49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

22 23 24 25 26 27 28 29 30


CRÓNICA DEL VIERNES 22 DE OCTUBRE


El turista accidental

"Luna de Avellaneda" - Copyright © 2004 Alta FilmsDavid Garrido BazánValladolid Asistir a un Festival de Cine no es exactamente como uno se lo imagina desde la distancia. Para empezar, uno piensa que, por el simple hecho de estar acreditado, con su correspondiente pase de prensa, la mayor parte de los problemas de tipo logístico están solucionados. ¡Ja! No sabéis lo divertido que puede llegar a ser ese maravilloso momento en el que uno acude con toda la ilusión del mundo a recoger ese imprescindible documento (y, de propina, un buen montón de publicaciones del festival, libracos, planos, guías y programaciones varias que, indefectiblemente, acabas arrastrando por donde quiera que vas)... y cae en la cuenta de que, oh maravilla, las acreditaciones son como los lacasitos, de muchos y variados colores. La cosa deja de tener su gracia y empieza a ser inquietante cuando, por supuesto, ese código de colores refleja tu ‘categoría’ como periodista acreditado, suponemos que en función del prestigio adquirido, de la importancia del medio o del número de redactores del mismo. Mi venerado pase no me permitía acceder a las películas de la sección oficial del Festival (que, por cierto, son del orden de 22, aunque sólo 17 a concurso) hasta un día después de su estreno matinal en el Teatro Calderón, con lo que uno de repente se ve atrapado en una curiosa paradoja ¿Para qué voy a acudir a las diversas ruedas de prensa posteriores a dichos pases sin haber visto la película? Tras unos segundos de angustia (y la magnífica colaboración tanto de mi compañero de fatigas, Julio Rodríguez Chico, dispuesto a un generoso intercambio de acreditaciones, como de la Organización de la Seminci que, con el lío que tenían montado hoy tenían todo el derecho del mundo a mandarme a la porra y no lo hicieron, hecho que les honra) todo se resolvió felizmente y uno puede, de pronto, sentirse periodista cinematográfico de primera clase... sea lo que sea lo que eso signifique.

Valladolid es una ciudad acogedora (cuando no hace demasiado frío) y la cercanía entre el centro neurálgico del festival, el Teatro Calderón, y los Cines Roxy donde también hay algún que otro pase de prensa de las películas de la Sección Oficial (y todas las de Punto de Encuentro, la estimulante sección paralela, que tiene otros 16 largometrajes nada menos) promete proporcionar cierto respiro al corresponsal entre película y película, lo que no deja de ser una ayuda ante la avalancha de los próximos días. De momento, la jornada inaugural se ha tomado con cierta calma. "Luna de Avellaneda", último trabajo de uno de los niños mimados de este festival, el director argentino Juan José Campanella –que en su momento ya estrenó aquí tanto "El niño que gritó puta" (Premio de Interpretación Masculina), "El mismo amor, la misma lluvia" (Premio de la Juventud) y la muy exitosa "El hijo de la novia" (Espiga de Plata)–, era a priori una apuesta segura y lógica para el arranque de un Festival que apuesta en su Sección Oficial por una mayoría de títulos de autores ya consagrados como Wong Kar Wai, Kim Ki Duk, Amos Gitai, Ken Loach, John Boorman, Emir Kusturica o Theo Angelopoulos por encima del riesgo, presente pese a todo en alguna obra de autor o autora desconocida presta a la sorpresa.

Ricardo Darín en "Luna de Avellaneda" - Copyright © 2004 Alta Films"Luna de Avellaneda", decíamos, era una apuesta segura y, como tal, no defraudó. Campanella sigue contando con su mismo equipo tanto técnico como artístico para hablar desde un punto de vista tan nostálgico como humano de las cosas que le preocupan de su país. En esta ocasión, Campanella se centra en un club deportivo y social de los que tenían un enorme éxito y popularidad en los felices años cincuenta (el del título de la película) y nos muestra su precaria situación actual, en la que un puñado de voluntariosos tipos criados desde la infancia allá tratan de sacarlo adelante, mientras sus vidas personales, acogotadas por la enorme crisis económica que les rodea a todos, se desliza lentamente hacia la miseria más absoluta. Lo bueno que tiene Campanella es que su mirada (y la de su imprescindible guionista y cómplice) siempre sabe conjugar un irónico y a veces trágico, pero siempre divertido, sentido del humor para hablar de estas cosas que son tan serias. Y apelando a la complicidad del espectador desde una estructura dramática que, aunque rodea al omnipresente Ricardo Darín de más personajes y situaciones, no se mueve mucho de la reconocible fórmula, mezcla impecable de sentimientos cercanos y clara denuncia social, que le ha reportado tanto éxito con "El hijo de la novia". El resultado es una película muy agradable de ver, que se pasa en un suspiro pese a su excesiva duración y a la que no le falta cierto aire reivindicativo, en el que se nota el idealismo irreductible tanto de su director como de su productor Gerardo Herrero (hay algún que otro momento en el que uno cree reconocer la mano del director de "Las razones de mis amigos" o "El principio de Arquímedes") y que se articula en una obra en la que brillan con luz propia la fluidez y la naturalidad de algunos afilados diálogos y situaciones (sobre todo las que atañen a ese todo terreno del papel secundario, especialista en ser ‘el amigo de’ que es Eduardo Blanco) y la espléndida interpretación de Ricardo Darín, tan excelente como acostumbra. Sin embargo, queda en la mente del espectador ese regusto de lo ya visto anteriormente (y mejor) aunque también es verdad que esta última obra de Campanella parece cerrar un ciclo: si "El mismo amor, la misma lluvia" era una película sobre un individuo y "El hijo de la novia" superaba ese círculo para hablar de la familia, "Luna de Avellaneda" es una obra con clara vocación social, orientada a la reivindicación del concepto de comunidad como única (y casi inexistente) salvación en estos tiempos de egoísmo visceral en el que la consigna «si queremos salvarnos, tenemos que salvarnos todos juntos» suena tristemente desfasada y hasta irreal. Pero está bien recordarla de vez en cuando, siquiera como referencia vital.

Eduardo Blanco en "Luna de Avellaneda" - Copyright © 2004 Alta FilmsLa rueda de prensa posterior al pase de prensa tenía, o al menos a mí así me lo pareció, un aire un tanto frío que ni siquiera la buena disposición de Campanella o las bromas de Eduardo Blanco pudieron disipar. Aunque bien pudiera ser debido a la falta de algunos medios aún no acreditados, flotaba en el aire la sospecha de que la película había gustado pero no apasionado o conmovido a los periodistas. A la pregunta de un compañero sobre si la película había tratado de «analizar poéticamente un imposible» Campanella mostró una noticia del diario Clarín en la que se narraba que directivos de diversos clubes deportivos y sociales argentinos, inspirados por la película, habían resuelto unir sus fuerzas en un intento de devolver a los mismos su antiguo esplendor como contundente respuesta. Entre bromas sobre la más que evidente compenetración del equipo («antes que nada, somos amigos de mucho tiempo»), anécdotas de rodaje varias, las preguntas a Eduardo Blanco sobre un futurible papel de protagonista («Tenés una parte como representante si me lo conseguís ya») y el reconocimiento al estupendo trabajo de un felizmente recuperado José Luis López Vázquez (que dispone de un par de secuencias de lo más inspirado), se pasó un poco de puntillas sobre el inevitable juego de comparaciones que va a hacerse entre este último trabajo y "El hijo de la novia" en cuanto la película llegue a los cines («No somos conscientes de seguir ninguna fórmula preestablecida») para elucubrar sobre el curioso hecho de que "Luna de Avellaneda" represente a Argentina en la candidatura al Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla Española mientras que "El abrazo partido" de Burman será la candidata al Oscar® a la Mejor Película de Habla No Inglesa que, entre risas, los miembros del equipo achacaron a «cosas de la nueva Academia Argentina de las Artes y las Ciencias Cinematográficas» de reciente creación. «Tan reciente que aún nos estamos preguntando qué es eso de las artes o las ciencias en esto del cine». De lo segundo no sé, pero de lo primero espero tener algunas muestras en los días venideros en una Seminci que se presenta apasionante. Por lo pronto, mañana veremos "Tierra prometida", el último trabajo del cineasta israelí Amos Gitaï (a quien el festival dedica una interesante retrospectiva a la que, prioridades obligan, no podremos acudir, como ocurre igualmente con otras secciones interesantes como Tiempo de Historia, dedicada al género documental), una película danesa llamada "En tus manos", de Annette K. Olesen, el esperado trabajo de Jim Jarmusch "Coffee and cigarettes" (fuera de concurso) y "La vida es un milagro", de Emir Kusturica. Casi nada.
 


Suscribe tu correo y recibe gratis los boletines de La Butaca:

Copyright © 2004 LaButaca.net - Revista de Cine. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.