49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

HIERRO 3
(Bin-jip)


Dirección y guión: Kim Ki-duk.
País:
Corea del Sur.
Año: 2004.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Lee Seung-yeon (Sun-hwa), Jae Hee (Tae-suk), Kwon Hyuk-ho (Min-kyu), Joo Jin-mo (Detective Cho), Choi Jeong-ho (Funcionario de prisiones), Lee Dah-hae (Ji-eun), Park Dong-jin (Detective), Moon Sung-hyuk (Sung-hyuk), Park Jee-ah (Jee-ah).
Producción: Kim Ki-duk.
Música: Slvian.
Fotografía:
Jang Seung-baek.
Montaje: Kim Ki-duk.
Diseño de producción: Chung Sol Art.
Dirección artística: Joo Jin-mo.
Vestuario: Koo Hea-heon.

Estreno en Corea del sur: 15 Oct. 2004.
Estreno en España: 23 Marzo 2005.

CRÍTICA por David Garrido Bazán

La casa vacía y el alma desocupada

  Con el paso del tiempo y el mayor número de estrenos en nuestras pantallas comerciales de lo que hasta hace bien poco eran títulos po-co menos que imposibles de ver en España fuera del circuito de fes-tivales, resulta cada vez más difícil negar la evidencia de que gran par-te de las propuestas más innovadoras, arriesgadas y a la vez estimu-lantes del cine mundial de los últimos años vienen del continente asiá-tico y, muy concretamente, de Corea del Sur. Películas como el muy peculiar thriller "Memories of murder (Crónica de un asesino en serie)"  (Bong Joong-ho, 2003), la inquietante "2 hermanas" (Kim Jee-woon, 2003), la magnífica y sorprendente "Old boy" (Park Chan-wook, 2004) o el éxito sorpresa del pasado año, "Primavera, verano, otoño, invier-no... y primavera", anterior título del realizador que hoy nos ocupa, Kim Ki-duk, demuestran a las claras el excelente estado de salud de una cinematografía poderosa, rica en contenidos y estilos, que acos-tumbra a dejarnos con la boca abierta con bastante asiduidad a los adocenados espectadores occidentales, de paladar muy poco acos-tumbrado a estos platos de indudable riqueza. Sería interesante, aun-que no es pertinente hacerlo aquí y ahora, analizar las claves de por qué Corea del Sur se ha convertido en el único país del mundo (excep-ción hecha de la India y su Bollywood, pero eso es otra historia) donde las grandes producciones de Hollywood no son capaces de competir en taquilla con las películas locales y cómo a la vez se ha producido un proceso paralelo de explosión de la creatividad que, a base de arra-sar en los festivales de medio mundo, está logrando hacerse su hueco en las carteleras occidentales, si bien de modo aún minoritario.

  Quizás uno de los ejemplos más sobre-salientes de este fenómeno lo represente Kim Ki-duk, un director de cuyas nueve primeras películas sólo un título –la des-garrada, poética y un tanto cruel "La is-la"– rompió la barrera, dejando atónito al personal con esa reflexión en torno al do-lor que a menudo acompaña al amor que en esta impactante obra se expresaba de un modo muy físico. Kim Ki-duk recono-ce que en el año 2002 su forma de ver la vida cambió por completo, y el dolor, la violencia y hasta el horror que a menudo acompañaban a la belleza, el amor y los sentimientos más puros en una suerte de todo indisoluble, dio paso a una obra ("Primavera, verano, otoño, in-vierno... y primavera") en la que todo se convertía en una reflexión mís-tica sobre el sentido de la vida y, más allá de una religiosidad más o menos aparente y metáforas filosóficas de fácil calado, Kim Ki-duk ofrecía cierta posibilidad de esperanza, un mensaje positivo cargado de enorme simbolismo en el que su protagonista (y aquí conviene mencionar que no en vano el propio realizador protagonizaba el frag-mento correspondiente al invierno que era toda una suerte de expia-ción en toda regla por los pecados pasados) conseguía, pese a todo el dolor y sufrimiento, convertirse en lo que su viejo maestro había repre-sentado para él y empezar un nuevo ciclo. Desde luego, había luz al fi-nal del túnel.

  A primera vista, podría pensarse que "Hierro 3" no tiene mucho que ver con aquella cinta, pero un análisis más detenido nos llevará fácil-mente a concluir que, a falta de ver "Samaritan girl" (la película rodada entre ambas, aun inédita en España), Kim Ki-duk sigue explorando, desde esos personajes que se mueven en coordenadas bastante aje-nas a las de la sociedad en las que les ha tocado vivir, esas mismas reflexiones sobre la soledad, la libertad de elección, el amor y el dolor que han presidido su filmografía desde siempre, pero ofreciendo una salida, por extraña o irónica que parezca, a situaciones algo extremas que aparentemente no parecen tener fácil solución o ser capaces de llegar a buen puerto.

  El protagonista de "Hierro 3" no dice una sola palabra a lo lar-go de los 95 minutos de metraje de esta, vamos a decirlo ya, maravillosa película. Ni falta que le hace, pues es más que ca-paz de transmitir con la sola ayuda de su mirada y de sus actos todo lo que pasa por su interior, por más que al principio se nos escape el sentido de algunos de estos últimos. Cuando le conocemos, Tae-suk es un joven que se dedica a entrar en las casas de la gente, casas que sabe vacías de antemano mediante un sistema tan ingenio-so como simple (pone publicidad en las cerraduras de las puertas y vuelve al cabo de un tiempo para ver si sigue allí). Pero nuestro hombre no es un ladrón, ni tiene ningún tipo de intención de ocuparlas más allá de lo estrictamente necesario: escucha el contestador para saber de cuánto tiempo dispone y se instala en ellas por unas pocas horas o días. Pasea por las habitaciones, fotografía cosas, se pone la ropa que encuentra, cocina o se toma un café mientras ve la televisión. Todo de lo más normal. Además, aprovecha para hacer la colada de la ropa su-cia que encuentra y dejarla tendida, ordena armarios, arregla cuanto aparato estropeado encuentra a su paso y al poco desaparece de la casa igual que vino, sin hacer ruido. Y busca otra casa vacía. Es un modo de vida que nos choca profundamente, por supuesto, no ya por-que sea delictiva (aunque no haga daño a nadie) o porque nos pueda parecer insostenible por mucho tiempo, sino porque ninguno de noso-tros podría hacer algo semejante. Ni siquiera imaginarlo.

  Kim Ki-duk nos obliga a plantearnos hasta qué punto son parte indispensable de nuestra identidad como seres huma-nos aspectos como la posesión de bie-nes materiales, tener un lugar seguro donde vivir y desarrollar nuestra existen-cia o la seguridad de una vida ‘normal’, cosas todas ellas de las que carece (y no parece que eso le importe demasiado, ¿le basta acaso con la apariencia de te-nerlas por un corto espacio de tiempo?) nuestro solitario protagonista, por absur-do que parezca. En realidad, Tae-suk ha-ce algo más: su mera presencia en las casas vacías insufla de nuevo vida a esos sitios que, sin la presencia de aquellos que los habitan, carecen de to-do sentido. Esos espacios inertes, muertos, cobijan por un tiempo a un alma solitaria que pasa por ellos con curiosidad por los objetos que revelan detalles de la personalidad de sus dueños y que son tratados con infinito respeto y hasta mejorados por su temporal inquilino, quien pajarea de un lugar a otro sin disponer nunca de uno propio, ni preten-derlo. Pero un día, en una de esas casas, Tae-suk se encuentra con otro alma tan solitaria como la suya: una mujer que le observa hacer su ritual habitual en silencio, sin interferir, movida por la curiosidad de ese extraño que se ha introducido en su hogar como un fantasma. Sun-hwa necesita que alguien la rescate. Es una mujer casi anulada, humillada y maltratada por su déspota marido, que la trata como a uno más de los lujosos objetos que decoran su casa. Ella intuye en Tae-suk una posibilidad de que su vida cobre su sentido perdido y, sin que ninguno de ambos cruce una sola palabra pero entendiéndose a la per-fección, ambos se marchan.

  Y a partir de ese instante, los dos comparten ese errante modo de vi-da, conociéndose, adaptándose, compartiendo esa sensación de liber-tad tan cara a ambos. Es una hermosa relación, que Kim Ki-duk despliega con una puesta en escena despojada de cualquier ar-tificio narrativo, contando su historia con una austeridad llena de momentos poéticos y mágicos, combinados con otros dramá-ticos y hasta cómicos mientras van encontrando, lenta pero de mane-ra inexorable, la forma de encajar y hacer compatibles esas dos sensi-bilidades, esas dos historias que la vida se ha encargado de entrelazar con una fuerza mucho mayor de la que ambos creían posible. Por su-puesto, llegará el momento en el que, por motivos que no viene al caso revelar, las vidas de los dos volverán a caminos separados. Y es en el segundo tramo de la película donde empiezan a cobrar una enorme fuerza todos los elementos que Kim Ki-duk ha ido orquestando de ma-nera sutil desde el comienzo de su obra: si al principio Tae-suk se comportaba como un fantasma habitando esas casas vacías (de he-cho, su propia automarginación de la sociedad le convierte en un ina-daptado, en un espectro al margen de la misma), ahora busca la forma de hacer realidad esa condición, llevado por una idea tan imaginativa como hermosa, pues acaba de insuflar nueva vida a algo mucho más importante que un espacio desocupado. A su vez, su propio corazón (que antes era una casa vacía) está ocupado y lleno de vida, con una energía que jamás ha conocido antes. Ya no sentirá la necesidad de ocupar más casas vacías, precisamente porque ha abierto las puertas de su alma e invitado a alguien a que la ocupe, y sólo esa persona puede volver a proporcionarle la libertad de la que ahora no dispone más allá de su confinamiento. Es una hermosa lectura del amor y de la vida.

  Los que estén familiarizados con el mundo del golf sabrán que los palos lle-van el nombre de hierros y una numera-ción según el uso para el que están des-tinados. El hierro 3 es el palo menos utili-zado por los golfistas, ya que son esca-sas las situaciones en las que resulta necesario. Sin embargo, ahí está, para cuando es preciso. Y es precisamente un hierro 3 lo que Tae-suk utiliza en un principio como herramienta para rescatar a Sun-hwa de su vida desgraciada, un hecho que ni mucho menos resulta ca-sual. "Hierro 3" es, en suma, un film en el que, pese a no haber apenas diálo-gos, se habla, y se habla de manera muy clara, de muchas cosas. Una película que usa de forma sumamente brillante multitud de recursos expresivos para contar una historia utilizando los míni-mos elementos, pero orquestados con tal inteligencia y sutilidad que uno no puede sino rendirse al talento de este impresionan-te director coreano, capaz de conseguir algo tan complejo como emocionarnos hasta el borde de la lágrima a golpe de sentimiento ser-vido en algo que sólo puede ser calificado como pura poesía visual sin descuidar por ello una más que interesante invitación a reflexionar so-bre las múltiples y a menudo surrealistas formas que puede adquirir la comunicación, las complejas maneras de entender la nostalgia o vivir una ausencia, la indestructible confianza que uno puede adquirir en el otro y, en consecuencia, en uno mismo, y, por encima de todo, la ne-cesidad de abrir las puertas de esa casa vacía que todos tenemos por alma para que alguien pueda insuflarle la imprescindible vida.

  "Hierro 3" es uno de esos filmes que pasan por la cartelera como un soplo de aire fresco en una casa mal ventilada. Es más que posible que más de uno no sea capaz de digerir bien una propuesta semejan-te, como cuando se inspira profundamente un aire muy limpio después de pasar demasiado tiempo en un ambiente insalubre, mal acostum-brados como estamos a que esto último sea la norma general en nuestras carteleras. Pero sobre todo es una película para ilusio-narse: ilusionarse con la seguridad de que, por mucho que a veces nos parezca lo contrario, de vez en cuando aparece en la pantalla una maravilla como esta hermosa "Hierro 3" para saber que hay, que por fuerza siempre tiene que haber, gente como Kim Ki-duk repartidas por este ancho mundo, que va a seguir dándonos mu-chas alegrías en el futuro.

Calificación:


Imágenes de "Hierro 3" - Copyright © 2004 Happinet Pictures, Kim Ki-duk Film y Cineclick Asia. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos reservados.

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