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HISTORIAS MÍNIMAS


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Dirección: Carlos Sorin.
Países: Argentina y España.
Año: 2002.
Duración: 92 min.
Interpretación: Javier Lombardo (Roberto), Antonio Benedictis (Don Justo), Javiera Bravo (María), Laura Vagnoni (Estela), Mariela Díaz (Amiga de María), Julia Solomonoff (Julia), Anibal Maldonado (Don Fermín), Magín César García (Cesar García), María Rosa Cianferoni (Ana), Carlos Monteros (Losa).
Guión: Pablo Solarz.
Producción: Martín Bardi.
Música: Nicolás Sorín.
Fotografía: Hugo Colace.
Montaje: Mohamed Rajid.
Dirección artística: Margarita Jusid.
Estreno en España: 15 Noviembre 2002.

CRÍTICA por Rubén Corral
Valoración:

Cine llano

  Si bien es cierto que, de alguna manera, el re-flejo de la situación argentina está alcanzando con el paso del tiempo un lugar común en la car-telera cinematográfica, no deja de ser menos cier-to que ese tipo de cine cotidiano, de personas, de narraciones íntimas, de problemas del día a día se va perfeccionando con el paso del tiempo. De este modo, este “cine llano”, tal y como calificaba el director de “Historias mínimas”, Carlos Sorin, la forma en que había rodado su último trabajo, está en camino de enturbiar la visión de un país en crisis como la Argentina. Por suerte, siguen produciéndose con igual frecuencia otro tipo de cine que, si bien debería compaginarse salu-dablemente con la visión de la tremenda importación optimista de la cinema-tografía argentina, no se ve tanto, que es tan interesante o más y que tiene en Israel Adrián Caetano al director más necesario –aunque trate historias cotidia-nas en aparente clave de género–, tras haber completado un proceso de aleja-miento de los postulados más “neorrealistas” con el rodaje de “Un oso ro-jo” (2002), tercer y necesario eslabón de una carrera que se inició con “Pizza, birra, faso” (codirigida con Bruno Stagnaro) y siguió con “Bolivia”.

  No obstante, en esta línea “sucia” –que también atañe a otros países y otros cines en crisis del entorno, como el uruguayo– no desea enmarcarse “Historias mínimas”. Su apuesta, al menos de cara al mercado, carece del riesgo que debe exigirse a la cinematografía de un país en la situación de Argentina, en una situación que convierte al cine, aunque pretenda embarcarse en procesos de industrialización o de incremento de rentabilidades, en un testigo necesario que debe denunciar determinadas situaciones. “Historias mínimas” no es esa película que levante la voz, pero sí que contiene otras apuestas de riesgo, más íntimo, de una trascendencia menor pero aun así meritorias.

  Algo tan habitualmente rutinario de un rodaje co-mo la elección del elenco de actores es uno de sus puntos a favor. Encabezado por Javier Lom-bardo y Enrique Otranto, el resto de los intér-pretes no dejan de hacer lo que hacen en sus respectivas vidas. Incluidos los “actores” que de-sempeñan roles tan importantes en el devenir de la película como el de don Justo, que está in-terpretado por Antonio Benedictis, un señor de ochenta años que ha sido mecánico matricero toda su vida, vive en Montevideo y está jubilado desde hace veinte años. En la película es un señor mayor que decide hacer 300 kilómetros para encontrar a “Caramala”, un perro que se escapó de su tienda hace tres años y que, aseguran, han visto en San Julián. Tampoco es profesional Aníbal Maldonado, que da vida a Fermín Maldonado. El actor en realidad es un correntino “musiquero” que toca el acordeón y com-pone –como se definió en una divertida rueda de prensa en el 50º Festival de cine de San Sebastián donde se presentó la película, cuando él mismo todavía no había visto el resultado final por el que le preguntaban los periodistas–.

  En este sentido, la sensación de verosimili-tud y de realismo está asegurada. Así, a la pe-lícula podrá achacársele valentía para encarar la situación crítica actual de Argentina, pero en nin-gún caso podría decirse que su argumento es una componenda que la rehuye. Más al contrario: re-fleja una Patagonia cambiante, una provincia de paisajes desérticos que ya vimos en “Todas las azafatas van al cielo” (Daniel Burman, 2001) pero vista, esta vez, desde la perspectiva de la gente de allí, cuya interactuación con los actores modificaba, en más de una ocasión, la esencia de la historia. Cine realista, cine llano, en fin, en el que no se habla del corralito financiero ni de las caídas de los presidentes, sino cine en el que se habla de la llegada de 180 canales de televisión a una región donde antes sólo había ventanas y paisaje, cine en el que perderse para pensar (como hace una bióloga interpretada por Julia Solomonoff, quien, por supuesto, tampoco es actriz).


Imágenes de "Historias mínimas" - Copyright © 2002 Guacamole Films, Wanda Visión y Nirvana Films. Todos los derechos reservados.

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