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Fotos © 2002 Eñaut Mateos Gómez. En colaboración con
Ciberanika.com
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50º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE
DE DONOSTIA - SAN SEBASTIÁN
19 - 28 Septiembre 2002
Rubén
Corral,
San Sebastián
No
es tan frecuente la presencia en determinados festivales (categoría
A, nos vanagloriamos) de pe-lículas tan decididamente impersonales
pero aun así efectivas y entretenidas como la que abría la sección
oficial de esta quincuagésima edición del Festival de Cine de San
Sebastián. Se trata de un remake de “Bob, le flambeur”, poco
conocida cin-ta del director de “El silencio de un hombre”,
Jean-Pierre Melville, y que en esta ocasión toma el nombre de
“The
good thief”.
Protagonizada por un
Nick Nolte
con sinusitis crónica y la voz grave y rota de Tom Waits y Leonard
Cohen, su protagonista no ha podido venir a San Sebastián a
presentarla junto a su partenaire en pantalla,
Tchéky Karyo
y su director, el irlandés
Neil Jordan.
Al parecer, Nolte ha confundido la realidad con la ficción que le
proponía esta película y, hace unos días ingresaba en prisión tras
ser detenido por conducir tras haber tomado drogas.
El
asunto es mucho más grave en “The good thief”, donde interpreta a un
jugador al que ha abandonado la suerte y al que sólo las drogas
duras parecen reconfortar. Película entretenida, bien conducida
–aunque de manera más imper-sonal que en la época de “Juego de
lágrimas” o “En compañía de lobos”– por Neil Jordan que, como vive
en Irlanda puerta con puerta con Bono, el vocalista de U2, encargó a
su vecino una versión del “That’s life” –que aso-ciamos a la voz de
Sinatra– a este cada vez menos músico y más personaje de papel
couché. No es más que un pero que huele a sacrilegio de andar por
Dublín a una película a la que no hay que ponerle demasiados. Tal y
como ase-guraba Jordan en la rueda de prensa, en su película no hay
intenciones críti-cas. Es cine de entretenimiento... Y del bueno,
añadiría. Nada que envidiar –si bien desde coordena-das
cinematográficas muy lejanas– a “Ocean’s
eleven” de Steven Soderbergh, otro artefacto muy bien
empaquetado ante el que pasar un rato mucho más productivo
–personal, éticamente– que ante un informativo de televisión (por
ejemplo).
Tanto
contra la oscura, pérfida, maleable y triste-mente claras
intenciones de los informativos de televisión, como contra una
sociedad tan oscura, maleable y tristemente transparente como la
nor-teamericana se dirigen buena parte de las cargas de profundidad
del documental
“Bowling for Co-lumbine”,
presentado en la sección oficial a con-curso del pasado festival de
Cannes y dirigido por
Michael Moore.
Tras la sesión dedicada a
“Pa-sos
de baile”, la
película de
John
Malkovich
(que no ha gustado a tanta gente
como hizo en Venecia), ha sido la encargada de agradar a un público
que ha abarrotado la sala pequeña del Kursaal. Agradar y, hasta
cierto punto contentar de manera casi fácil a un público europeo al
que le da risa la realidad social estadounidense porque lo cierto es
que se parece cada vez más a un capítulo de “South Park” que a otro
de “Melrose Place”.
Michael Moore
es un director militante, muy competente y –por denominación de
origen– sabedor de que su mensaje necesitará de un buen carro de
invectivas populistas para que funcione como un electro-shock para
la población estadounidense. Y las incluye, desde luego.
Sin
embargo, no dejo de pensar en qué probabi-lidades tiene una película
inteligente pero de inte-reses no productivos en los Estados Unidos
de llegar al público objetivo al que Michael Moore po-siblemente
quiera dirigir su propuesta. Sopesando el hecho de que Moore se
incluye en el grupo de los “mediáticos” que mueven los intereses de
la masa hacia un concepto abstracto como el miedo, y sabiendo
–compitió en Cannes– que su película goza de los parabienes de los
intelectuales europeos que ya la canonizaron en el festival francés,
“Bowling for Columbine” se revela una buena película abocada al
fracaso más desesperanzador –comercial, más que probablemente, pero
también intelectual– .
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LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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