49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

NADIE SABE
(Nobody knows) (Daremo shiranai)


Dirección y guión: Hirokazu Kore-eda.
País:
Japón.
Año: 2004.
Duración: 141 min.
Género: Drama.
Interpretación: Yuya Yagira (Akira), Ayu Kitaura (Kyoko), Hiei Kimura (Shigeru), Momoko Shimizu (Yuki), Hanae Kan (Saki), You (Keiko, la madre).
Producción: Hirokazu Kore-eda.
Música: Gontiti.
Fotografía:
Yutaka Yamazaki.
Montaje: Hirokazu Kore-eda.
Diseño de producción: Toshihiro Isomi y Keiko Mitsumatsu.
Estreno en España: 13 Mayo 2005.
Estreno en Japón: 7 Agosto 2004.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

El cielo en el infierno 

  Hace años Japón quedó conmocionado ante unos hechos insólitos pero reales que el cine se encargaría de llevar después a la pantalla: cuatro niños de padres distintos habían sido abandonados por su ma-dre en un piso, después de haber pasado su corta existencia ilegal —no estaban registrados civilmente— sin ir al colegio ni ser conocidos por los vecinos; durante seis meses sobrevivieron como pudieron bajo el cuidado del hermano mayor, hasta que un suceso trágico puso fin a la aventura.

  En la ficción, Kore-eda se esfuerza por no incidir en los aspec-tos dramáticos y negativos de la historia, convencido de que aquellos niños debieron tener muchos momentos de complici-dad y alegría junto a otros de tristeza y dificultad. Según sus de-claraciones, «no quería mostrar el infierno visto desde fuera, sino la ri-queza de sus vidas desde dentro». No cabe duda de que lo consigue, pues el inicial ambiente de esa familia es de cariño, ayuda y responsa-bilidad, con una educación que supera con creces la falta del ejemplo de una madre egoísta e inmadura. Se palpa la felicidad e ingenuidad infantil, su insospechada capacidad para superar las dificultades, lo mismo que la debilidad de unos caracteres aún por formar, y que les hará infringir las normas auto-impuestas para no darse a conocer o pa-ra sobrevivir al caos y la necesidad.

  Quizá el mayor mérito del director esté en haber sabido crear un am-biente adecuado para que unos niños, sin experiencia en el cine, se hayan encontrado cómodos y espontáneos: logra extraer de ellos toda su inocencia y sencillez en unos papeles que evolucionan con la histo-ria. Según el director, conseguir el cambio de actitud ante la realidad que viven en la película fue algo facilitado al rodar cronológicamente a lo largo de todo un año, siguiendo las cuatro estaciones, de modo que sus vidas reales iban madurando a medida que lo representaban en la ficción.

  Comienza de manera dulce y entraña-ble, con personajes simpáticos y ejem-plares, de forma que el espectador no su-fre su penosa situación familiar y social, aunque intuye la problemática que se avecina. De manera pausada y progresi-va, la película se va adentrando en los terrenos más dramáticos y duros que puedan imaginarse: con los niños, des-cendemos por un plano inclinado hacia la tragedia, después de haber vivido sus ilu-siones infantiles en torno a un piano, a un guante de béisbol o a unos carame-los; nos indignamos con la ausencia de la madre, percibimos el sentido de culpa de la hija mayor..., o experimentamos las difíciles condiciones de unos niños que, para sobrevivir, recogen sobras de comida o lavan la ropa en la fuente de la calle... Con tacto y lejos de cualquier morbosi-dad, el director logra introducirse en su mentalidad, y trata a sus pequeños personajes con cariño, respeto y comprensión. A pesar de la gravedad de su actuación, tampoco se muestra severo con la madre, cuyo duro pasado se adivina, y explica —-en parte— su irre-flexivo comportamiento. En cualquier caso, nos ofrece humanidad y sensibilidad, a la vez que hace una llamada de atención a las autorida-des incapaces de evitar esas situaciones.

  Para reflejar ese mundo infantil y cotidiano, lleno de cosas pequeñas, Kore-eda recurre a frecuentes primeros planos de rostros y objetos, buscando penetrar de esa manera en su interioridad. Lo hace con la delicadeza apuntada, con mil detalles que van calando en el especta-dor: la manera de recoger la tierra o de acariciar la maleta, de limpiar la pintura de uñas derramada o hacer la colada... Abundan tanto las escenas tiernas como las descarnadas, para concluir con un plano fi-nal congelado en el que los tres niños vuelven la cabeza mientras se van por la carretera, imagen que nos recuerda a la de Antoine Doinel en la playa de "Los cuatrocientos golpes" de Truffaut.

  Gran película, con excelente dirección y magnífica interpretación de Yuya Yariga como Akira —el hermano mayor—, premiado en Can-nes. A pesar de la dureza del drama recogido y de la lentitud para ir contando detalles cotidianos intrascendentes, gustará a todos los amantes del buen cine que aprecien los detalles de una esmerada producción y puesta en escena, así como la delica-da introspección en el mundo infantil. 

Calificación:


Imágenes de "Nadie sabe" - Copyright © 2004 TV Man Union, Bandai Visual, Engine Film, C-Style y Cine Qua Non. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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