CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Unidos en la soledad
Galardonada con el León de Plata al Mejor Director en la pasada
edi-ción del Festival de Venecia, fue la gran triunfadora en la Seminci’49, donde ganó la Espiga de Oro y tuvo una buena
acogida entre la crítica y el público (obtuvo el Premio de la
Juventud). Hay películas sobre las que resulta difícil contar su
historia, porque no existe o es mínima. És-ta es una de ellas,
pues parece realizada para ser contemplada, admi-rada y
reflexionada... pero no contada; por otra parte, su carácter
am-biguo y fuertemente metafórico propicia las más variadas
interpretacio-nes, que no conviene cercenar.
Tae-suk es
un joven solitario que se las ingenia hábilmente para
intro-ducirse en casas ajenas, aprovechando la ausencia de sus
dueños. No roba ni ocasiona daños, sino que al contrario “paga”
su estancia con pequeños servicios o arreglos materiales. En uno
de esos pisos encontrará a Sun-hwa, una joven maltratada por un
rico y arrogante es-poso que tiene el golf como afición; tras una
incipiente amistad, ella será su compañera en nuevos “asaltos”
domiciliarios hasta que descu-bran a un hombre muerto, sean
acusados de asesinato, y finalmente separados por la
intervención del marido de Sun-hwa. Sin embargo, entre ellos ha
nacido un amor que no se apagará, que perdurará aun-que sea de
manera un tanto espectral.
Desde el
inicio, en la película se juega con las sensaciones de los
protagonis-tas, que se turban al intuir la presencia de alguien
en las estancias cerradas; del mismo modo, vemos a los dos
jóvenes que viven como fantasmas que deambu-lan por un mundo en
el que realmente no habitan. De ahí el afán de Tae-suk por
re-tratarse junto a personas que aparecen en las fotografías que
decoran las casas visitadas: es una manera de apropiarse de unas
vidas desconocidas, de llenar su vacío existencial; no busca
riquezas ni bienes materiales, pues nunca se apro-pia de nada y
su moto deja ver su posi-ción acomodada; sólo necesita compañía y
afecto, tener la sensación de que su vida importa a alguien. Esa
vaciedad y soledad, esa bús-queda de algo que no se ve, y esa
intuición de que no estamos solos son sensaciones que los
actores logran transmitir al espec-tador con sus miradas frías y
vacías, sin necesidad de mediar pala-bra; sus interpretaciones
son sobrias pero expresivas, y trasmiten todo el escepticismo y
pesimismo que el mismo Kim Ki-duk refleja en el resto de su
obra; el director se defiende argumentando que pretende mostrar
lo que ocurre en las relaciones humanas, y que sólo recoge la
crueldad que la vida encierra. Visión fatalista, pues, de la
realidad aun-que al final se intuya una vaga esperanza con un
desenlace que sabe más a sucedáneo que a otra cosa, y donde los
rótulos vienen a decir-nos que muchas veces los sueños son más
felices que la realidad, y que es preferible evadirse de ésta
viviendo como espectros.
El
director coreano no abandona su minimalista puesta en escena ni
el carácter críptico y simbólico de su anterior producción:
casas va-cías, personas solitarias, un palo de golf apenas usado
–el hierro 3, de ahí el título– son símiles utilizados para
hablar de la soledad; y preci-samente, será el joven Tae-suk (en
el fondo, un hierro 3) quien aporte la calidez necesaria a esas
casas deshabitadas, quien rescate de la soledad a una mujer
abandonada y sin afectos. Apenas hay diálo-gos, y hasta éstos se
podrían suprimir porque Kim Ki-duk habla con la cámara, a la que
dota de lirismo para captar sensaciones y fuerza con el fin de recoger
los dramas interiores de unos per-sonajes desarraigados de la
sociedad, aislados de un mundo que les ignora, inmersos en un
vacío existencial. Precisamente el silencio se convierte en el
mejor aliado para que se entiendan y amen dos al-mas que sufren,
mientras que los diálogos de quienes no quieren es-cuchar no
conducen más que a la confusión y a la deshumanización; esto es
lo que sucede en la escena de la comisaría, ante la acusación
injusta que no merece ni una sola palabra de autodefensa de los
acu-sados, conscientes de su inutilidad.
Se trata
de una película rica en contenidos, profunda en su análisis de
la sociedad moderna, de factura fresca y muy cinematográfica,
aun-que sólo aconsejable para un público –quizá minoritario– que
esté dis-puesto a recrearse en la poesía de las escenas o a
reflexionar en sus mensajes.
Calificación:
    
Imágenes de "Hierro 3" - Copyright © 2004 Happinet
Pictures, Kim Ki-duk Film y
Cineclick Asia. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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