CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Historia de
amor al servicio de la filosofía oriental
Kim Ki-duk,
prolífico autor surcoreano que dirige, escribe, y en ocasiones
tam-bién edita y diseña sus producciones, se ha consolidado como
uno de los cineas-tas asiáticos más mimados por los festi-vales y
la crítica internacional, acumulan-do un laureado currículum con
títulos co-mo la desgarradora (en sentido figurado, pero sobre
todo literal) "La
isla", la sose-gada y espiritual "Primavera, verano, oto-ño, invierno... y primavera",
la propia "Hierro 3" o "Samaritan
girl" —cronológi-camente anterior, pero que no será
estre-nada en España hasta dentro de unos días—. En el
largometraje que nos ocupa —que toma su nombre de uno de los
palos de golf menos empleados y que aquí será de bastan-te más
utilidad—, Kim Ki-duk abandona la belleza colorista de los
paisajes naturales que fortalecía algunas de sus anteriores
películas, para presentarnos una atípica fábula de amor urbana,
protagonizada por dos de esos seres marginales, al límite de las
circunstancias y en la frontera de lo onírico, por los que este
realizador siente especial apego, pero, a diferencia de lo que
sucedía en "La isla", para los que el amor será la única tabla
de redención en medio de ese entorno in-hóspito, otorgándoles
cierta esperanza final pese a su pesimista situa-ción.
La mejor
baza de "Hierro 3" viene de la mano de su enigmáti-ca figura
central, cuya actitud y periplo vitales sirven para tejer una
fatalista
metáfora sobre la soledad, la incomunicación y el vacío
existencial que termina dando sentido a un cinta más her-mosa y
aguda por todo aquello que sugiere que por lo que con-tiene en sí
misma. Tae-suk,
atractiva mezcla de indigente, okupa, fantasma y ángel de la
guarda, es un joven que se instala temporal-mente en aquellas
viviendas cuyos propietarios sabe ausentes gracias a la avispada
táctica de dejar un folleto de propaganda colgado en sus
puertas. No obstante, su intención no es la de robar o destruir
las pro-piedades ajenas. Tae-suk duerme en sus camas, se prepara
su comi-da, pero a cambio les riega las plantas, les lava la ropa
sucia y arregla aquellos electrodomésticos averiados, como una
especie de agradeci-miento. Tae-suk, que se saca fotografías
junto a los retratos de los propietarios a modo de souvenir, no
parece tan movido por el ansia de llenar su solitaria vida
experimentando otras vidas ajenas o de encon-trar algo de
compañía diferida, como por la idea de transitar de una ca-sa
vacía a otra porque no desea poseer nada en propiedad, es decir,
es una suerte de asceta que rehuye acabar siendo poseído por sus
propiedades, más allá de esa moderna moto que conduce, y que nos
lleva a sospechar que no existe una imperiosa necesidad
económica detrás de sus actos. Las cosas toman un giro
inesperado cuando Tae-suk va a parar a la casa más lujosa y
también en la que urgen más "reparaciones", y se encuentra con
Sun-hwa, una mujer maltratada por su pudiente marido.
Tae-suk podría haber sido
así el hilo conductor para un incisivo viaje
por las entrañas de una sociedad, representadas en el hogar
familiar, que se salvaguarda en los bienes materiales y la
ostentación de estatus, y descuida las relaciones afectivas y el
cultivo espiritual, sin olvidar tampoco una llamada de atención
sobre la presencia de la violencia en el hogar, ya sea a través
del maltrato físico o los juguetes bélicos. Sin embargo, esa
ex-ploración de los males modernos se queda bastante próxima a
la su-perficie, tropezando en el cliché con los brochazos de
generoso maniqueísmo que el director oriental imprime a ese
paisaje humano por el que Tae-suk pulula —el poder económico del
esposo de Sun-hwa se asociará a un afán de posesión y control que
convierte a la castigada mujer en un objeto más de su colección,
como tampoco faltará el retrato de un policía obtuso, insen-sible
y corrupto, preservando en cambio la integridad de aquellos
otros matrimonios que, a pesar de gozar de una buena posición,
no se dejan sobornar por los síntomas de nuestros tiempos,
aunque esto se limite a cultivar flores de loto en un barreño—.
Porque, en realidad, Kim Ki-duk está mucho más interesado en
dibujar la naturaleza y vicisitudes de ese romance surgido en
los extremos de la desesperación, y es en
este punto donde la grata originalidad que dominaba la primera parte
de "Hierro 3" se
sumerge en el terreno del culebrón —inusual por su tratamiento,
pero culebrón al fin y al cabo—, donde Tae-suk, Sun-hwa y el
déspota marido ejercen de salvador, víctima y verdugo,
respectiva-mente, desembocando en un triángulo final imposible, y
el resto del mundo es tan hostil e incomprensivo que no harán
más que fastidiar la felicidad de esta insólita pareja,
acusación por asesinato y secuestro —más que previsible—
incluida.
Sustentada
en un estilo minimalista de respiración contemplativa y
contención emocional, que propugna la pureza de la forma como
vehí-culo para su discurso en favor del esencialismo, "Hierro 3"
lleva al extremo la máxima de que una imagen vale más que mil
pala-bras sometiendo a la pareja protagonista a un mutismo
alegóri-co que pesa en demasiados momentos, no porque las miradas
y gestos de los expresivos
Lee Seung-yeon
y Jae Hee
no sean capa-ces de suplir la comunicación con el espectador,
sino porque la au-sencia de diálogo llega a hacerse muy poco
creíble en determinadas circunstancias —como esa detención
policial en la que asumen que cualquier explicación sobre su
inocencia sería del todo inútil—, por más que Kim Ki-duk
persiguiera reforzar esa idea de comunión espiri-tual entre dos
almas y su desarraigo delante de una sociedad deshu-manizada en
la que su inocente honestidad no tiene cabida. Una pare-ja
silenciosa que deambula por el mundo como
espectros ajenos a la realidad, y que recordarán por su carácter
outsider a los protagonistas de "Old boy"
y por su aturdido vagar a la deriva a la de "Dolls".
Es esta incorporeidad, ese
progresivo avance hacia la condición fantasmal y la huida, si no
negación, de la realidad material vista como una prisión —que
llegará a su cima en el discutible tramo final—, el leit
motiv de una película abundante en representaciones que
capturan lo físico, como fotografías, espejos y reflejos en los
cristales.
Cabe reconocer en Kim Ki-duk, un autor siempre más intuitivo que
deliberado,
una mirada poco
convencional, interesada en ahondar en los designios del alma
huma-na, e inquieta por explotar las capacida-des dialécticas del
cine para que conti-nente y contenido transmitan un mismo
mensaje. Es "Hierro 3" una cinta sigilosa y depurada, potente en
simbologías y subtextos que se entregan al espectador de manera
incompleta para que sea él quien acabe de darles sentido.
Precisa-mente por ello, "Hierro 3" exige asumir el carácter experimental y surrealista
de una propuesta a menudo rayana con el absurdo, nunca
convincente desde un punto de vista estrictamente lógico, y
que se cierra con una cita digna de Calderón de la Barca —"Es
difícil distinguir si el mundo en el que vivimos es realidad o
sólo un sueño"— que parece venir a ex-cusar su caprichoso
planteamiento. No deja de ser un trabajo inte-resante, pero
todavía imperfecto, irregular y con algunos tropie-zos mal
resueltos, que podrá provocar indiferencia o incluso en-fado en
aquellos a los que les resbale tanta lección de filosofía
oriental, a veces tan forzada que parece extraída de un
socorri-do manual de quiosco. Dicho en otras palabras, "Hierro 3"
sólo está a dos pasos de ser recibida como una (sobrevalorada)
tomadura de pe-lo.
Calificación:
    
Imágenes de "Hierro 3" - Copyright © 2004 Happinet
Pictures, Kim Ki-duk Film y
Cineclick Asia. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Hierro 3"
Añade "Bin-jip" a tus películas favoritas
Opina sobre "Hierro 3" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Hierro 3" a un amigo
|