49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS


BALANCE FINAL DEL FESTIVAL


Un festival de cine comprometido con la sociedad

Julio Rodríguez ChicoValladolid A las puertas de sus Bodas de Oro, la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) ha permanecido fiel a sus señas durante la 49ª edición recién celebrada. Tras unos comienzos como Festival de cine religioso y, después, de valores humanos, pronto buscó su identidad en torno a cineastas que aportasen su propia visión del mundo y del cine –lo que se llama “cine de autor”, para erigirse más tarde en una Semana que daba cobertura a un cine comprometido con el mundo y sus problemas.

Pilar Bardem en "María querida" - Copyright © 2004 Alta FilmsDe esta forma, se puede decir que la Seminci apostó por el cine como reflejo de una sociedad donde las injusticias y los atropellos están a la orden del día, y también como cauce de denuncia para alertar a los ciudadanos y autoridades. En cualquier caso, en su casi medio siglo de andadura, Valladolid ha dado cobijo a directores, artistas y público que nada tienen que ver con el glamour hollywoodiense. Voluntariamente ha renunciado al star system y a la parafernalia de la industria, para centrarse en los aspectos más puramente cinematográficos y de conexión con la realidad: por ejemplo, sólo son invitados a la Semana aquellos que tienen también una presencia por medio de sus películas, y nunca si llegan únicamente como reclamo para la prensa. A pesar de eso –o quizá gracias a eso, la acogida de esta muestra de cine de calidad ha sido incuestionable, al menos a tenor del numeroso público que cada año y con una fidelidad encomiable acude a las nueve salas en que se proyectan sus propuestas.

Como en ediciones anteriores, para la Sección Oficial –con 22 películas, 18 de ellas en competición y la mayoría europeas, su director Fernando Lara ha buscado un equilibrio entre autores consagrados y otros que llegaban con su opera prima: junto a autores de prestigio mundial como Angelopoulos, Kar-Wai, Kusturica o Loach, ha apostado por jóvenes que buscan una rampa de lanzamiento como el italiano Saverio Costanzo, el argentino Leonardo Di Cesare o el polaco Greg Zglinski. El espacio entre ambos se ha rellenado con directores –que me perdonen por lo de “no consagrados”, pero su pedigrí no llega a los primeros– como Campanella, Poirier, Lepage o la danesa Olesen. Además de lo anterior, para evaluar la apuesta de la Seminci hay que tener en cuenta otro factor decisivo: su carácter de festival tipo B (sólo se aceptan películas no estrenadas en España, aunque sí se hayan comercializado en el extranjero o presentado en otros festivales de fuera del país): por eso, algunos de los anteriores u otros casos como el japonés Kore-eda llegaban desde Cannes, Berlín o Venecia, o eran ya películas de éxito en taquilla como la francesa "Los chicos del coro" (Christophe Barratier) con la que se clausuraba la Semana.

Con estos presupuestos, se puede decir que la Seminci trabaja sobre una base segura que le permite apostar por algunos jóvenes desconocidos, a los que catapultar en su carrera cinematográfica. Hay quien dice que los riesgos que asume son mínimos o escasos, que ha perdido el espíritu innovador y descubridor de talentos –que habría recogido el Festival de Gijón para volverse más conservador y menos audaz. Sea como fuere, al final, la muestra de este año ha deparado un cine de alta calidad, aunque fundamentalmente ésta haya venido de las cintas provenientes de otros festivales y precedidas por críticas favorables: la sorpresa apenas ha existido, por tanto. la Espiga de Oro se la llevó "Hierro 3" (Bin-jip), del coreano Kim Ki-duk, uno de los directores de moda: película de gran fuerza visual y calidad cinematográfica pero ya premiada con el León de Plata al Mejor Director en Venecia. Algo semejante ocurría con el japonés Kore-eda, que asombrosamente se fue sin premios, y que en "Nadie sabe" nos hacía una propuesta audaz y conmovedora que había obtenido el Premio al Mejor Actor en la pasada edición de Cannes. Por otra parte, tener a Kar-Wai en el festival, y más con una película como "2046", al amparo de la exitosa "In the mood for love (Deseando amar)", era un seguro de público y crítica. Por último, la presencia del griego Angelopoulos con "Eleni" (Trilogia: To livadi to pou dakrisi), primera película de la trilogía sobre la historia de Grecia en el siglo pasado, servía para dar un respaldo al cine como hecho artístico y cultural, aunque estuviera fuera de concurso.

"Domicilio privado" - Copyright © 2004 GolemAntes de continuar, es preciso dejar claro que lo anterior no supone un demérito para el festival, sino más bien lo contrario: el prestigio y reconocimiento alcanzados por la Seminci invita a que nombres incuestionables acepten o quieran traer sus películas, a la vez que se permite a otros más desconocidos asociarse a ellos e incorporarse al escaparate mundial. En este sentido, este año causó buena impresión el italiano Saverio Costanzo con su "Domicilio privado" (Private) Espiga de Plata, un alegato pacifista ambientado en el enfrentamiento palestino-israelí: de manera realista y metafórica –la casa de una familia palestina es invadida por las tropas judías, y se ven obligados a una resistencia pasiva no bien vista por alguno de los hijos– se recrea lo absurdo de la situación, y se hace un rico y matizado retrato humano de unos personajes que entienden el valor del diálogo y la convivencia. La vivienda como metáfora sirve también de marco para "Buena vida - Delivery", cinta con la que el argentino Leonardo Di Cesare se llevó el Premio Pilar Miró al mejor nuevo director: un joven enamorado verá cómo su casa es “ocupada” por la parentela de su novia, hasta expulsarle prácticamente a él; se trata de una comedia en la que el humor permite coger distancia para mirar con cierta ironía la crisis del país austral, y ello con la habitual frescura interpretativa que los actores argentinos aportan. También sorprendió "Todo un invierno sin fuego" (Tout un hiver sans feu), la opera prima del polaco Greg Zglinski, discípulo de Kieslowski en Lodz: la película retrata el tremendo drama interior de un matrimonio que no logra superar la trágica muerte de su hijita en un incendio, y que atraviesa un periodo convulso en su relación (¡cómo no acordarse de "Azul" y Binoche!); algunos aún nos preguntamos cómo no se llevó algún galardón, como el de Mejor Actor que mereció Aurélien Recoing. Pero aquí se terminan las sorpresas de los primerizos, porque ni el mexicano Fernando Eimbcke ("Temporada de patos"), ni el peruano Josué Méndez ("Días de Santiago"), ni el holandés Martin Koolhoven ("Sur" [Het zuiden]) convencieron con unas películas que no superan el calificativo de tímido intento de plasmar en imágenes la falta de afectos, la soledad o el desequilibrio interior de unos personajes perdidos en un mundo inhóspito o en su propio fuero interno.

El particular Kusturica ofreció más de lo mismo que ya conocíamos por "Underground" o "Gato negro, gato blanco"; presentaba "La vida es un milagro" (Zivot je cudo), una tragicomedia con historia de amor en tiempos de guerra (serbo-bosnia, lógicamente), construida a base de situaciones extravagantes y personajes excéntricos, con los habituales y personales toques cómicos y una música elaborada por su propio grupo No Smoking Orchestra. El francés Poirier no estuvo al nivel alcanzado en sus obras anteriores, y "Caminos cruzados" (Chemins de traverse) se convierte en una road movie sobre el reencuentro entre padre e hijo distanciados, con destellos de buena planificación pero a la que no logra imprimir fuerza ni ritmo narrativo. Un tema semejante es el propuesto por Lepage en "La cara oculta de la luna" (La face cachée de la lune), en torno a dos hermanos de vidas y caracteres opuestos que necesitan acercarse tras la muerte de su madre; como el francés, tampoco el director canadiense consigue despegar con esta comedia fuertemente simbólica –y con toques divertidos y a la vez profundos, aunque algo alambicado en su desarrollo sobre la necesidad de conocerse y conocer la realidad más cercana. Por último, en este grupo de los desencantos habría que incluir al experimentado Boorman, que llegaba con una película que resultó fallida, "In my country (Un país en África)" (Country of my skull) en torno al proceso de reconciliación vivido por Sudáfrica tras el Apartheid, con grades actores –Juliette Binoche y Samuel L. Jackson que no logran liberarse de un guión excesivamente rígido y sometido a las declaraciones de inculpación, y a los que se fuerza a vivir un romance increíble.

Tom Waits en "Coffe and cigarettes" - Copyright © 2003 Alta FilmsLa cuota reservada para el Dogma’95 la ocupó Annette K. Olesen con "En tus manos" (Forbrydelser), un drama sobre la fe, la confianza, el castigo y el crimen –producto típico del país danés que mereció el Premio Especial del Jurado «por el valor que hace falta para rendirse y poner tu vida en la manos de alguien o de algo que no seas tú mismo», en una decisión no entendida por muchos de los críticos. "María querida", de José Luis García Sánchez, se presentaba como la única película española a concurso: en líneas generales, defraudó, a pesar de llevarse Pilar Bardem el Premio a la Mejor Actriz en su papel para dar vida a María Zambrano; un guión excesivamente literario e ideológico deriva hacia lo tendencioso al ofrecerse de cauce para unas máximas progresistas que se antojan filtradas e incompletas para lo que era el pensamiento de la mujer andaluza. El norteamericano Jonathan Demme irrumpió oportunamente en la Seminci con "El mensajero del miedo" (The Manchurian candidate), película que denuncia la connivencia entre las corporaciones económicas y el poder político en Estados Unidos, los manejos electorales y la falsedad de una democracia enferma; la rueda de prensa que ofreció fue continuación de ese mitin fílmico, ágil narrativamente y muy bien interpretado, pero que vuelve sobre tópicos mil veces trillados llevando al espectador por un camino previamente diseñado para él. Otro estadounidense pero de distinto cariz, Jarmusch, presentó "Coffee and cigarettes", un largo único e irrepetible compuesto a base de once cortos en los que, con una espléndida fotografía y un equipo de actores y músicos que se interpretan a sí mismos, da todo un repaso a la modernidad, a sus autoengaños e hipocresías, a las apariencias y a la imagen, etc.: todo un ejercicio de saber hacer cine, con bajo presupuesto y alta densidad de contenidos.

Últimamente las cintas orientales tienen una presencia necesaria en cualquier festival. A falta de cine iraní o colindante –dejando de lado al israelí Amos Gitai, esta edición de la Seminci contaba con varias del continente asiático, pletóricas todas ellas de esteticismo visual. Muy esperada era "2046" de Wong Kar-Wai, uno de los últimos innovadores del lenguaje cinematográfico: no defraudó por su hábil manejo del montaje, por su bella fotografía (premiada en esta Semana vallisoletana), y por su reflexión en torno al desamor y al tratamiento del tiempo; pero, junto a esos logros, se aprecia una excesiva dependencia de "In the mood for love (Deseando amar)", con una estética idéntica y una pérdida de la atmósfera evanescente, etérea y ambigua respecto a aquélla; ahora todo es menos sugerido y más explícito, desde el desencanto amoroso hasta esos encuentros sexuales. El japonés Kore-eda se esfuerza en "Nadie sabe" por poner en imágenes positivas y tiernas el hecho real de unos niños abandonados por su madre y la sociedad, en sus intentos por sobrevivir inocentemente y hacerlo con apuntes de felicidad: lo consigue ampliamente gracias a la magistral interpretación de Yuya Yagira, un adolescente ya premiado en Cannes. Y la triunfal "Hierro 3" del coreano Kim Ki-duk, que nos dejó una pincelada de poesía en imágenes llenas de expresividad, con pocos diálogos, pero también con un pesimismo aplastante: el retrato del alma de personajes solos y vacíos resulta desasosegante y perturbador, aunque el director dice que «en mi opinión, así es la vida»; ejercicio, por tanto, de talento en el arte de la sugerencia, pero también de nihilismo existencial con tintes budistas.

Ricardo Darín en "Luna de Avellaneda" - Copyright © 2004 Alta FilmsEn un polo opuesto a este cine oriental, hay que situar las películas que sirvieron de apertura y clausura a esta edición de la Seminci. La Semana se abrió con "Luna de Avellaneda", de Juan José Campanella, para cerrarse con la exitosa "Los chicos del coro", del francés Christophe Barratier. Ambas coinciden en su planteamiento optimista y esperanzador, en su defensa de una vida apoyada en lo positivo, en la búsqueda de los ideales por encima de lo material o del éxito personal, y en su confianza en el hombre para superar dificultades o problemas coyunturales. La primera lo hace a partir de un club cultural bonaerense –símil de un país en crisis que no resiste los malos tiempos económicos y la pérdida del sentido de la solidaridad, y que precisa de alguien que crea en él; la segunda, sitúa la historia en un “correccional” de posguerra, donde unos chicos difíciles encontrarán en la música y en un vigilante –«músico fracasado, pero no persona fracasada»– la humanidad, el afecto y la confianza necesarios para encauzar sus vidas. Cine muy fresco y popular, emotivo y humano pero no sentimental, de ese «que empuja al espectador a identificarse con un personaje positivo y a salir del cine queriendo ser como él», en palabras del propio Barratier.

He dejado para el final dos películas muy diferentes en su realización y también en la concepción que tienen sus directores. Por un lado, Ken Loach y "Sólo un beso" (Ae fond kiss), melodrama donde dos jóvenes amantes británicos –él musulmán y ella católica ven amenazada su vida en común por los prejuicios culturales y religiosos de su entorno, en un clima de intolerancia y fanatismo. El drama duro y reivindicativo del Loach anterior deja paso al romanticismo más edulcorado –y a la vez tórrido para acabar ofreciendo una postura tendenciosa y simplista, una ideología que identifica religión con factor de intolerancia, pero que tiene la habilidad de pulsar todas las teclas para ganarse al público y dar gato por liebre: fue la ganadora en la votación del espectador, hecho preocupante por lo que supone de ausencia de sentido crítico ante tal manipulación. En las antípodas se sitúa la obra de Angelopoulos, quien en rueda de prensa se definió como un socialista desencantado, mientras que Loach se calificó de «leninista y no lennonista». En "Eleni", el maestro griego hace todo un alarde de sabiduría humana, de cultura clásica y de gusto estético; cada uno de sus cuidados planos-secuencia respira mesura y equilibrio (el director habla de “respiración” para cortar los planos antes de tiempo), hondura y drama humanos vividos por una pareja de enamorados –nada que ver con los pasionales y superficiales personajes de Loach– que atraviesa fronteras y dificultades, incomprensiones familiares y distancias que la guerra impone, que lucha por sobrevivir a un siglo de desolación, hambre y dolor. Trasunto del pueblo griego y de la Europa del siglo pasado, esta primera película de la proyectada trilogía es todo un tratado de historia, de sociología y de antropología, lo mismo que de estética y de cine: una joya no apta para cualquier paladar, pero auténtica obra maestra de un hombre honesto y sensible, que se dedica únicamente a hacer cine y no a otros menesteres. Aceptó venir a la Seminci con la condición de no entrar en concurso, y hay que agradecerle la lección que nos ha dado, no sólo en la pantalla sino también en la rueda de prensa que ofreció.

"Tierra prometida" - Copyright © 2004 Hanway, Agav Hafakot, MP Productions, Agav Films y Recorded Picture CompanyUna visión completa de la pasada Seminci exige, aunque sea de manera escueta, dar una pincelada sobre las otras secciones que se nos han ofrecido. Dos eran los directores sobre los que se prepararon retrospectivas y editaron libros para la ocasión. Por un lado, el israelí Amos Gitai, cuya última película "Tierra prometida" (Promised land), que participaba en la Sección Oficial, resulta un crudo y explícito drama sobre la trata de blancas que llegan a Israel desde la Europa del Este. Del mismo tono denunciatorio y pretendiendo ser espejo de la situación de Oriente Medio participan los once documentales y otras tantas películas de ficción ahora proyectadas, entre las que destacan "Kippur", "Kedma" o "Kadosh". El otro director homenajeado es el autor de "Días contados" y "El viaje de Carol", Imanol Uribe, a quien el fotógrafo Javier Aguirresarobe rinde tributo con un libro con jugosas conversaciones entre ellos.

Con expectación llegaba una selección de ocho largometrajes de la Sexta Generación del Cine Chino. Había interés por confirmar si los maestros Yimou o Kaige tenían un relevo natural, y si mantenían la línea esteticista y de claro carácter humanista que venía aportando el país asiático. No defraudó, y en muchas de las cintas presentadas se advierte esa estela sin llegar a la altura de los maestros. Eso sí, lo que también se advierte es la preocupación por hacer un cine que refleje las transformaciones de la sociedad hacia la modernidad, con una sencillez en la puesta en escena y una preocupación por indagar en la persona y sus relaciones con los demás. Especial atractivo presenta "Carteros de la montaña" (Huo Jianqi), en torno a un abnegado cartero que pasa el relevo del oficio a su hijo con un último reparto por la montaña, momento en el cual el joven descubre la valía su padre, su sentido de servicio en su tarea y las amistades que eso le ha procurado hasta llenar su vida. Las relaciones de pareja son el tema de la deliciosa y poética "Té verde" (Zhang Yuan), "Un suspiro" (Li Xin) o de "Deslumbrante" (Li Xin), mientras que la paternidad vuelve a salir a escena en "Mi padre y yo" (Xu Jinglei), o la ancianidad y la jubilación en "El aroma del té amargo" (Wu Bing). Junto a una transparencia y sencillez narrativa, todas ofrecen un sentido positivo y esperanzado de la vida, auténtica bocanada de aire fresco y oxigenado para un espectador que puede acabar deprimido ante tanto escepticismo y nihilismo europeo como está llegando.

La Sección Punto de Encuentro dio cabida a 18 largometrajes, en competición por un premio que concede el público. La película galardonada fue la israelí "Bonjour Monsieur Shlomi" de Shemi Zarhin, en concurso junto a otras entre las que destacamos "10 on ten" de Abbas Kiarostami, "Un toque de canela" del griego Tasso Bolumetis o "Predicción del tiempo" del actor polaco Jerzy Stuhr. Por su parte, en Tiempo de Historia se premió a Phil Grabsky por "El niño que juega sobre los Budas de Bamiyán", acerca de la vida cotidiana en Afganistán tras la caída del régimen talibán; Joaquín Jordá tuvo su recompensa con un segundo premio por "20 años no es nada", documental que recoge lo que queda de la experiencia autogestionaria de los trabajadores de la fábrica Numax, a finales de los setenta; la otra cinta premiada en esta sección fue "Las cajas españolas" de Alberto Porlan, sobre la protección y salvaguarda del patrimonio pictórico de El Prado durante la Guerra Civil.

"Ryan" - Copyright © 2004 Copper Heart Entertainment Production y National Film Board of CanadaJunto a los largos en competición para la Sección Oficial y Punto de Encuentro, también estuvieron presentes los cortometrajes. Destacamos el ganador, "Ryan" de Chris Landreth, que combina la técnica de animación y la imagen real, y el elaborado por Antonioni en tono a la mirada de su tocayo Buonarroti a partir de algunas de sus esculturas. Si en años anteriores fueron Polonia o Bélgica los países invitados a mostrar su más reciente cine nacional, este año ha correspondido el turno a Suiza, con 15 largometrajes y otros tantos cortos: en líneas generales, se presentó como un cine en continua transición, en conexión con el mundo circundante y con el lenguaje publicitario y televisivo. La Escuela de Cine de Moscú, primera del mundo al ser creada en 1919 tras el triunfo de la Revolución de Octubre, ofreció un muestrario de 17 prácticas elaboradas entre 1958 y 2002 por autores de renombre como Tarkovski o Mihalkov. En el apartado de documentales, llegó la tercera entrega que recogía las aportaciones de Austria, España, Irlanda, Luxemburgo y la República Checa. Por último, destinada sobre todo a los periodistas extranjeros acredidatos, la Sección Spanish Cinema dio cabida en versión subtitulada en inglés a una selección del mejor cine español del último año, con títulos como "Héctor" (Gracia Querejeta), "La flaqueza del bolchevique" (Manuel Martínez Cuenca), "El 7º día" (Carlos Saura) o "La mala educación" (Pedro Almodóvar), entre otros.

En definitiva, muchas películas y un buen puñado de cine de muchos quilates, avanzadilla de lo que las Bodas de Oro pueden ofrecernos en la próxima edición. Esperemos que no defraude.
 


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