49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

22 23 24 25 26 27 28 29 30


CRÓNICA DEL MARTES 26 DE OCTUBRE


Una irónica mirada a la realidad argentina y el drama del alumno de Kieslowski

"Buena vida - Delivery" - Copyright © 2004 Alta FilmsDavid Garrido BazánValladolid«Aquí, o nos salvamos todos o nos cagamos todos». Esta frase, una mínima variación de la que pudo escucharse en la película inaugural, "Luna de Avellaneda", se repite en un contexto diametralmente opuesto en la magnífica opera prima del realizador argentino Leonardo Di Cesare "Buena vida - Delivery", primera cita del día de hoy en el Teatro Calderón. La primera impresión que uno tiene al salir de la sala es de asombro y cierta sensación de agobio. No por la película en sí, que es una de las mejores que hemos podido ver hasta ahora en la sección oficial a concurso, sino porque da cierta congoja comprobar que los cineastas argentinos están haciendo ahora algunas películas que tratan de reflejar las terribles consecuencias de la crisis de hace un par de años... y les salen unas obras como aquellas "El pisito", "Plácido" o "El verdugo" con las que gente como Berlanga, Ferreri o Azcona captaban a la perfección el sentir de aquellos duros años, sin que faltara en ningún momento el sentido del humor. Veinte años no son nada, reza un conocido tango, pero al parecer cuarenta tampoco. Da un poco de vértigo pensar que ese país esté pasando por una situación similar a aquélla, con todo lo que ha sido.

"Buena vida - Delivery" (algo así como 'buena vida a domicilio', usando un vocablo inglés de uso común en Argentina) narra de manera muy sencilla la historia de Hernán, un tipo «con rostro de boludo», buena gente y enamorado de una chica que atiende una estación de servicio, a la que alquila una habitación que tiene libre en su casa. La cosa pinta bien: consigue enamorar a la chica y todo va sobre ruedas... hasta que un día Hernán vuelve a casa y se encuentra a los padres de ella y una hija que desconocía que tenía, dispuestos a pasar unos días alojados allí. De paso. Por supuesto, Hernán los recibe encantado. Pero los días pasan y la familia no sólo no parece dispuesta a abandonar la casa, sino que traen una maquinaria para poner en marcha un antiguo negocio de Venancio, el padre de la chica: una fábrica de churros en la sala de estar. Sin comerlo ni beberlo, Hernán se encuentra con su casa invadida no sólo por esa familia de desconocidos, sino por un montón de desocupados, inmigrantes, operarios de las máquinas que aspiran a conseguir un trabajo. No puede deshacerse de ellos y, por descontado, su relación con la chica, que tanto prometía, empieza a hacer aguas por todas partes.

Ignacio Toselli en "Buena vida - Delivery" - Copyright © 2004 Alta FilmsEl director construye así una mirada irónica, surrealista, sobre los estragos de la crisis en la sociedad argentina con esta situación que sin duda firmaría encantado el mismísimo Berlanga en la que este pobre hombre se ve superado por completo por los acontecimientos y la familia que se le instala en su casa no tiene el más mínimo reparo o remordimiento en hacerlo... simplemente porque no tiene otra opción que actuar así para sobrevivir. La película, llena de ese humor cínico que sólo puede extraerse de las situaciones más desesperadas, está muy bien interpretada por todo el elenco (destaca su protagonista, el joven y desconocido Ignacio Toselli, un descubrimiento) y consigue ajustar su ritmo hasta equilibrar con habilidad comedia y tragedia, algo que no resultaba fácil porque, según el director, «la tentación de sacar más partido en pantalla de las locuras de la máquina de churros de Venancio resultaba muy fuerte: tuvimos que cortar quince minutos cómicos estupendos, pero que desequilibraban el film». Con su ajustado retrato de la desesperación y el caos de una sociedad completamente perdida, "Buena vida - Delivery" se convierte, por la inevitable comparación, en una dolorosa espina en el costado de "Luna de Avellaneda", pues con muchos menos medios pero más imaginación resulta mucho más efectiva (y por lo tanto, tiene más posibilidades de cara al palmarés final) que ésta a la hora de diagnosticar los males actuales de esa Argentina que tanto les duele a ambos directores.

A esto hay que sumarle la explicación del único defecto palpable de la obra: su pobreza visual, a ratos. Y es que la crisis golpeó de lleno a esta opera prima de Leonardo Di Cesare, que empezó a ponerse en marcha gracias a ganar un concurso de guiones al que se presentaron más de 200 proyectos: «Empezamos a rodar la película y estábamos en ello, con un presupuesto muy, muy ajustado, cuando la crisis se nos metió en el rodaje», explicó el realizador en la rueda de prensa. «Tuvimos que parar por falta de presupuesto y, cuando intentamos solicitar ayuda del Instituto de Cine, descubrimos que no había director de la Institución. Claro que, en ese momento, tampoco había presidente del país. La frase más común era ‘toménse unas largas vacaciones’. Tal cual. Así que eso hicimos. Vi el material que llevábamos rodado hasta entonces y me pareció horrible, penoso. Así que me dediqué a criar caracoles, como hace uno de los personajes de la película».

«¿Cómo?» preguntamos incrédulos los asistentes a la rueda de prensa.

«Si, es rigurosamente cierto. Me dediqué a criar caracoles para exportarlos. Tengo mi diploma de criador y todo. No podía terminar la película por falta de dinero y mi autoestima estaba en el momento más bajo. Al cabo de un tiempo, la cosa mejoró y nos dieron el dinero preciso para terminarla, con lo que, bueno, al final pudimos incorporar todo este asunto de la crisis a la película». La cosa no acabó ahí: en un nuevo detalle de surrealismo, tuvieron que terminar de rodar la película a toda velocidad porque el dólar se devaluaba más y más cada día: «Hubo escenas que tuvimos que hacerlas en un solo plano, porque no podíamos permitirnos repetir. Era demasiado caro».

La película, como en los cuentos de la Cenicienta, sorprendió convirtiéndose en la primera obra argentina que ha ganado el premio a la Mejor Película y al Mejor Guión en el Festival Internacional del Mar de Plata, el único de clase A del continente sudamericano, y a partir de ahí comenzó el interés por ella: ha pasado por más de cuarenta festivales internacionales y suscitado todo tipo de reacciones. «Una vez se nos acercó un tipo muy enojado y me dijo ‘¿quién te contó mi vida? ¿nos conocemos acaso?'» Pero quizás lo más sorprendente fue lo de Corea. «Era un festival de cine fantástico y nos dieron un premio. Aún andan creyendo que es una película que no refleja la realidad de Argentina... ¿Y quién puede culparles?» Lo cierto es que esta "Buena vida - Delivery" es una más que agradable sorpresa que ha dejado una muy buena impresión entre la prensa acreditada en el festival.

"Todo un invierno sin fuego" - Copyright © 2004 CAB Productions y Mars EntertainmentEl segundo pase de la Sección Oficial a concurso (y último de hoy, por fin una tarde libre para ver otras cosas) ha sido el de la producción suiza "Todo un invierno sin fuego", opera prima del realizador polaco Greg Zglinski, un diplomado de la Escuela de Cine de Lodz y alumno de Krzystof Kieslowski que ha presentado un duro drama ambientado en una región suiza de inviernos particularmente helados. La verdad es que los primeros minutos de la película prometían lo peor: la historia de esta pareja de campesinos que tratan de superar la terrible pérdida en un incendio de su hija de cinco años comienza a un nivel dramático tal (y con una puesta en escena plena de silenciosos planos largos y desolados que muestran la dureza de sus condiciones de vida en ese helado paraje de las montañas) que amilana al espíritu más dispuesto. El protagonista, Jean (Aurélien Recoing, protagonista de "El empleo del tiempo" que suma su trabajo a la larga lista de espléndidos intérpretes masculinos que está dando esta Seminci), vive dividido entre el sentimiento de culpa por su deseo de olvidar y su lucha por mantener la granja, única fuente de ingreso. Su mujer, Laure (Marie Matheron) es incapaz de superar el trance y, lentamente, se deja deslizar hacia la depresión y la locura. Jean se ve obligado a ingresarla en una clínica psiquiátrica y a intentar vender la granja, buscando trabajo en una fábrica para poder hacer frente a sus gastos. Como pueden ver, un dramón en toda regla. Sin embargo, la película tiene dos cosas a su favor: una es que Zglinski mezcla este drama con un cierto toque de denuncia social de un problema más que actual al hacer que Jean entre en contacto con un grupo de inmigrantes kosovares que trabajan en la misma fábrica que él, con lo que el resultado de aunar su tragedia personal con el desarraigo de estos refugiados que han perdido todo en su país de origen y siguen adelante mirando hacia el futuro es cuanto menos interesante y, lejos de agravar el drama (como podría perfectamente haber sucedido), lo suaviza por los lazos de solidaridad (y de otro tipo) que se forjan entre ellos. Por otro lado, Zglinski sigue las enseñanzas de su maestro y huye de cualquier atisbo de sentimentalismo, limitándose a mostrar los hechos según van sucediendo de forma fluida y, lo más importante, sin cargar en exceso las tintas, algo esencial en una película como ésta que trata de asuntos tan dramáticos.

"Todo un invierno sin fuego" - Copyright © 2004 CAB Productions y Mars EntertainmentLa película ha provocado cierta división de opiniones entre los asistentes, aunque es de prever que será del agrado del presidente del jurado, Robert Guédigian, por cuánto toca ciertos temas que no son en absoluto ajenos al universo fílmico de éste. Personalmente, considero que "Todo un invierno sin fuego" tiene la virtud de ir mejorando según avanza su metraje tras un comienzo quizás demasiado alargado y muy poco alentador, tiene unas interpretaciones muy correctas y habla de cosas muy duras desde un cierto distanciamiento que no debería ser confundido con la frialdad, aunque pudiera parecerlo. El proceso de reconciliación con la vida que Jean y Laure hacen, cada uno por su lado y cada uno con sus razones, interesa y llega a emocionar en algún pasaje (la secuencia en la que Jean da rienda suelta a su frustración primero y a su dolor reprimido después es magnífica), aunque también es verdad que por un lado resulta bastante predecible en su desarrollo y que por otro no causa ese impacto que hace que uno guarde un gran recuerdo de ella. Puede llegar a gustar, pero nunca a enamorar o a conmover profundamente.
 


Suscribe tu correo y recibe gratis los boletines de La Butaca:

Copyright © 2004 LaButaca.net - Revista de Cine. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.