49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

2046


Dirección y guión: Wong Kar-Wai.
País:
China.
Año: 2004.
Duración: 120 min.
Género: Drama romántico.
Interpretación: Tony Leung (Chow Mo Wan), Gong Li (Su Li Zhen), Takuya (Tak Kimura), Faye Wong (Wang Jing Wen), Zhang Ziyi (Bai Ling), Carina Lau (Lulu/Mimi), Chang Chen (CC 1966), Wang Sum (Sr. Wang/Jefe del tren), Siu Ping Lam (Ah Ping), Maggie Cheung (SLZ 1960), Dong Jie (Wang Jie Wen).
Producción: Wong Kar-Wai.
Música: Peer Raben y Shigeru Umebayashi.
Fotografía:
Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung.
Montaje: William Chang Suk-Ping.
Diseño de producción: William Chang Suk-Ping.
Dirección artística: Alfred Yau Wai Ming.
Vestuario: William Chang Suk-Ping.
Estreno en España: 26 Noviembre 2004.

CRÍTICA por Tònia Pallejà

El punto 2046 en las coordenadas amor-tiempo

  El masoquismo del ser humano es insorteable. Durante toda la vida somos esclavos de lo que pudo ocurrir y nunca fue, tan mendigos de los recuerdos como vasallos del olvido. Wong Kar-Wai, cazador del instante fugaz, de la pasión maldita que surge atrapada entre un pasa-do imperfecto y un futuro imposible, nos cuenta esto y bastante más en “2046”; quizás nada que no supiéramos ya, pero los relatos de este cineasta natural de Shanghai, no por sutiles menos directos, siempre estallan como revelaciones mágicas, igual que esos secretos que, co-mo él mismo no se cansa de repetirnos, se susurran en el agujero de un árbol para posteriormente ser enterrados bajo el barro.

  El nuevo trabajo de este autor irreemplazable, de talento intuitivo y meticulosidad enfermiza, puede ser entendido como una continuación, temporal y evolutiva, de su anterior film, la excepcional “In the mood for love (Deseando amar)”, cuya filmación discurrió en paralelo a ésta; en realidad, dos manos cuyos dedos se entrelazan para complementarse hasta la disolución de las fronteras, por lo que no resulta recomenda-ble acercarse a la más reciente sin conocer sus precedentes. Pero el presente largometraje es también el espacio interior en el que se dan cita las figuras y motivos de su entera filmografía —estrenada de ma-nera limitada, incluso anecdótica, en España—, obsesiones que amueblan ese universo personal, hipnótico, perturbador, al que uno se asoma con el pudor de pisar en existencias ajenas y la convicción de contemplar su propio retrato.

  Persecución estéril de lo huidizo, de aquello ya superado en cronología pero no en cuanto a equilibrio interior, “2046” trata de los demonios que habitan ese territorio compartido por el amor y la memoria, de una realidad senti-mental que, como notas musicales, pre-cisa de un tiempo concreto para distri-buirse y hacerse oír, fuera del cual alte-raría la melodía completa y carecería de sentido. El tímido, prudente y delicado Chow Mo Wan (Tony Leung) de “In the mood for love (Deseando amar)”, visible-mente tocado por su frustrada relación con Su Li Zhen (Maggie Cheung), se ha convertido con el paso de los años en un mujeriego cínico y descarado que, entregado a la bebida y al juego, busca compañía femenina pero, según sus propias palabras, sólo está dispuesto a comprarla al por menor, sin compromisos ni implicaciones emocionales que repitan su sufrimiento. Chow no ha abandonado su anodino trabajo en el periódi-co, aunque también en las ficciones que escribía se ha producido un cambio simultáneo: ya no son las novelas de artes marciales las que lo ocupan, sino historias de sexo bien pagadas y de dudosa calidad. Y es que a la contención y sobriedad erótica que presidían “In the mood for love (Deseando amar)”, ha venido a substituirlas una carnalidad mu-cho más explícita de placeres desatados.

  El título de la película hace referencia a la habitación del hotel donde, en el pasado, acordaron encontrarse Su Li Zhen y Chow; cuatro pare-des, ahora contiguas a la suya, por las que desfilarán diferentes muje-res, sustitutas parciales de aquélla. Porque en esa búsqueda infruc-tuosa de la mujer que reemplace los recuerdos del amor de su vida, Chow halla a Su Li dividida en tres: el cuerpo —Bai Ling (Zhang Ziyi, habitual en los films del director chino Zhang Yimou), una joven impul-siva, dispuesta a cobrarse, que se enamora irremediablemente de él—, la mente —Wang Jing Wen (Faye Wong), la sensible hija del dueño del hotel, y escritora aficionada, a la que Chow ayuda en su relación con un novio japonés que cuenta con la oposición del padre, como si con ello expiara culpas y saldara cuentas pendientes— y el nombre —otra Su Li Zhen (Gong Li, la antigua musa y compañera de Yimou), tahúr profesional apodada “La araña negra”, quizás la más consciente de su ingrato papel en la función— , todas ellas marcadas por la fatali-dad y ninguna de las cuales logrará satisfacer lo imposible: que Chow recupere aquello que quedó tan atrás. Tres capítulos —al que cabe agregar el estelarizado por la madura bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau)— pautados por la Nochebuena de años consecutivos, fechas és-tas de las Navidades que, como bien sabe Charles Dickens, se pres-tan mejor que ninguna otra a la visita de fantasmas pretéritos que ahu-yenten la soledad.

  Asimismo, “2046” es el título del relato futurista que Chow está es-cribiendo, cuya acción transcurre, precisamente, en ese mismo año. En esta segunda ficción, trasunto de la primera, los protagonistas via-jan sin retorno, a bordo de un tren ultramoderno, hacia un tiempo que promete haber conservado intacta la memoria, caso de ese joven nipón (Takuya Kimura) que persigue en una androide de reacciones retar-dadas lo mismo que anhela Chow, con idénticos resultados.

  De este modo paralelo, va cobrando forma la paradoja que empuja a los personajes a huir hacia el futuro para reencontrar un pasado ideali-zado que nunca volverá. Amor y tiempo como dos coordenadas invisi-bles que marcan el destino —uno, determinado e irrepetible— y se cruzan en ese número mágico —estancia de hotel, emplazamiento en la ficción literaria, morada de recuerdos—.

  Toda esta maraña de episodios vitales y tormentas sentimentales, llevados con parejo tacto y expresión por los actores principales, se transforma, a efectos prácticos, en un puzzle argumental de círculo cerrado, conducido por la voz en off de su protagonista masculino, que a menudo se desliza atrás y adelante en el tiempo, y donde el plano real convive con la fabulación. Pero a pesar de su apa-rente complejidad conceptual, “2046” discurre con la misma solidez y cla-rividencia que el material del que se nutre, el idioma de las emociones. La película exhibe la solución estilística que ya empleara en “In the mood for love (Deseando amar)”, de un precio-sismo estético fascinante. Y es esa caligrafía de Wong Kar-Wai, intrín-seca y tan reconocible, la más apropiada para desmigajar los porme-nores del amor y sacar a la luz las dobleces del corazón. Su narra-ción, con el falso aspecto de una improvisación musical, de borrador de un proyecto inacabado, tan pronto ahonda en el detalle tangencial como se recrea en lo pasajero, consciente como es de que lo impor-tante no tiene por qué ser obvio y de que lo parcial es tan válido como el conjunto. Esto se traduce en sus acostumbrados e insinuantes fue-ra de campo, en los encuadres donde los personajes aparecen solita-riamente descentrados o en esas escenas ralentizadas que pretenden congelar inútilmente el tiempo, siendo su dominio del ritmo y la com-posición, una lección magistral de las posibilidades que esconde el lenguaje cinematográfico.

  Al de Hong Kong le gustan los pasillos estrechos llenos de puertas de las casas de huéspedes, que propician el cruce de desconocidos; los espejos y marcos que ejercen de guillotina; los callejones noctur-nos con esquinas de paredes desconchadas que invitan a apoyar la espalda; la lluvia que parece precipitarse desde las farolas; las volutas de humo ascendiendo hasta perderse contra el techo; los pies femeni-nos que danzan como si tuvieran vida propia.... Gestos, roces, retales; coreografías y espacios con los que levanta una arquitectura de lo efí-mero, caricia sobre la herida cotidiana con guantes de seda.

  Así, a esa primera piel hecha con las manifestaciones del alma, se suma una segunda capa, sucesión de imágenes exquisitas que la fo-tografía de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung arro-pa de nuevo, en ese tapiz con sello propio donde el rojo, el verde y el ámbar tienen adjudicado un puesto de honor. Y a este envoltorio vi-sual, se añade una tercera textura, compuesta por el terciopelo de cuerdas, vocales o instrumentales, que conforman su banda sonora —otro tema principal de Shigeru Umebayashi rotundo e imborrable, y un puñado de canciones tan atemporales como la historia misma, en-tre las que destacan “Siboney” de Xavier Cugat, “Perfidia” de Alberto Domínguez, “Sway” de Dean Martin, “The Christmas Song” de Nat King Cole, o el “Casta Diva” de la “Norma” de Vinenzo Bellini—. Di-ferentes pelajes indisolubles que constituyen una única epidermis.

  El resultado, engañosamente casual pero preciso en su construcción, es un sublime revulsivo para el espíritu, extraor-dinario en su belleza, elegante en sus maneras y agitador por su exótica proxi-midad. En “2046”, sentido y sensibili-dad se abrazan para dar cobijo a una visión descarnada, pesimista, exte-nuante de nuestra naturaleza román-tica, es decir, espantosamente real. Resaca, íntima e intimista, de ideas y vi-vencias, revisitación propia y ajena donde la sombra de lo perecedero es más alar-gada que nunca, a lo que hace Wong Kar-Wai la etiqueta de película se le que-da corta. Sus trabajos son siempre experiencias demoledoras, porque acarician sentidos y muerden sentimientos. Si su cine gusta, no se aprecia, se adora. Lo dicho, el masoquismo del ser humano es insor-teable.

Calificación:


Imágenes de "2046" - Copyright © 2004 Block 2 Pictures, Paradis Films y Orly Films. Distribuida en España por Araba Films. Todos los derechos reservados.

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