David
Garrido Bazán, Valladolid–
Y al tercer día... la lluvia hizo su aparición. De forma algo
tímida, eso sí, pero eso no pareció arredrar ni al público ni a
los periodistas acreditados (o no) que, debe de ser por aquello
de que hoy era domingo, proliferaron como setas por todas
partes, invadiendo todos los ámbitos del festival. Habrá quién
piense que así es mucho mejor, porque hay un mejor ambiente y
tal... pero eso es hasta que uno tarda tres veces más de lo
habitual en que le sirvan un café o una cervecita... o las
entradas para el público se agotan tres veces más rápido, por no
mencionar que las colas de acceso a las salas son tres veces más
largas. Y dirán ustedes: pero eso el público normal, porque
ustedes, los privilegiados acreditados, no sufren esos
problemas... y no les falta razón, pero tenemos otros: encontrar
no ya un asiento sino un simple lugar desde el que ver algo en
una rueda de prensa inusualmente abarrotada en el por suerte
amplio Salón de los Espejos del Teatro Calderón, un ordenador
libre en la sala de prensa o que no te toque ese temido asiento
de la esquina maldita en un pase de prensa igualmente lleno
hasta los topes de forma inhabitual. Gajes menores del oficio.
«Estaba
harto de hablar de dinero a la hora de hacer una película»
proclamaba orgulloso a un buen montón de periodistas el director
José Luis García Sánchez en la rueda de prensa de "María
querida". «Siempre teniendo que pensar en el éxito
comercial de la película, en cuánto dinero hará en taquilla, si
será rentable», el director se estaba calentando a ojos vista.
«Así que, cuando me ofrecieron este proyecto, y siguiendo el
espíritu de la obra de María Zambrano, me dije: Voy a hacer un
fracaso. Un fracaso como es todo en la vida, como es este
festival, como somos nosotros los españoles, que somos tal
fracaso que tenemos cara de actores secundarios», aquí ya estaba
definitivamente crecido. «Y he querido compartir este fracaso
con todos vosotros» y la sala, por supuesto, no pudo hacer otra
cosa que prorrumpir en aplausos y vítores varios, reconociéndose
ampliamente en la definición.
Hombre,
ciertamente "María querida" dista de ser un fracaso, pero hay
que decir que la única película española de la Sección Oficial a
concurso tampoco pasa de ser una obra más o menos correcta que
interesa mucho más por lo que podría haber sido o por su parte
documental que por la obra de ficción que finalmente han
decidido hacer. El proyecto de hacer una película basada en la
escritora y filósofa María Zambrano, producido por la Junta de
Andalucía, Canal Sur y Paco Lobatón, está lleno de buena
voluntad y es de apreciar cierto sentido del riesgo porque, como
dice el productor que encarna en la película Juan Diego,
«¿Quién va a ir a ver una película con una vieja contándote
durante dos horas lo cojonudo que es el fracaso?», definición
ésta un tanto desmesurada, eso sí, para una película que apuesta
por hacer accesible para el gran público un personaje tan
desconocido para el gran público y a la vez tan sumamente
interesante como esta escritora de vida fascinante que fue la
primera mujer en ganar el Premio Cervantes. La obra pretende
ser, a través de la figura de María Zambrano, un sentido
homenaje a toda esa generación de mujeres cuyas carreras
incipientes y pioneras en muchos casos en los más diversos
campos reservadas hasta entonces a los hombres se vieron
truncadas con la Guerra Civil y su posterior diáspora (tema éste
que desde luego da para hacer un muy interesante documental) y
que hicieron posible en su momento, con su ejemplo, muchos de
los logros alcanzados por la mujer en épocas muy posteriores a
la de la República. Para ello, José Luis García Sánchez y
Rafael Azcona construyen un artificio narrativo en el que el
personaje de María Botto, una frustrada técnica de
televisión, encuentra la inspiración para, a través de un
proyecto sobre la vida de Zambrano, encontrar un nuevo sentido a
su vida y una nueva fuerza, curiosamente, un poco en la misma
línea de lo que le ocurría a Ariadna Gil en otra película en la
que también estaba María Botto, "Soldados
de Salamina", aunque sus personajes sean diferentes.
Pilar Bardem está espléndida en una caracterización
impecable y, aún más importante, en un trabajo de composición
que la obliga a lidiar con unos textos imposibles, sacados
directamente de los libros de la escritora, lo que provoca que
la película sea a ratos demasiado discursiva (como acertadamente
denuncia Juan Diego en otro pasaje de la película, convertido en
involuntario portavoz de lo que pensaba parte del público). Lo
que se cuenta relacionado con la vida de María Zambrano es muy
interesante; la ficción incorporada alrededor del personaje de
María Botto, pues francamente no. Así que la película queda
fatalmente desequilibrada, aunque puede que sí consiga su
objetivo de interesar a muchos en la figura de María Zambrano y
lo que representa todavía para muchas mujeres. Como dice el
propio director, «a mí lo que me gusta de esta película es lo
sonrientes que veo a todas estas mujeres que hoy nos acompañan.
Sólo por eso merece la pena haberla hecho». Sí, de acuerdo,
pero...
Emir
Kusturica, mientras tanto, sigue a lo suyo. Y lo suyo es
hacer películas surrealistas, divertidas, cantos al disfrute
colectivo de la vida al ritmo de la pegadiza y contagiosa música
de su grupo de los Balcanes, la Non Smoking Orchestra. "La
vida es un milagro" (Zivot je cudo), un título que es
toda una declaración de principios del realizador, es más de lo
mismo que ya nos ofreció en "Gato blanco, gato negro" o la aún
insuperada "Underground", o sea, un mínimo entramado argumental
que le permita poner en imágenes todo lo que le bulle en la
cabeza, por disparatado, ridículo o brillante que sea. A mi me
gusta mucho esa concepción de la vida que tiene kusturica y
reconozco que su sentido del humor me resulta contagioso, lo que
me lleva a salir de sus películas con una sonrisa de oreja a
oreja. De buen rollo, que se dice. Pero eso no me impide darme
cuenta de que Kusturica se repite una vez más, que 154 minutos
son a todas luces demasiados para una historia que no da para
tanto y a la que le sobran algunas escenas pasadas de rosca y
que su mezcla de comedia desmadrada con algún que otro elemento
de lo más dramático no siempre funciona todo lo bien que sería
deseable.
Claro que todo esto a Kusturica se la trae bien floja, hablando
mal y pronto. Él lo que quiere es poder meter en su película a
un mulo terco, depresivo y con tendencias suicidas que le llevan
indefectiblemente a bloquear la vía del tren, una desquiciada ex
cantante de ópera siempre al borde de la locura que se pone a
cantar cosas delirantes en los momentos menos apropiados, un
gato y un perro que roban escenas a todo el mundo en cuanto
aparecen en pantalla y hasta unas vías de tren llenas de cocaína
que van siendo esnifadas por los ocupantes del tren que los
recorre a velocidad mínima. Y mucha, muchísima música. La
historia de ese ingeniero bosnio buenazo que construye un tren
en la frontera serbio-bosnia en los meses previos a la guerra al
que su mujer abandona por un húngaro hortera, cuyo hijo es
reclutado por el ejército bosnio para la guerra y posteriormente
secuestrado por el bando serbio, y que finalmente reencuentra la
felicidad perdida por un milagro en forma de enfermera musulmana
y serbia que acaba en su casa en plena guerra es lo de menos: lo
importante es que siga la juerga y que los espectadores sigan
celebrando la vida a tope. Eso sí, si hubiera en los Oscars®
una categoría para animales, esa increíble y maravillosa mula,
el gato que se come todo lo que pilla y la perra fiel y celosa
coparían todas las nominaciones disponibles. "La vida es un
milagro" que merece la pena ser celebrado, nos dice Kusturica, y
en ello estamos, riéndonos con él. Aunque sus películas no sean
ya tan redondas como las primeras. Ni falta que hace, por otra
parte.
Lo
mejor del día, no obstante, llegó al final. "Hierro
3" ("Bin-jip"), de Kim Ki-duk, es una de esas
películas por las que merece la pena, por sí sola, venir a un
festival de cine. El director de "La isla" y "Primavera,
verano, otoño, invierno... y primavera" abandona sus
ambientes acuáticos para contarnos, sin apenas palabras, una
maravillosa historia de amor entre dos personajes cuanto menos
curiosos. Uno es un tipo silencioso y extravagante que tiene por
costumbre entrar en las casas de los demás cuando se asegura que
éstos no están en ellas y, tras arreglar cuanto electrodoméstico
averiado encuentra a su paso y lavar la ropa de sus
‘anfitriones’, disfrutar de la casa como si fuera suya para
abandonarla intacta al día siguiente, sin llevarse nada. Ella
es, claro, la inquilina de una de esas casas, que se queda
fascinada con el comportamiento de su misterioso visitante hasta
el punto de marcharse con él a compartir su modo de vida. Kim
Ki-duk construye con este y otros mimbres un poema visual
minimalista, esta vez lleno de sentido y emocionante en grado
sumo, en el que llegas a comprender muy bien las motivaciones de
esos dos seres a la deriva, victimas de un mundo que no les
comprende ni lo hará nunca. El director consigue con su delicada
y elaboradísima puesta en escena una multitud de pequeños
momentos, mágicos algunos, plenos de sentido del humor otros,
fascinantes todos ellos, que sirven para demostrar a los
incrédulos que ni mucho menos está todo inventado en esto del
cine, sino que aún hay autores con mayúsculas con voluntad de
experimentar con lenguajes indiscutiblemente personales y
conseguir resultados magníficos. El final de la historia,
original en su concepción y brillante en su resolución, es de
esos que cuesta, por hermosos, quitarse de la cabeza en mucho
tiempo. De largo, es la mejor película que he visto en lo que va
de Seminci y, a falta de ver "2046"
de Wong Kar-Wai (que ha tenido una excelente acogida entre los
profesionales de los medios), ha puesto un listón bastante alto
para lo que queda de Sección Oficial.
Por de pronto, y obviando un poco la presencia fuera de concurso
de "El
mensajero del miedo" de Jonathan Demme, mañana os hablaré
(espero) de "2046", de la película de Manuel Poirier "Caminos
cruzados" (con Sergi López en el papel que en su día hiciera
en otra versión de esta historia Antonio Resines en "Carreteras
secundarias" de Emilio Martínez Lázaro) y de la japonesa "Nadie
sabe" de Hirokazu Kore-eda (cuyo joven protagonista de 14
años ganó el Premio de Interpretación Masculina en Cannes). En
el terreno puramente anecdótico, destacar tres nuevos cortos de
la Sección Oficial a concurso: el canadiense "Mabel’s saga",
que con una animación sencilla pero efectiva afronta con
inteligencia y mucho sentido del humor el tema de la menopausia
y arrancó una gran ovación del público en su pase de hoy; el
holandés "Stop!", que trata del cine dentro del cine (y
de más cosas hasta acabar en una más que curiosa banda de
Moebius); y el sueco algo pasado de rosca dramática pero muy
efectivo "Passing hearts", donde una omnipresente y
cargante música de piano estropea un poco lo que podría haber
sido una idea, si no muy original, sí algo interesante. A estas
alturas hay que decir que el nivel mostrado por la Sección
Oficial de Cortos es muy alto y digno de reseñarse, incluso por
encima del nivel exhibido hasta ahora por los largometrajes.
Pero hoy ya hemos visto cosas mucho mejores y somos optimistas
de cara a los días que nos quedan por delante.