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Dirección: Adolfo Aristaráin.
Año: 2002.
Países: España y Argentina.
Duración: 112 min.
Interpretación: Federico Luppi
(Fernando Robles), Mercedes Sampietro (Liliana Rovira), Arturo
Puig (Carlos Solla), Pablo Rago (Pedro Robles), Yaël Barnatán
(Fabiana), Carlos Santamaría (Pedro), Valentina Bassi (Natacha),
María Fiorentino (Tutti Tudela), Claudio Rissi (Demedio).
Guión: Adolfo Aristaráin y
Kathy Saavedra; basado en la novela 'El renacimiento' de Lorenzo
f. Aristaráin.
Producción:
Gerardo Herrero, Adolfo
Aristaráin y Javier López Blanco.
Fotografía: Porfirio Enríquez.
Montaje:
Fernando Pardo.
Dirección artística:
Abel Facello.
Vestuario: Kathy Saavedra y
Valentina Bari.
Estreno en España: 4 Octubre 2002. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Valoración:
   
Una mirada esperanzada
A partir de la
novela "El renacimiento" (Lorenzo
F. Aristaráin)
y de nuevo con la colaboración de
Federico Luppi,
su actor fetiche y “alter ego”,
Adolfo Aristaráin
vuelve a la pantalla tras cinco años y después de haber cosechado
éxitos como "Un lugar en el mundo" (1992) y especialmente "Martin
(Hache)" (1997).
Ahora nos ofrece una mirada a la intrahistoria de una Argentina que
sufre la crisis económica y el éxodo de sus gentes, y lo hace por
medio de “una historia de amor sólido y profundo, de respeto
mutuo” entre un profesor de literatura obligado a jubilarse
anticipadamente por su orien-tación política y “una mujer que se
convierte en sostén moral de su marido y en motor de la his-toria”,
según palabras del propio director. Es una mirada humana a un mundo
adverso y duro, lleno de desengaño y desilusión, fácilmente
trasladable a cual-quier país y momento porque habla de valores
universales.
Es una historia de amor intenso y reparador, de lealtad callada y
profunda, de fidelidad matrimonial. A Liliana no le importan ni la
casa ni el negocio de perfu-mes: está dispuesta incluso a negarse a
sí misma y su propia opinión porque lo único que quiere es estar al
lado de Fernando y unirle a su hijo. Es una mu-jer que sabe leer la
preocupación en su rostro, una mujer que siempre gana cuando otra se
cruza en el camino de su marido, una mujer admirable a la que la
bibliotecaria de la película querría conocer porque “es una joya”,
según con-templamos en esa bellísima escena que rebosa sentimiento y
humanidad.
Mercedes Sampietro
da vida a esta buena esposa con una interpretación irregular, aunque
le valió el premio en San Sebastián: mejor en sus silencios y en sus
miradas –impresionante el plano final en que mira a su hijo con
afecto de madre– que en sus diálogos, como corresponde a su papel
silencioso y ab-negado, sólo aparentemente a la sombra.
Fernando es un hombre de carácter fuerte, orgulloso y terco, pero
noble y profundamente enamorado de su mujer. También lo está de su
vocación docente, por lo que la jubilación le su-pondrá la
“expulsión” de un mundo en el que ya no encuentra lugar. Es también
un padre decep-cionado por un hijo que “huyó” de su patria y que
“abandonó” su talento como escritor –se culpa de no haber conseguido
educarlo para triunfar donde él fracasó–, todo para pro-gresar en la
vida y conseguir una posición acomodada. Para el papel de este
hombre que no encuentra respuesta para sus preguntas –porque se han
con-vertido en “lugares comunes” carentes de sentido, como la vida–
Aristaráin vol-vió a elegir a Federico Luppi, que lo encarna de
manera magistral. A través de sus planteamientos y reacciones vemos
al liberal idealista y agnóstico, belige-rante con cualquier forma
de burocracia y aparato, que cree firmemente en los postulados
antiburgueses de la Revolución Francesa, que ama la libertad de su
propia conciencia y que rechaza cualquier asomo de adoctrinamiento.
Las ex-periencias vividas le proporcionan la lucidez para distinguir
el amor de la muerte, la alegría de la tristeza, y llegar así a “la
certeza del absurdo” según la cual la vida carece de sentido, a no
ser por la presencia de Lili.
La buena dirección de actores –no sólo en el caso de los dos
protagonistas– permite que los personajes cobren vida con frescura
interpretativa y con con-vicción, mientras que el guión –ganador
también de un premio en San Sebas-tián– es profundo y bien
sostenido, aunque se resiente por una excesiva pre-sencia del
narrador.
Aristaráin nos ofrece una película sobre la vida, con toda su
dureza y dificultad, pero vista desde su cara más humana y
esperanzadora, con lo que deja buen sabor de boca en el espectador.
No importa que su men-saje sea explícito y claro cuando la película
está bien construida y dirigida, y cuando presenta una realidad en
que cualquiera nos podemos ver reflejados en mayor o menor medida.
Imágenes
de "Lugares comunes" - Copyright © 2002 Tornasol Films, Adolfo
Aristarain, Shazam y Pablo Larguia Producciones. Distribuidora en
España: Alta Films. Todos los
derechos reservados.
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© 2002
LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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