CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Cuando el tedio se comparte
El cine
mexicano llegaba a la última edición de la Seminci represen-tado
por esta película de Eimbcke,
comedia sobre unos adolescentes que han preparado
concienzudamente un plan de disfrute para un do-mingo
cualquiera, en la soledad y libertad de ser los dueños y señores
de la casa por un día. Pero las cosas nunca salen como uno ha
previs-to, y siempre la vida es más rica que la teoría. Por eso,
a Flama y su joven amigo Moko se les va al garete toda su
programación de video-juegos, comida a domicilio y demás
entretenimientos, cuando una ve-cinita “aguafiestas”, un apagón
de luz o un repartidor de pizzas les obligan a adaptarse a
nuevas circunstancias y reorientar el empleo del tiempo
dominical.
La
historia va engarzando situaciones cómicas y variopintas,
algunas de ellas con gracia y muchas previsibles para el
espectador por caer en tópicos adolescentes. A pesar de
trabajar con actores noveles buscando la autenticidad, no la
logra y se aprecia la inexpe-riencia de los chavales o la falta
de dirección del mexicano pa-ra llevarles con soltura,
resultando una puesta en escena anodi-na y a ratos artificiosa.
Hay que
alabar la valentía de Eimbcke por trabajar con niños, y tam-bién
por querer trasmitir la idea de que siempre la conversación, el
tra-to personal, la amistad es más enriquecedora que el mejor de
los vi-deojuegos, programa de televisión o plan goloso y
egocéntrico, pero esto no resulta suficiente para sostener una
buena película. En este caso, el guión adolece de imaginación,
como los propios niños al orga-nizar ese día; su ritmo es
repetitivo –aunque los gags sean distintos–, y la metáfora del
cuadro de los patos como liberación de normas y ne-cesidad de
aunar fuerzas para vencer en la vida... acaba cansando al
público más paciente.
Mérito del realizador es mantener la trama en el espacio
acotado de un piso, y lograr romper la sensación de
claustrofobia mediante una fotografía en blanco y negro que
genera volú-menes y espacios nuevos, así como el uso de la
cámara adoptando perspectivas atrevidas que agrandan las
habitaciones; en este sentido, es eficaz su ubicación, por
ejemplo, en el mismo foco de la tele-visión, del horno o del
comentado cuadro, que obligan a los tres niños o a su nuevo
amigo telepizzero a mirar a cámara: ele-mento de modernidad que
lleva a relacio-narse con el espectador y ampliar espacios, pero
del que abusa al re-petirlo hasta la saciedad. Más dudosos son
los flash-back con imá-genes en técnica digital, introducidos
para traer a colación recuerdos de sus andanzas o traumas, pues
no aportan nada y rompen el ritmo y la historia central.
Análisis
superficial sobre el aburrimiento y los anhelos de unos
ni-ños/adolescentes en un día de domingo, pobre en contenido
y de dudoso entretenimiento para el espectador, a pesar de
su preten-dida crítica a la sociedad deshumanizada que no cree
en los jóvenes ni en sus posibilidades.
Calificación:
    
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Cinepantera y Lulú Producciones. Distribuida en España por
Sherlock Films. Todos los derechos
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