CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Emociones enfriadas por la
cinefilia
Promocionada como el nuevo "Cinema Paradiso" del siglo XXI, esta
comedia de tono romántico vuelve a rendir homenaje al Séptimo
Arte. Nueva mirada a los primeros momentos del cinematógrafo, y
en espe-cial a Buster Keaton, a quien
Ferrario le dedica la película: en él bus-ca toda la
fantasía, el lirismo y la capacidad de asombro que entonces
tenía el celuloide.
Nada mejor
que un Museo del Cine –en este caso de Turín– para contar esa
historia, inmersa en otra más personal. Allí trabaja como guarda
Martino, hombre solitario que vive en un mundo de sueños e
inocencias, el de su idolatrado Keaton: de sus películas ha
tomado su estilo de vida –incluida la habitación en la que vive–
y también su ma-nera de entender el amor. Junto a su pasión por
el cine, guarda celo-samente un secreto: su amor platónico por
Amanda, una chica que trabaja en una hamburguesería y que aspira
a una vida mejor. Angelo es novio de la chica y ladrón de coches
de ocupación, y verá cómo un encuentro ocasional entre Amanda y
Martino cuando ella huye de la policía da pie a un amor a tres
bandas difícil de resolver.
Un narrador omnisciente y omnipresen-te comienza contándonos
cómo en los comienzos del cine interesaban más los lugares que
los personajes, en un intento por atrapar la realidad y
satisfacer la cu-riosidad de un espectador perplejo ante el
ferrocarril que se le venía encima. Nos habla después de la
comedia y el cine de entretenimiento, con figuras como Kea-ton,
del que el director italiano introduce varias secuencias: era un
cine que ense-ñaba para la vida, cosa que –según él– se echa
falta en la actualidad. Por eso, convierte a Martino en
cineasta, con un peculiar corto que le servirá de declaración de
su amor por Amanda. Así, el espectador asiste a toda una
historia del cine y a la formación de su lenguaje con imágenes,
hasta llegar a la Nouvelle Vague france-sa, también con su
correspondiente guiño argumental a Truffaut y su "Jules et Jim".
Pero, por
encima de esta lección de cine y de lo prolífico de las
refe-rencias, lo cierto es que Ferrario no logra capturar la
magia ni la emo-ción que atribuye al cine, y la historia de amor
no se despega de la frialdad impuesta por la erudición
cinematográfica. Giorgio Passotti
no logra trasmitir la hondura y el sentimiento contenido de
Keaton: la sobriedad de sus gestos no pasan de muecas vacías, y
sus torpes movimientos carecen de la gracia de su maestro. Se
agradece la in-tención de recuperar la humanidad del cine y el
esfuerzo por crear at-mósferas de ensueño, e incluso la
reflexión en torno a la vida como re-alidad más rica y superior
a lo que el cine no se puede ofrecer. Sin embargo, la
continua presencia del narrador, las mediocres
in-terpretaciones, y una puesta en escena artificiosa impiden al
espectador que se meta de lleno en la historia y goce de ella.
En cierta medida, parece que la cinefilia ha sepultado la vida y
le ha quitado su frescura.
Intencionadamente arranca con un mon-taje paralelo de historias
que confluyen conforme avanza la trama –al estilo del cine
mudo–, cuando la cámara pronto co-ge libertad de movimientos y
se desen-tiende de la composición de los planos en un intento de
aportar verosimilitud –como hicieron las Nuevas Olas desde
fi-nales de los años 50–. Es parte de la ob-sesión del director
por rendir tributo a los distintos movimientos del cine:
Ferrario construye una mezcla de estilos cine-matográficos
difícilmente compati-bles, tanto en la forma como en el fondo,
por ejemplo al tratar el amor. Mar-tino y Angelo encarnan así
modos distintos de entender el cine y la vida: el primero
encarna el gusto por la cámara fija, o el amor ingenuo pero
caballeroso y profundo; el segundo se convertirá en paradigma de
la cámara móvil que sale a la ciudad para retratarla, o del amor
sexual y libre de compromiso. Y en ese dilema
cinematográfico-vital, será Martino quien ilumine a Amanda al
recordarle el final de la historia de Truffaut, en referencia a
la exclusividad en el amor. Es también la apuesta de Ferrario.
Gustará a
los cinéfilos aunque no llegue entusiasmar; estuvo en la sección
Punto de Encuentro de la pasada Seminci, pero en absoluto
podemos compararla al inolvidable film de Tornatore.
Calificación:
    
Imágenes
de "Dopo mezzanotte (Después de medianoche)" - Copyright ©
2004 Rossofuoco. Distribuida en España por Sherlock Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Dopo mezzanotte"
Añade "Dopo mezzanotte" a tus favoritas
Opina sobre
"Dopo mezzanotte" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Dopo mezzanotte" a un amigo
|