49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

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CRÓNICA DEL DOMINGO 24 DE OCTUBRE


El fracaso de José Luis García Sánchez, los divertidos excesos de Kusturica y el amor sin palabras de Kim Ki-duk

David Garrido BazánValladolid Y al tercer día... la lluvia hizo su aparición. De forma algo tímida, eso sí, pero eso no pareció arredrar ni al público ni a los periodistas acreditados (o no) que, debe de ser por aquello de que hoy era domingo, proliferaron como setas por todas partes, invadiendo todos los ámbitos del festival. Habrá quién piense que así es mucho mejor, porque hay un mejor ambiente y tal... pero eso es hasta que uno tarda tres veces más de lo habitual en que le sirvan un café o una cervecita... o las entradas para el público se agotan tres veces más rápido, por no mencionar que las colas de acceso a las salas son tres veces más largas. Y dirán ustedes: pero eso el público normal, porque ustedes, los privilegiados acreditados, no sufren esos problemas... y no les falta razón, pero tenemos otros: encontrar no ya un asiento sino un simple lugar desde el que ver algo en una rueda de prensa inusualmente abarrotada en el por suerte amplio Salón de los Espejos del Teatro Calderón, un ordenador libre en la sala de prensa o que no te toque ese temido asiento de la esquina maldita en un pase de prensa igualmente lleno hasta los topes de forma inhabitual. Gajes menores del oficio.

«Estaba harto de hablar de dinero a la hora de hacer una película» proclamaba orgulloso a un buen montón de periodistas el director José Luis García Sánchez en la rueda de prensa de "María querida". «Siempre teniendo que pensar en el éxito comercial de la película, en cuánto dinero hará en taquilla, si será rentable», el director se estaba calentando a ojos vista. «Así que, cuando me ofrecieron este proyecto, y siguiendo el espíritu de la obra de María Zambrano, me dije: Voy a hacer un fracaso. Un fracaso como es todo en la vida, como es este festival, como somos nosotros los españoles, que somos tal fracaso que tenemos cara de actores secundarios», aquí ya estaba definitivamente crecido. «Y he querido compartir este fracaso con todos vosotros» y la sala, por supuesto, no pudo hacer otra cosa que prorrumpir en aplausos y vítores varios, reconociéndose ampliamente en la definición.

Hombre, ciertamente "María querida" dista de ser un fracaso, pero hay que decir que la única película española de la Sección Oficial a concurso tampoco pasa de ser una obra más o menos correcta que interesa mucho más por lo que podría haber sido o por su parte documental que por la obra de ficción que finalmente han decidido hacer. El proyecto de hacer una película basada en la escritora y filósofa María Zambrano, producido por la Junta de Andalucía, Canal Sur y Paco Lobatón, está lleno de buena voluntad y es de apreciar cierto sentido del riesgo porque, como dice el productor que encarna en la película Juan Diego, «¿Quién va a ir a ver una película con una vieja contándote durante dos horas lo cojonudo que es el fracaso?», definición ésta un tanto desmesurada, eso sí, para una película que apuesta por hacer accesible para el gran público un personaje tan desconocido para el gran público y a la vez tan sumamente interesante como esta escritora de vida fascinante que fue la primera mujer en ganar el Premio Cervantes. La obra pretende ser, a través de la figura de María Zambrano, un sentido homenaje a toda esa generación de mujeres cuyas carreras incipientes y pioneras en muchos casos en los más diversos campos reservadas hasta entonces a los hombres se vieron truncadas con la Guerra Civil y su posterior diáspora (tema éste que desde luego da para hacer un muy interesante documental) y que hicieron posible en su momento, con su ejemplo, muchos de los logros alcanzados por la mujer en épocas muy posteriores a la de la República. Para ello, José Luis García Sánchez y Rafael Azcona construyen un artificio narrativo en el que el personaje de María Botto, una frustrada técnica de televisión, encuentra la inspiración para, a través de un proyecto sobre la vida de Zambrano, encontrar un nuevo sentido a su vida y una nueva fuerza, curiosamente, un poco en la misma línea de lo que le ocurría a Ariadna Gil en otra película en la que también estaba María Botto, "Soldados de Salamina", aunque sus personajes sean diferentes.

Pilar Bardem está espléndida en una caracterización impecable y, aún más importante, en un trabajo de composición que la obliga a lidiar con unos textos imposibles, sacados directamente de los libros de la escritora, lo que provoca que la película sea a ratos demasiado discursiva (como acertadamente denuncia Juan Diego en otro pasaje de la película, convertido en involuntario portavoz de lo que pensaba parte del público). Lo que se cuenta relacionado con la vida de María Zambrano es muy interesante; la ficción incorporada alrededor del personaje de María Botto, pues francamente no. Así que la película queda fatalmente desequilibrada, aunque puede que sí consiga su objetivo de interesar a muchos en la figura de María Zambrano y lo que representa todavía para muchas mujeres. Como dice el propio director, «a mí lo que me gusta de esta película es lo sonrientes que veo a todas estas mujeres que hoy nos acompañan. Sólo por eso merece la pena haberla hecho». Sí, de acuerdo, pero...

Emir Kusturica, mientras tanto, sigue a lo suyo. Y lo suyo es hacer películas surrealistas, divertidas, cantos al disfrute colectivo de la vida al ritmo de la pegadiza y contagiosa música de su grupo de los Balcanes, la Non Smoking Orchestra. "La vida es un milagro" (Zivot je cudo), un título que es toda una declaración de principios del realizador, es más de lo mismo que ya nos ofreció en "Gato blanco, gato negro" o la aún insuperada "Underground", o sea, un mínimo entramado argumental que le permita poner en imágenes todo lo que le bulle en la cabeza, por disparatado, ridículo o brillante que sea. A mi me gusta mucho esa concepción de la vida que tiene kusturica y reconozco que su sentido del humor me resulta contagioso, lo que me lleva a salir de sus películas con una sonrisa de oreja a oreja. De buen rollo, que se dice. Pero eso no me impide darme cuenta de que Kusturica se repite una vez más, que 154 minutos son a todas luces demasiados para una historia que no da para tanto y a la que le sobran algunas escenas pasadas de rosca y que su mezcla de comedia desmadrada con algún que otro elemento de lo más dramático no siempre funciona todo lo bien que sería deseable.

Claro que todo esto a Kusturica se la trae bien floja, hablando mal y pronto. Él lo que quiere es poder meter en su película a un mulo terco, depresivo y con tendencias suicidas que le llevan indefectiblemente a bloquear la vía del tren, una desquiciada ex cantante de ópera siempre al borde de la locura que se pone a cantar cosas delirantes en los momentos menos apropiados, un gato y un perro que roban escenas a todo el mundo en cuanto aparecen en pantalla y hasta unas vías de tren llenas de cocaína que van siendo esnifadas por los ocupantes del tren que los recorre a velocidad mínima. Y mucha, muchísima música. La historia de ese ingeniero bosnio buenazo que construye un tren en la frontera serbio-bosnia en los meses previos a la guerra al que su mujer abandona por un húngaro hortera, cuyo hijo es reclutado por el ejército bosnio para la guerra y posteriormente secuestrado por el bando serbio, y que finalmente reencuentra la felicidad perdida por un milagro en forma de enfermera musulmana y serbia que acaba en su casa en plena guerra es lo de menos: lo importante es que siga la juerga y que los espectadores sigan celebrando la vida a tope. Eso sí, si hubiera en los Oscars® una categoría para animales, esa increíble y maravillosa mula, el gato que se come todo lo que pilla y la perra fiel y celosa coparían todas las nominaciones disponibles. "La vida es un milagro" que merece la pena ser celebrado, nos dice Kusturica, y en ello estamos, riéndonos con él. Aunque sus películas no sean ya tan redondas como las primeras. Ni falta que hace, por otra parte.

Lo mejor del día, no obstante, llegó al final. "Hierro 3" ("Bin-jip"), de Kim Ki-duk, es una de esas películas por las que merece la pena, por sí sola, venir a un festival de cine. El director de "La isla" y "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera" abandona sus ambientes acuáticos para contarnos, sin apenas palabras, una maravillosa historia de amor entre dos personajes cuanto menos curiosos. Uno es un tipo silencioso y extravagante que tiene por costumbre entrar en las casas de los demás cuando se asegura que éstos no están en ellas y, tras arreglar cuanto electrodoméstico averiado encuentra a su paso y lavar la ropa de sus ‘anfitriones’, disfrutar de la casa como si fuera suya para abandonarla intacta al día siguiente, sin llevarse nada. Ella es, claro, la inquilina de una de esas casas, que se queda fascinada con el comportamiento de su misterioso visitante hasta el punto de marcharse con él a compartir su modo de vida. Kim Ki-duk construye con este y otros mimbres un poema visual minimalista, esta vez lleno de sentido y emocionante en grado sumo, en el que llegas a comprender muy bien las motivaciones de esos dos seres a la deriva, victimas de un mundo que no les comprende ni lo hará nunca. El director consigue con su delicada y elaboradísima puesta en escena una multitud de pequeños momentos, mágicos algunos, plenos de sentido del humor otros, fascinantes todos ellos, que sirven para demostrar a los incrédulos que ni mucho menos está todo inventado en esto del cine, sino que aún hay autores con mayúsculas con voluntad de experimentar con lenguajes indiscutiblemente personales y conseguir resultados magníficos. El final de la historia, original en su concepción y brillante en su resolución, es de esos que cuesta, por hermosos, quitarse de la cabeza en mucho tiempo. De largo, es la mejor película que he visto en lo que va de Seminci y, a falta de ver "2046" de Wong Kar-Wai (que ha tenido una excelente acogida entre los profesionales de los medios), ha puesto un listón bastante alto para lo que queda de Sección Oficial.

Por de pronto, y obviando un poco la presencia fuera de concurso de "El mensajero del miedo" de Jonathan Demme, mañana os hablaré (espero) de "2046", de la película de Manuel Poirier "Caminos cruzados" (con Sergi López en el papel que en su día hiciera en otra versión de esta historia Antonio Resines en "Carreteras secundarias" de Emilio Martínez Lázaro) y de la japonesa "Nadie sabe" de Hirokazu Kore-eda (cuyo joven protagonista de 14 años ganó el Premio de Interpretación Masculina en Cannes). En el terreno puramente anecdótico, destacar tres nuevos cortos de la Sección Oficial a concurso: el canadiense "Mabel’s saga", que con una animación sencilla pero efectiva afronta con inteligencia y mucho sentido del humor el tema de la menopausia y arrancó una gran ovación del público en su pase de hoy; el holandés "Stop!", que trata del cine dentro del cine (y de más cosas hasta acabar en una más que curiosa banda de Moebius); y el sueco algo pasado de rosca dramática pero muy efectivo "Passing hearts", donde una omnipresente y cargante música de piano estropea un poco lo que podría haber sido una idea, si no muy original, sí algo interesante. A estas alturas hay que decir que el nivel mostrado por la Sección Oficial de Cortos es muy alto y digno de reseñarse, incluso por encima del nivel exhibido hasta ahora por los largometrajes. Pero hoy ya hemos visto cosas mucho mejores y somos optimistas de cara a los días que nos quedan por delante.
 


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