse corto, no porque "2046" sea de una especial complejidad
o por la amplia varie-dad de aspectos que merecería la pena
analizar con detalle y sobre los que aquí vamos a pasar casi de
puntillas por razón de espacio, si-no más bien por su peculiar y
doble condición. Por un lado, "2046" no es un proyecto normal en
el sentido usual del término, sino que es un film que se llevó a
cabo de forma paralela al rodaje de la anterior pelí-cula de su
realizador, esa obra maestra llamada "In the mood for love
(Deseando amar)" con la que guarda íntima relación sin que
tampoco pueda considerársela una secuela –también en el sentido
usual del término–. Ampliando ese concepto, "2046" es algo así
como la pelí-cula en la que confluyen todos los elementos que
han marcado la filmografía de Wong
Kar-Wai, una especie de opera fin de tra-yecto donde
las historias, las claves y los destinos de algunos perso-najes
que han poblado sus anteriores films aparentan llegar a término.
Sin embargo, y este es el segundo aspecto a tener muy en cuenta
(y mucho más determinante), "2046", pese a ese esfuerzo
compilatorio, tiene todo el aire de obra inacabada que su autor
ha remontado una y otra vez a lo largo de los últimos cinco
años, probablemente siguiendo su propia máxima de que el único
tiempo que merece la pena vivirse es el presente, ese presente
condenado a escurrirse de entre los de-dos de sus personajes
continuamente y convertirse en pasado inalcan-zable y a la vez
deseo del futuro que impide su concreción definitiva. La siempre
eterna búsqueda que viven sus personajes también parece ser casi
eterna para su autor.
"2046" se articula alrededor del perso-naje de Chow Mo Wan (Tony
Leung), el protagonista masculino de "In the mood for
love (Deseando amar)", al que ahora reencontraremos en distintas
etapas de su vida posteriores a aquella frustrada e intensa
historia de amor que vivió con Su Li Zhen (Maggie
Cheung), la única mu-jer a la que verdaderamente ha
amado y cuyo recuerdo le persigue y determina to-das sus
relaciones posteriores con hasta cuatro mujeres que representan
otras tantas idealizaciones de lo femenino que sólo servirán
para confirmarle lo que en el fondo ya sabe. Aparentemente, este
Chow Mo Wan es muy distinto del que conocimos en "In the mood
for love (Deseando amar)": la timidez y el recato han dejado
paso a una monumental máscara de cinismo que esconde las
terribles heridas emocionales dejadas por su relación con Su Li
Zhen que le cambió para siempre. Mo Wan se ha convertido aquí en
una especie de play-boy despreocupado, un narcisista
conquistador al que no le falta nun-ca compañía femenina pero
que vuelve una y otra vez a ese pasado inaprensible en busca de
las sensaciones perdidas. Prueba de ello es ese escenario
futurista con el que se abre la película, con ese tren en el que
sus ocupantes se dirigen a un mítico lugar llamado 2046 en busca
de los recuerdos perdidos, que luego descubriremos no es sino un
relato que el propio Mo Wan escribe basándose en sus propias
ex-periencias, deseos y anhelos perdidos... un tren que corre
hacia el fu-turo para encontrarse con el propio pasado, perfecta
metáfora de toda la obra, un espacio de la mente del que nadie
vuelve nunca, así como nadie puede nunca escapar de sus propios
y doloridos recuerdos de amores no correspondidos u
oportunidades perdidas, la eterna frustra-ción del amor y el
deseo.
Seremos
pues testigos de nuevas evocaciones del pasado de Mo Wan, aunque
no tienen como objeto la historia que se narraba en Hong Kong de
"In the mood for love (Deseando amar)", sino episodios
posteriores con ese retorcimiento del tiempo y el espacio que
son tan del gusto de Wong Kar-Wai, que nunca pretende
confundir, sino resaltar que mucho más importante que la
narrativa lineal con-vencional es el viaje emocional de su
protagonista, al que vere-mos sucesivamente primero ser
abandonado por una misteriosa mujer (que no por azar tiene el
mismo nombre, Su Li Zhen, que Maggie Cheung en "In the mood for
love [Deseando amar]"), una jugadora pro-fesional interpretada
por Gong Li que no es sino
la manifestación más cerebral de la identidad femenina, que se
dará perfecta cuenta de que representa el fantasma de lo
recientemente perdido por Mo Wan; re-cuperar brevemente una
antigua relación amorosa con la bailarina Lulu/Mimi (Carina
Lau, que ya hacía este personaje en "Days of being
wild", la segunda película de Wong Kar-Wai, en la que también
aparecía por primera vez Chow Mo Wan); vivir en el presente una
inten-sa pasión sexual con la ocupante de la habitación 2046 de
su hotel, contigua a la suya, Bai Ling (una impresionante
Zhang Ziyi) que se enamorará
perdidamente de él; y ayudar a la hija del dueño de ese ho-tel
donde se aloja, Wang Jing Wen (Faye
Wong) a cumplir su sueño romántico de encontrarse con
su enamorado japonés y, de paso, servir de inspiración para ese
relato futurista directamente inspirado en ellos donde
descubriremos a la androide más humana vista en una pantalla
desde los tiempos de "Blade runner". Y sobre el desarrollo de
sus rela-ciones con estas cuatro mujeres planea siempre la
pesada sombra de la ausencia de aquella relación pasada con la
primera Su Li Zhen.
Todo esto, que así narrado parece un maldito embrollo, está
plasmado con tal inteligencia, elegancia y sensibili-dad que el
espectador no puede sino dejarse seducir por el fascinante
uni-verso de los sentimientos que Wong Kar-Wai pinta en la
pantalla con su reconocible y sin embargo inimitable estilo:
una puesta en escena indescripti-ble que juega constantemente
con el fue-ra de campo, superpone unas historias con otras,
mezcla planos ralentizados con otros en los que se nos
escamotean los rostros de los protagonistas, tomados de espaldas
a la cámara o marginados en una esquina del encuadre. Por encima
de todo, Kar-Wai mantiene una endiablada habilidad para mantener
la atención del espectador sobre el más mínimo detalle de cuanto
está desarrollándose delante de sus ojos. Uno no puede perderse
en la fascinación que le produce un plano, la vibración interior
que consigue la inclusión de una música o el sentido de la
composición artística de su director, porque corre el riesgo de
perder información valiosísima para comprender detalles que van
a surgir con posterioridad en el metraje. Como si de un
malabaris-ta se tratara, Kar-Wai mantiene en perfecto equilibrio
los hilos que conforman el delicado tapiz al que está dando
forma: por momentos, uno tiene la sensación de estar perdiendo
la visión de conjunto, guiado en una dirección determinada por
el autor, pero sin embargo siempre se vuelve una y otra vez al
tapiz, al sutil entramado de interrelaciones entre los
personajes, o más bien cabría decir entre el personaje central
de Tony Leung y todos aquellos que le rodean, y siempre con ese
ele-gante sello personal que seduce y fascina de manera
incomprensible racionalmente, pero que apunta de forma certera
al interior de noso-tros, pulsando teclas y cuerdas de cuya
existencia a veces ni siquiera somos conscientes.
"2046"
habla del amor, por supuesto, pero más que del amor habla de la
memoria, de la necesidad de tener un lugar donde guardar o
esconder recuerdos, pensamientos, frustraciones, de-seos
inconfesables, sueños y esperanzas. Desde ese punto de
vis-ta es imprescindible no sólo haber visto, sino tener bien
fresca en la memoria "In the mood for love (Deseando amar)" (no
aspiramos ya a la obra anterior del cineasta, parte de la cual
ni siquiera se ha estrenado en España) para captar en toda su
complejidad la impresionante pro-puesta de este autor con
mayúsculas al que algunos acusan bastante injustamente de estar
revolcándose en su propio estilo o de ejercer gratuitamente la
pedantería, sin entender que, una vez vista "2046", "In the mood
for love (Deseando amar)" y ésta guardan una relación
indi-soluble de tal forma que, por mucho que ambas puedan
disfrutarse por separado, "2046" envuelve en su sutil capa a la
primera, complemen-tando por oposición el mismo mensaje. Donde
"In the mood for love (Deseando amar)" era todo sugerencia y
ausencia de contacto, "2046" no escatima sexualidad más o menos
explícita y concreción del deseo (a ese respecto, es de destacar
el impresionante trabajo de la hermo-sa Zhang Ziyi, que enamora
en una composición atrevida, llena de riesgos que sortea con
habilidad); donde "In the mood for love (De-seando amar)" era la
búsqueda infructuosa de la realización de un amor imposible,
"2046" es la búsqueda infructuosa de recuperar un sentimiento
igual de intenso que el que se vivió en algún momento del
pasado. Y así sucesivamente. También podría decirse que "2046"
es una película sobre las promesas, sobre cómo podemos, en
nuestra vana ilusión, pretender que las cosas puedan permanecer
invariables, sin cambios, durante toda una vida, ese deseo tan
humano de capturar un momento imborrable y tratar de preservarlo
para siempre. Podrían decirse tantas cosas…
Por ejemplo, sería injusto no hacer una mínima referencia a la
exquisita banda sonora de la película, una obra excepcio-nal y
coherente con las influencias más claramente perceptibles del
cineasta: en ella se dan cita, además de las inevita-bles y
suntuosas composiciones del ha-bitual
Shigeru Umebayashi (que crea otro tema central
inolvidable de gran be-lleza), piezas de
Zbigniew Preisner compuestas
para Kieslowski, de Geor-ges Delerue
para Truffaut o de Peer Ra-ben
para Fassbinder; mezcladas con los temas clásicos que forman
parte de la memoria histórica del propio Wong Kar-Wai (la
Canción de Navidad de Nat King Cole,
Perfidia de Xavier Cugat,
Sway de Dean Martin), el
Adagio de Secret Garden o el mara-villoso aria Casta Diva de la
opera Norma de Bellini, una
sinfonía de sonidos que se adaptan como un guante al lenguaje
cinematográfico del director hasta hacerse indisoluble de sus
imágenes. El cine de Wong Kar-Wai se proyecta en la memoria del
espectador siempre acompañado de su inseparable banda sonora.
Tenemos
que sentirnos dichosos de que el cine cuente con un autor tan
excepcional como Wong Kar-Wai, creador de un uni-verso personal,
magnético, en el que el presente está permanente-mente
atrapado y condicionado por ese pasado al que se intenta
re-gresar una y otra vez de manera imposible y al que siempre se
volverá en el futuro, en un eterno retorno, un laberinto lleno
de hipnóticas imá-genes por cuya belleza nos dejamos arrastrar y
seducir sin que nues-tra consciencia tenga mucho que decir al
respecto mientras las distin-tas historias de amor y
desencuentros que vive el protagonista se su-perponen y se miran
en un frenético juego de espejos inagotable en el que tiene
capacidad para reconocerse cualquier espectador que algu-na vez
haya amado o haya sido amado. Es decir, todos nosotros.
Calificación:
    
Imágenes
de "2046" - Copyright © 2004 Block 2 Pictures,
Paradis Films y Orly Films. Distribuida en España por Araba
Films. Todos los derechos
reservados.
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