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HISTORIAS MÍNIMAS

Ampliar cartel |
Dirección: Carlos
Sorin.
Países:
Argentina y España.
Año:
2002.
Duración:
92 min.
Interpretación:
Javier
Lombardo (Roberto), Antonio Benedictis (Don
Justo), Javiera Bravo (María), Laura Vagnoni
(Estela), Mariela Díaz (Amiga de María), Julia
Solomonoff (Julia), Anibal Maldonado (Don
Fermín), Magín César García (Cesar García),
María Rosa Cianferoni (Ana), Carlos Monteros
(Losa).
Guión: Pablo
Solarz.
Producción:
Martín
Bardi.
Música:
Nicolás
Sorín.
Fotografía:
Hugo Colace.
Montaje:
Mohamed
Rajid.
Dirección artística:
Margarita Jusid.
Estreno en España:
15 Noviembre 2002. |
CRÍTICA
por
Tònia
Pallejà
Pura vida
No
se puede entender "Historias mínimas", ni los personajes que nos
presen-ta –y por los que toma partido por encima de todo– fuera de ese
contexto geográfico en el que nos sitúa esta deliciosa película: la
Patagonia. Una vasta estepa en cuya yerma superficie la hierba seca
forma un áspero vello dorado, donde el viento no encuentra obstáculos
físicos a su paso, el clima castiga sin misericordia, y el horizonte es
tan ancho y despejado que ahoga. Y como con-traprestación, en ese
desértico fin del mundo donde la vida parece que todavía no ha
comenzado, nos encontramos unos habitantes cálidos y generosos, con una
pureza y humildad que hasta resultan utópicas, y que contrastan con esa
otra realidad contaminada, la que les ofrece la televisión, a la que
Sorin
critica duramente, y que es un fenómeno tan arraigado en la zona: es su
ventana al mundo exterior, un mundo estúpido al que no tienen nada que
envidiar desde su pequeño rincón perdido en algún lugar del planeta.
En
esta enorme planicie, surcada por eternas y poco transitadas vías de
asfalto, tres personajes, tres historias mínimas, viajan esperanzados
como persiguiendo una zanahoria imaginaria que cuelga ante sus narices,
una ilusión inventada o real a la que se agarran para ahuyentar la
monotonía, la soledad. Don Justo, un anciano que escapa de la tutela de
su hijo para encontrar a Malacara, su perro huído tres años atrás; un
animal que tiene mucho que contar, pues el viejo no hace otra co-sa que
ir al encuentro de su propio perdón. Roberto, un representante comer-cial
hecho al volante, que le lleva una tarta de cumpleaños –la futbolística
"tor-ta" que aparece en el cartel promocional del film– a René, el hijo
de una joven viuda a la que pretende. Y María, madre soltera sin apenas
medios económi-cos, que se dirige a la televisión con la promesa de
conseguir un electrodo-méstico que ni ella misma sabe para qué sirve. Los
tres van camino de San Juan para ver realizado su sueño, para
reconciliarse con uno mismo, y sus destinos se cruzarán en un momento u
otro.
Era casi inevitable construir una road movie con las posibilidades que
ofrece semejante paraje y Sorin tiñe de comedia sus paulatinos
encuentros con otros personajes secundarios que conocerán a su paso. El
cineasta argentino no busca apenarnos; por más que haya componentes muy
amargos, inclu-so sórdidos, en esta aventura, huye de la tristeza antes
de embarrancar en ella, y todo tiene un pátina de afecto y cordialidad.
Como la mayor parte del cine argentino que ate-rriza en las salas
españolas, y que debe competir con el feroz gigante norteamericano de
las stars y los efectos especiales –esas películas en las que sucede
todo aquello que nunca ocurre en reali-dad–, la gran arma de "Historias
mínimas" es pre-cisamente su contrario, mostrar ficciones con pul-so,
creíbles, cotidianas, ciudadanos corrientes arrancados de la tierra en
su día a día. Por este motivo, se tomó la decisión de trabajar con
actores en su mayoría no profe-sionales, rodando con extrema
flexibilidad, hasta sin que mediara guión en oca-siones, aprovechando su
espontaneidad y frescura. Y así sucede que el film transpira pura vida
sin filtros ni aditamentos. Ésa es su gran baza, ése es su tesoro
oculto, gracias al cual conecta tan bien con el público.
Pero la diferencia con esas otras producciones argentinas de los últimos
años ("Nueve reinas",
"El mismo amor, la misma lluvia",
"El hijo de la
novia"...) es que, además de no contar con la presencia de Ricardo Darín
(como bromeaba Sorin durante la presentación de la cinta), su acción se
desarrolla lejos del agitado entorno urbano, buscando la sencillez en la
trama, el detalle de los silencios y las miradas, recoger aquello
intangible que llena los vacíos, y que tan difícil es de describir.
Carlos Sorin, que al igual que otros directores proviene del campo de la
publicidad, no es un autor pródigo ni con una larga trayectoria en el
largometraje a pesar de su experiencia tras las cámaras. Se da la
circunstancia de que su ópera prima, "La película del rey" (1986), cosechó
un gran éxito internacional, consiguiendo hacerse con el León de Plata
en Venecia y un Goya como Mejor Película Extranjera, entre otras
menciones, tras lo cual siguió un segundo título, "Eternas sonrisas en
New Jersey" (1989), del cual el realizador preferiría no tener que
acordarse, tal fue la decepción que le supuso. Trece años de silencio y
llegamos al presente film, un proyecto le-vantado sin grandes
expectativas, costeado incialmente por el propio Sorin, de planteamiento
modesto, y que sin embargo ya ha empezado a obtener recono-cimientos
fuera de sus fronteras –Premio Especial del Jurado en San Sebas-tián–
además de un destacado rendimiento en su país.
Hablamos de una historia que saca bastante buen provecho de la anécdota
argumental de la que parte, que se hace apetecible la mayor parte del
tiempo sin necesidad de usar fuegos de artificio, y que roba la simpatía
del público por su honestidad y naturalidad. Y aunque Sorin llega de un
medio, el publicitario, tan tendente al fingimiento, a la trampa, al
cartón-piedra, su narración es austera, simple pero efectiva, donde la
cámara cumple con su función de captar la realidad tal cual, sin
barroquismos, pero apurando cada pormenor en los rostros, en los
objetos.
Tres relatos muy humanos que acaparan la atención a pesar de que en
princi-pio parezcan una nadería, tejidos con optimismo, profundo
conocimiento, y res-peto, sobre todo mucho respeto. Es ésta una cinta
recomendable sobre to-do para aquellos que entiendan el cine como un
reflejo de la vida, para los que busquen un cine de carne y hueso, y
deseen verse contagiados desde un prisma positivo.
Calificación: 8
Imágenes de
"Historias mínimas" - Copyright © 2002 Guacamole Films, Wanda Visión y Nirvana Films. Todos los
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LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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