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DESENFOCADO
(Auto focus)

Ampliar cartel |
Dirección: Paul Schrader.
Año: 2002.
País: USA.
Duración: 100 min.
Interpretación: Greg Kinnear (Bob
Crane), Willem Dafoe (John Carpenter), Maria Bello (Sigrid
Valdis), Rita Wilson (Anne Crane), Ron Leibman (Lenny), Bruce
Solomon (Feldman), Michael E. Rodgers (Richard Dawson), Kurt
Fuller (Coronel Klink), Christopher Neiman (Robert Clary), Lyle
Kanouse (John Banner / Sargento Schultz), Ed Begley Jr. (Mel
Rosen).
Guión: Michael Gerbosi; basado
en el libro 'The murder of Bob Crane' de Robert Graysmith.
Producción:
Scott Alexander, Larry
Karaszewski, Todd Rosken y Pat Dollard.
Música:
Angelo Badalamenti.
Fotografía: Fred Murphy.
Montaje:
Kristina Boden.
Diseño de producción: James Chinlund.
Dirección artística:
Seth Reed.
Vestuario: Julie Weiss.
Estreno en USA:
18 Octubre 2002. |
CRÍTICA
por
Rubén Corral
Valoración:
  
¿Quién mató a Paul Schrader?
Hojeando el dossier de prensa de “Desenfoca-do” (Auto focus,
Paul Schrader,
2002), a algu-nos creyentes en la religión de la teoría de los au-tores
nos sorprende que, en las notas de produc-ción el nombre de Paul
Schrader no aparezca hasta la mitad del segundo de los folios que
ex-plican el proceso que ha desencadenado con la exhibición de esta
película. También nos sorpren-de que el creador de guiones
sobresalientes co-mo los de “Taxi driver” (id., Martin Scorsese, 1976),
“La costa de los mosqui-tos” (The Mosquito coast, Peter Weir, 1986) o
“Al límite” (Bringing out the dead, Martin Scorsese, 1999) no incluya su
nombre junto al autor del libreto de “Desenfocado”,
Michael Gerbosi,
pese a que participara de manera bien activa en la redacción final de un
guión que narra el éxito y derrota consecutiva, la vic-toria y la caída
a los infiernos (les suena, ¿no?) del actor y locutor de radio Bob
Crane, un hombre “con problemas de imagen”: por un lado, de cara al
público, el prototipo del padre norteamericano, y, por el otro, un
impenitente mujeriego aficionado a la pornografía que fue incapaz de
mantenerse fiel a sus dos espo-sas.
Con el material
propuesto por Michael Gerbosi en la mano y, teniendo en cuenta la
carrera del director de “Aflicción” (Affliction, 1997), su interés por
los personajes que –citando a Schrader– “hacen las cosas correctas por
razones equivocadas y las cosas incorrectas por los motivos acertados”,
no era de ex-trañar que, pese a la ligereza con la que arranca la cinta,
los productores que pusieron en marcha el proyecto recurrieran al
guionista de “Toro salvaje” (Ra-ging Bull, Martin Scorsese,
1980). Sin embargo, y pese a que hay que advertir que “Desenfocado” se
encuentra muy por encima de la media habitual del cine industrial, por
sus cargas de profundidad, por su libertad y por su fluidez en el cambio
de tono –visual y temático–, no es la película que Paul Schrader, el que
pasará a la historia del cine con todos los honores, habría firmado en
otras con-diciones, independientemente de sus mundialmente notorias
fluctuaciones aní-micas.
Todo ello debido a una primera parte de as-censión, de presentación del
personaje Bob Cra-ne (Greg
Kinnear
ligeramente por debajo de lo que podía
esperarse de un actor de su –todavía– proyección) en la que
la narración se convierte en una pesada rutina que Schrader
parece tener que soportar para llegar a los momen-tos más interesantes
del film, que coinciden con el
comienzo del declive de un Crane incapaz de guardar dinero, enamorado de
la tecnología videográfica que le proporciona su amigo John Carpenter (Willem
Dafoe,
en un papel que no es el del director de la excepcional “Fantasmas
de Marte”), obligado a cargar con su imagen de gracioso para
toda la vida, atrapado en su adicción al sexo e incapaz de man-tener una
relación estable. Hasta entonces, y ya desde los desacertados títu-los
de crédito, hemos asistido a una aburrida comedia cargada con balas de
fo-gueo, de una banalidad que roza la estulticia (porque no tiene un
trasfondo tris-te, como diría Otar Iosseliani). Pero en el punto clave
de la película, que queda brillantemente difuso –no coincide exactamente
con el final de la teleserie pro-tagonizada por Crane, no coincide con
el final de su primer matrimonio–, sur-gen progresivamente la
interesantísima fotografía del veterano
Fred Murphy
(su carrera llega hasta “Mothman”
viniendo de trabajar con el mismísimo John Hus-ton en “Dublineses”), de
tonos saturados y celuloide quemado, que tan bien se identifican con el
estado anímico de Crane. Hasta entonces, la película ha re-mitido,
cromáticamente hablando, al Technicolor años 60, a las películas con
Rock Hudson haciendo de galán, a comedia de olvido semiautomático.
También aparece en
aquel momento el score de
Angelo Badalamenti,
que hasta entonces permanecía sepultado por la música ligera, por hits
de la épo-ca, por jazz de segunda (alguna canción de primera, de
acuerdo). Badalamenti, que no tiene que remontarse muy atrás para
encontrar en la histórica partitura de “Mulholland
Drive” (id., David Lynch, 2002) su referente máximo.
Es esta segunda parte mucho más relevante, la que haría el director de
terror que es Paul Schrader, ya que deja muchas más imágenes que se
pegan a la memoria y deja al descubierto muy a las claras las miserias
morales de los es-tadounidenses, esos monolíticos defensores del
puritanismo que generan las mayores cuotas de pornografía. Porque lo que
caracteriza el persona-je de Bob Crane es su desmedida devoción por la
imagen sexual explícita, por un narcisismo enfermizo que le lleva a
aprovechar su contacto con el personaje de Carpenter –uno de los
introductores de la tec-nología del vídeo en los Estados Unidos– para
grabarse en vídeo mientras da rienda suelta a sus fantasías sexuales con
mujeres que conoce en giras con su grupo de teatro o en la propia ciudad
de Los Angeles, aprovechándose de su verborrea, su capacidad para
disparar la lisonja correcta en el cocktail adecua-do y, como no, su
fama como estrella de la televisión.
Sin embargo, la
progresiva aparición de sus necesidades, obsesiones, gustos sexuales en
la esfera pública –más o menos off the record, claro– motivarán un
cambio en la consideración pública de su personaje, censurándose de esta
manera a la persona por satisfacer unos deseos que la sociedad está
desean-do satisfacerle en la puerta de atrás de la hipocresía. Crane
comienza su decli-ve –conyugal, afectivo y social– de esta manera y su
caída encontrará fin de-masiado pronto.
Aunque resulte hasta cierto punto pretencio-so, no está demasiado lejos
de la realidad que el flanco de acorralamiento de la sociedad sobre el
individuo atrayera bastante más a Schrader hacia la historia que ha
rodado que la lectura que –por culpa y gracias a la labor del director,
no olvide-mos– el espectador lleva en la cabeza cuando, sin reflexionar,
abandona la sala de proyección: la miseria personal a la que una
aficción perniciosa lleva a un triunfador. Esa lectura, que puede
abundar, es exactamente lo que, probablemente, querría haber evitado. Y
quizá lo haya fomentado al correr el riesgo de no dejar las cosas del
todo claras. Esto, con el otro Schrader, el de los buenos tiempos (el de
“Posibilidad
de escape”) no pasaba.
Imágenes
de "Desenfocado" - Copyright © 2002 Sony Pictures Classics y
Propaganda Films. Fotos por Frank Masi. Todos los
derechos reservados.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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