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50º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE
DE DONOSTIA - SAN SEBASTIÁN
19 - 28 Septiembre 2002
Rubén
Corral,
San Sebastián
Tras un arranque prometedor y con perspectivas halagüeñas (todavía
falta por ver lo último de Paul Schrader y la película de Basilio
Martín Patino), lo cierto es que estos días el Festival ha vivido un
bajón en toda regla. Un bache, proba-blemente, pero un bache que
provoca el hastío, que despierta el sueño en la sala de proyección y
la desesperación en la prensa.
Por eso, y tras la entrega hoy del segundo premio Donostia a la
actriz
Jessi-ca Lange
(cuya aportación al séptimo arte no sé yo si está a la altura de
otras premiadas como Bette Davis o Claudette Colbert), al enviado
especial le entra un bajón paralelo al de la sección oficial y, lo
que debería ser típico arranque de la crónica del jueves o del
viernes, finalmente es el de la de hoy miércoles.
Para que tengan una idea del papel que desem-peña este periodista en
San Sebastián les narraré la agenda del día de hoy. Agenda que
empieza ayer porque a las siete y media de la tarde de cada día hay
un pase de prensa de la película que se presenta al día siguiente a
las nueve de la ma-ñana en la sección oficial. Así no hay que
madru-gar tanto. Ayer martes comenzó, pues, el miérco-les con uno de
los títulos con pedigrí del cartel: la película de
Chen Kaige,
“Together”.
Para sorpresa de casi todos –tam-bién mía– lo que contemplamos en el
Teatro Principal de San Sebastián fue una versión conservadora de
las fábulas conservadoras de la época más con-servadora de la
factoría Disney firmada por un chino con prestigio crítico (a mí no
me miren que yo no he sido) en Europa. Fueron dos horas y pico de
película con un chaval de pueblo que toca el violín muy bien –según
dicen– y que, en Pekín, llega hasta la cumbre, pero le dan a elegir
entre ser “feliz” en su pueblo con su padre adoptivo, que trabaja de
lo que salga, o ganar fama y dinero en un concurso internacional de
violín. Y elige, por supuesto, la primera opción. Tras marear la
perdiz y dar dolor de cabeza al personal durante esos ciento treinta
minutos. Chen Kaige, que ha comparecido en rueda de prensa esta
mañana no tenía palabras para justificar su fechoría, y todo lo que
ha dicho ha sonado a coartada. Está visto que hay que retirarle el
crédito al competidor oficial –y segundón oficial– de Zhang Yimou.
Como les digo, dolor de cabeza cuando abando-namos la sala a las
diez menos veinte de la no-che. Desde que llegó el islandés
Baltasar Kor-mákur
con su infumable
“The sea”
(Hafid,
2002) lo cierto es que la meteorología se ha aliado con-tra nosotros
y, a esa hora, hace frío. Toca comer-se un pincho rápidamente en la
Taska Etxaniz para después elegir entre enclaustrarse otra vez en el
Teatro Principal en compañía de otros com-pañeros de la prensa hasta
las dos (sesión doble conformada por esa película alemana que usted
no iría a ver al cine y una de esas cintas que han triunfado en el
último festival de Sundance) de la madrugada o rastrear en la oferta
para-lela algo mejor que hacer. La experiencia del día anterior es
fundamental: la peor película vista en la vasta programación del
festival es canadiense, se llama
“Yellowknife”
(Rodrigue Jean,
2002) y se vio a las diez de la noche. Y ade-más, lo cierto es que
el homenaje que se ha preparado a
Francis Ford Cop-pola
en esta 50ª
edición permite poder ver en cine, en una copia excelente, una de
sus mejores películas a las once de la noche. Se trata de
“La con-versación”
(The conversation, 1974) y no hay dudas al respecto. Dos
horas de placer conspiranoico en compañía de un inmejorable
Gene Hackman
y a la cama, que hay que madrugar para escuchar lo que tenga que
decir Chen Kaige sobre su tostón.
La primera cita de la jornada, una vez esquivado el pase de las
nueve de la mañana, es a las doce del mediodía en la sala 1 del
palacio Kursaal, un enor-me espacio con capacidad para 1.800
personas. Nosotros (tanto Mateo San-cho Cardiel como yo) solemos
sentarnos en la parte de abajo, relativamente cerca de la pantalla.
En realidad yo suelo hacerlo en el flanco izquierdo de la sala –por
donde suelen parar Antonio Gasset, Carlos Pumares y Ángel Fernán-dez
Santos- y Mateo por el derecho –donde no fallan los inseparables Oti
Ro-dríguez Marchante y Carlos Boyero-, así tenemos siempre cubiertas
las opi-niones “oficiales” de los grandes diarios.
Hoy tocaba
“Aro Tolbukhin en la mente del asesino”,
experimento dirigido por
Agustí Villa-ronga
–como cabeza de cartel–,
Lydia Zimmer-mann
e Isaac P.
Racine. El
resultado no es que nos colme de felicidad, pero sí al menos nos
en-contramos ante un nuevo eslabón de un cine que, cuando menos, se
interroga acerca del modo en que se realiza. Es un cine curioso y,
hasta cierto punto, innovador. Sin embargo, tras la comparecencia
del equipo ante los me-dios la sensación general es que los tres
directores no han sabido comunicar todo lo que querían contar en
esta historia. La sensación es que con la narra-ción de la vida de
un marino húngaro que quemó a siete mujeres en una misión se lo han
pasado bastante mejor ellos que el público.
Mucho más entretenidos están los eventos paralelos. Hoy ha tenido
lugar el día del cine vasco, curioso eufemismo que engloba películas
españolas en las que participa algún vasco. Porque, tal y como
aseguraba la Asociación de Pro-ductores Vascos en su reciente
presentación a los medios hace unos días en Bilbao, por San
Sebastián estos días no hay cine vasco. La razón es que no se ha
hecho una película vasca desde mediados del año pasado. Bajo este
capa-razón publicitario se han proyectado películas de lo más
variopinto: el –por enésima vez– irregular último film de Imanol
Uribe, “El
viaje de Carol”, la intrascendente
“Canícula”,
vacua película del director bilbaíno
Álvaro García Capelo,
la incursión en el cine bélico de
Da-niel Calparsoro,
“Guerreros”,
o “La noche
del escorpión”,
de Eva Les-mes.
Junto a ellos cortos vistos y sin pena por ver como
“Looking for Chencho”,
de Kepa Sojo
o “El diablo
ena-morado”,
de César
Sabalia.
Otro evento paralelo bastante más interesante tenía lugar el martes
en los cines Príncipe. Se trata de “Cine en construcción” (sí, el
título va por Guerín), que presentó a los medios y potenciales
inversores películas todavía sin terminar. El que firma se pasó por
la proyección en vídeo de un montaje muy preliminar de 80 minutos de
dura-ción del documental fantástico
“Ataúdes de luz”,
la tan esperada llegada al territorio del largo-metraje del
cortometrajista catalán
Nacho Cerdá
(autor de “Aftermath” en 1994 y “Génesis” en 1998). En esta
película, que mucho me temo que va a ser bue-na, asistimos a la
resurrección (¿invención? ¿qué más da?) de un (¿supues-to?) director
de cine orensano llamado Sergio del Monte, un personaje miste-rioso
metido en diversas sectas, que fue brutalmente asesinado el segundo
día de rodaje de su primera película y que habría contactado con
personalidades del cine español tan sobresalientes como Val del Omar
además de haber tra-bajado con J. A. Pérez Giner, Narciso Ibáñez
Serrador, Paul Naschy o Jesús Franco. Semblanza sin terminar
auspiciada por el siempre inquieto José Luis Rebordinos, coordinador
de la Semana de Terror de San Sebastián, la figura de este tal
Sergio del Monte puede colarse simultáneamente en el corazoncito de
los aficionados al nuevo documental español y en el de los acérrimos
del fan-tastique español. Atentos a la jugada.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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