David
Garrido Bazán, Valladolid–
«¿Cómo se llama la primera película de esta mañana?», preguntaba
algún periodista somnoliento en cuyo rostro se notaban los
estragos de esa mortal combinación de horas pasadas en la butaca
viendo cine y horas detrás de la barra de algún bar de la noche
vallisoletana, que a estas alturas de Seminci se hacen más y más
evidentes. «"Private"», respondía algún despistado que picara el
anzuelo. «¡No jodas! ¿Tenemos una peli de Private en la sección
oficial? ¡Ya era hora de que se nos reconociera las horas que
pasamos viendo porno! ¡Viva la equiparación de géneros!»,
soltaba el bromista, encantado de sí mismo. La primera vez puede
que tuviera cierta gracia. Pero cuando oyes el mismo chiste unas
cuantas veces, sientes ganas de estrangular violentamente al que
lo suelta a esas horas de la mañana, aunque tú no seas la
víctima del mismo. Por solidaridad.
El caso es que el pase de "Domicilio
privado" ("Private") se esperaba con cierta expectación,
ya que se trataba de una producción que, a priori, despertaba
cuanto menos algo de curiosidad. ¿Qué tenía que decir un
realizador italiano como Saverio Costanzo en su opera
prima sobre un tema tan delicado como el conflicto entre Israel
y Palestina? ¿Y cómo se las habría apañado para reunir a un
casting de actores de ambas nacionalidades, convencerlos para
viajar a Italia y pedirles que hicieran una película tan
catártica como ésta? El argumento de "Domicilio privado" es una
metáfora tan sencilla como efectiva: una acomodada familia
palestina, formada por un padre que es profesor de literatura
inglesa, su mujer y cinco hijos, vive en una amplia casa situada
en lo alto de una colina, no muy apartada de los asentamientos
judíos en territorios palestinos y de alguna zona de conflicto
entre el ejército israelí y las milicias árabes. La madre de esa
familia preferiría abandonar la casa e irse a un lugar más
seguro, pero los férreos principios del cabeza de familia, que
bajo ningún concepto quiere convertirse en un exiliado, lo
impiden. Hasta que una noche una patrulla israelí toma al asalto
la casa y la declara propiedad del ejército para convertirla en
un privilegiado puesto de observación, conminando a los
habitantes a abandonarla. Como quiera que la familia se niega a
irse, aunque se resiste de manera pacífica y no violenta,
siguiendo las indicaciones del padre, se establecen una serie de
zonas: la planta alta será de uso exclusivo de los soldados y la
familia no podrá acceder allí bajo ningún concepto, la planta
baja será de uso común durante el día y, al caer la noche, la
familia será encerrada bajo llave en el salón de la casa. Se
inicia así una convivencia forzada llena de tensiones que
dividirá a la familia, que reaccionará de formas muy distintas a
esa ocupación que no tienen más remedio que soportar.
La
metáfora es bastante evidente y no hay que ser un lince para
darse cuenta de que la casa es el mismo Estado de Israel, los
soldados representan a ese ejército que toma por la fuerza de
las armas lo que les conviene a sus intereses y los distintos
miembros de esa familia representan las distintas tendencias de
los palestinos que allí viven de enfrentarse a esa situación:
desde el diálogo, la resistencia pasiva y la práctica a
rajatabla de los principios de la no-violencia que representa
ese padre; las ganas de abandonarlo todo y huir a un sitio mejor
que encarna uno de los hijos varones, sobrepasado por los
acontecimientos; o la rebeldía y la desobediencia que encarnan
la hija mayor, que espía a escondidas a los soldados para sacar
más información y así poder combatirles mejor; y el otro hijo
adolescente, que representa la posibilidad de responder al abuso
al que son sometidos con el uso del terror y que comienza a
verse a sí mismo como uno de esos trágicos mártires que
perpetúan el ciclo inacabable de la violencia en Israel.
La película funciona de maravilla, siendo una obra basada en la
observación atenta de un fenómeno muy conocido desde una cara
menos familiar, la trastienda de esa violencia, de ese
conflicto. La evolución de tan desigual situación se sigue con
desmesurado interés a pesar de que la película es deudora en su
estilo de los peores tics del Dogma: cámara al hombro en
movimiento constante que sigue los rostros de los actores allá
por donde van, una pésima iluminación y una puesta en escena
inexistente que desluce un tanto el resultado final. La película
vale muchísimo más por el valioso mensaje que está contando que
por la rutinaria y a veces pobre forma de hacerlo. Mohammad
Bakri, que ya trabajó hace muchos años con Costa-Gavras en
un film similar a éste ("Hanna
K."), está estupendo en su papel de cabeza de familia
razonable y practicante convencido de la no-violencia, seguro de
que a la larga su resistencia pacífica pero firme a ser
desalojados de su hogar se verá recompensada («los ocupantes
siempre tratan de convencernos de que hay terroristas para
justificar sus actos vandálicos, pero nosotros sabemos que no es
así», declararía el actor en la rueda de prensa posterior. “El
terror real es la ocupación, sea donde sea y venga de donde
venga») y se nota en la combinación de actores palestinos e
israelíes su implicación total en el proyecto, mucho más
personal que cualquiera que hayan hecho antes («no estaban sólo
interpretando», diría el director Saverio Costanzo, «sino
sintiéndolo de verdad. Por eso la película es más suya que de
cualquiera de nosotros: la merecen, es su película»), pero lo
que verdaderamente engrandece a la cinta es su sentido de la
responsabilidad: su final, abierto y que huye claramente de toda
opción acomodaticia, está muy en consonancia con la realidad de
lo que hoy en día se está viviendo en Israel y es una muestra de
coherencia de este director el construirlo de esa forma. El film
ha gustado mucho y no sería sorprendente que estuviera en el
palmarés, pese a que juega en su contra su factura visual, pues
tanto su mensaje como la forma en que éste penetra en el
espectador es de una enorme fuerza y actualidad en este momento.
Aún
en estado de shock por la contundencia de la propuesta anterior,
entramos a ver la última película a concurso de la Sección
Oficial, la holandesa "Sur"
("Het zuiden") de Martin Koolhoven. Este es un drama
decididamente extraño que comienza con mucha fuerza para luego
irse por los cerros de Úbeda. Cuenta la historia de Martje, la
dueña de una lavandería en la que trabajan un montón de mujeres
emigrantes solidarias que adoran tenerla como jefa por su bondad
y sus cualidades humanas. Pero Martje tiene un problema que úun
no ha sido capaz de superar: en el pasado sufrió una enfermedad
que la hizo perder un pecho, y no ha sido capaz de superar
psicológicamente esa pérdida. Insegura y con la autoestima por
los suelos, los acontecimientos se precipitan con la llegada a
la lavandería del nuevo repartidor, Loe, un tipo alegre y jovial
que se interesa por ella y que a ella también le gusta desde un
primer instante. El problema es que Martje es incapaz de
contarle su problema a Loe y éste lo descubre de la peor forma
imaginable: en pleno refocile amoroso. Su primera reacción, de
sorpresa y rechazo, provocará toda una cadena de acontecimientos
increíbles ya que la frágil cordura de Martje acaba por
desplomarse por completo y provocará una serie de
acontecimientos increíbles según Martje va perdiendo
progresivamente contacto con la realidad y es incapaz de asumir
las graves consecuencias de sus actos. Por allí anda también una
jovencísima madre soltera, inmigrante rusa sin papeles, que no
acaba de asumir su nueva condición de madre y cuyo bebé será
parte del mundo de desvarío que Martje va creando en su cabeza,
en un caso extremo de ‘locura de amor’. El film cae en el más
espantoso de los ridículos en su tramo final, tan desquiciado en
el guión como en la mente de su protagonista y ni tan siquiera
el magnífico trabajo de la actriz Monic Hendrickx (una
clara favorita a alzarse con el Premio a la Mejor Interpretación
Femenina que hasta hoy parecía seguro en las manos de Pilar
Bardem, habida cuenta de los pocos papeles femeninos de
relevancia vistos en la Sección Oficial de la Seminci) fue capaz
de salvarla del furioso pataleo que pudo oírse en la sala al
acabar la proyección. Parte de ese pataleo se debe sin duda a
que, por enésima vez, estamos ante la presencia de un producto
cuya factura visual está bastante cercana al funesto Dogma (hay
que ver el daño inmenso que ha hecho Lars Von Traer al cine de
los últimos tiempos con su dichoso decálogo) que a más de uno
nos tiene ya bastante hastiados, todo hay que decirlo. Menudo
empacho.
Operación Colombo o cómo caer de lleno en la tentación de hacer
una porra por parte de la prensa 'especializada'
—Bueno, pues con
esto queda inaugurada la Operación Colombo —anuncié orgulloso
al resto de comensales mientras blandía una diminuta hoja de
papel garabateada—. Ya no vale echarse atrás, ¿eh? Cada palo que
aguante su vela… y que el Jurado reparta suerte.
Allí estábamos, en una mesa del restaurante que lleva por nombre el
del eterno detective de gabardina raída al que dio vida en la
pequeña pantalla el actor Peter Falk. ¿Saben ustedes lo que
ocurre si en la misma mesa se sientan casi una docena de
críticos, redactores, periodistas acreditados que han estado
siguiendo día a día la Seminci en la comida inmediatamente
posterior al pase de la última película a concurso en la Sección
Oficial? Pues es evidente: que antes de que se acaben los
postres y lleguen los cafés, ya se está haciendo un cuadro con
las apuestas de todos para los premios que el Jurado de
Guédiguian dará a conocer mañana sábado al mediodía. Desde un
primer momento quedó claro que en aquella conjura de periodistas
procedentes de medios tan dignos como poco señeros de la
información cinematográfica (había críticos de cine, gente
procedente de la radio, de internet, de la prensa escrita
‘seria’, algún ex colaborador de cierta revista especializada y
hasta algún miembro prominente de cierto festival de cine del
norte de nuestro país, nada menos) no se trataba sólo de apostar
por la Espiga de Oro, nada de mariconadas, sino de apostar por
todas y cada una de las categorías que mañana tendrán premio. Y
no es nada fácil, pues hay Espiga de Oro, de Plata y Premio
Especial del Jurado, más los dos premios de interpretación, la
dirección novel y el premio especial de fotografía. Nos pusimos
a ello:
—A ver, Espiga de Oro.
—A mí ponme "Hierro
3" y "Nadie
sabe" ex aequo.
—Joer macho, dos no vale.
—¿Puede pasar, no? En San Sebastián casi acierto un ex aequo.
—Venga, vale. Aceptamos barco como animal acuático.
—En Fotografía, está claro, la de Angelopoulos.
—Ésa está fuera de concurso, no se puede votar por ella.
—Vaya por Dios. Pues es la mejor, sin duda.
—Menos lloriqueos y más apuestas, vamos.
—Yo en Mejor Actor voy a votar por el Resines en "Carreteras
secundarias”.
—¿Cómo?
—Es que Sergi Lopez en "Caminos
cruzados" me lo hizo echar mucho de menos.
—Bueno, Resines seguro que te lo agradece.
—A ver, Espiga de Oro, "La
cara oculta de la luna”.
—Votar borracho no vale, ¿eh?
—Pero si es la única película original a concurso.
—Sí, ya te digo. Originalísima. En fin, cada uno es libre de
suicidarse como quiera.
—Jefe, ¿no estaría usted interesado en patrocinar en próximos años
este pronóstico? Podríamos llamarlo el Premio Colombo,
alternativo y tal.
—Sí, y el año que viene, unas camisetas, no te jode.
—¿Tenemos una categoría a la mejor churri vista en pantalla?
—Desde luego, luego os quejaréis de que a la película holandesa de
hoy se le va la olla. Pues anda que a nosotros…
—Calla y pon cara de borrachuzo, que nos van a sacar una foto de
recuerdo.
—Mira, mira, si está fotografiando la lista de votos. ¡Parece uno
de esos de las antiguas pelis de espías fotografiando planes
secretos!
—¿Pero de verdad te crees que tu editor te va a publicar esto?
Y así sucesivamente. Coñas aparte (os juro que me he dejado en el
tintero muchas más), el resultado de la porra fue el que sigue:
Espiga de Oro
"Hierro 3" (4 votos); "Todo
un invierno sin fuego" (3 votos); "2046"
(2 votos); "Domicilio privado", "La cara oculta de la luna" y
"Nadie sabe" (1 voto). Mi voto particular: "Hierro 3"de Kim
Ki-duk.
Espiga de Plata
"Todo un invierno sin fuego" (3 votos); "Hierro 3" y "Nadie
sabe" (2 votos); "Domicilio privado", "Buena
vida – Delivery", "Sólo
un beso" y "2046" (1 voto). Mi Voto particular: "Domicilio
privado" de Saverio Costanzo.
Premio Especial del Jurado
"Domicilio privado" (4 votos); "2046" (3 votos); "Nadie sabe" (2
Votos); "Todo un invierno sin fuego" y "Hierro 3" (1 voto). Mi
voto particular: "2046" de Wong Kar-Wai.
Nota.- Si sumamos todos los
votos de estas tres categorías, los resultados serían: "Hierro
3" y "Todo un invierno sin fuego" (7 votos); "2046" y "Domicilio
privado" (6 votos); "Nadie sabe" (5 votos).
Mejor Actor
Aurélien Recoing por "Todo un invierno sin fuego". Unanimidad
absoluta, aunque no os lo podáis creer: 11 votos de 11 (si no
sale, le quemaremos la barba a Guédiguian, por traidor, esquirol
y vendido al capitalismo).
Mejor Actriz
Monic Hendrickx por "Sur" (6 votos); Pilar Bardem por "María
querida" (5 votos). Mi voto particular es para la holandesa,
pero no me hago ilusiones, porque creo que este premio es seguro
para la Bardem. Y no sería injusto, que conste.
Mejor Dirección Novel
Leonardo Di Cesare por "Buena vida - Delivery" (6 Votos);
Saverio Costanzo por "Domicilio privado" (5 votos). Aquí me
inclino por el argentino; sería injusto que "Buena Vida -
Delivery" se fuera de vacío.
Premio Especial de
Fotografía
"2046" gana por abrumadora mayoría: 9 votos frente a 1 para
"Todo un invierno sin fuego" y otro para "Sur", la película
holandesa de hoy. Este es uno de los galardones cantados del
Festival y yo también me inclino por el maravilloso trabajo de
Christopher Doyle.
En cuanto a Punto de Encuentro,
la sección paralela del Festival, al parecer las cosas están
entre la iraní "Un calor mortal bajo la maleza" (una especie de
versión en el desierto de "El diablo sobre ruedas", aunque suene
raro) y la co-producción venezuelo-cubana "Habana, Havana"
(sobre las andanzas de un campesino cubano en La Habana), aunque
hay opciones para la italiana "Dopo
mezzanotte" (una especie de puesta al día de "Cinema
Paradiso"
que podré ver esta tarde y
que ha gustado mucho al público más joven, según parece).
En fin, mañana os contaré la
decisión del Jurado y quién resulta el afortunado ganador de la
Operación Colombo. Quién sabe, igual acabamos de inaugurar una
tradición para futuras ediciones de la Seminci. O eso, o hemos
abusado del vino de la casa durante la comida.