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OCTAVIA

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Dirección y
guión: Basilio Martín Patino.
Año: 2002.
País: España.
Duración: 130 min.
Interpretación: Miguel Ángel Solá,
Margarita Lozano, Antonia San Juan, Menth-Wai Trinh, Blanca
Oteyza, Mónica
Cervera, Javier Batanero, Jaime
Losada, Paul Naschy.
Producción:
Carmen Gullón.
Fotografía: José Luis López Linares.
Montaje:
Martín Eller.
Vestuario: Patricia Monné.
Estreno en España: 11 Octubre 2002. |
CRÍTICA
por
Rubén Corral
Valoración:
 
Cuatro horas en Salamanca
Se dice que el
montaje que planeó su director para la película “Octavia” la ha-cía una
película de cuatro horas de duración, intolerable extensión que
aborta-ría la exhibición del film y que llevaría de nuevo al director de
“Queridísimos ver-dugos” (1973) a las catacumbas del cine invisible –ese
nuevo género en el que ahora se mueve con indignante naturalidad el
mejor director español de cine de todos los tiempos, Víctor Erice–, a la
desatención del público. Finalmente, “Oc-tavia”, retorno a la ficción
del director de Salamanca tras diecisiete años ale-jado de ella y
epitafio a una carrera jalonada de películas infrecuentes en la
ci-nematografía española,
dura sólo 130
minutos. Pero son 130 minutos que parecen cuatro horas.
Pocas veces se logra que estas imposiciones de los productores a una
determinada duración –lo que se traduce en la eliminación de planos que
estaban allí, en su momento, por alguna razón– no hagan resentirse el
resultado final, la plasma-ción de las motivaciones, de los intereses
del au-tor en celuloide. Aunque, de manera recurrente, me viene a la
cabeza la pareja formada por “La bella mentirosa” y “Divertimento”, la
misma pelícu-la de Jacques Rivette con cuatro horas y dos de duración,
las excepciones siempre terminan por confirmar la regla. Con más razón
si hablamos de un autor callado durante tanto tiempo y, sobre todo, con
las ganas de hablar que tenía Patino. Allí estriba el choque –una vez
más– entre producción y desarrollo de la película (la creatividad, lo
llamaremos, con permiso de los “creativísimos” directores de marketing)
y allí está el primer escollo para que ante “Octavia” nos encontremos
con un canto funerario a la carrera de Patino con sabor no agridulce,
sino agrio.
No obstante, de ese
conflicto derivan buena parte de los demás problemas que surgen a
una
película cuya arquitectura estaba destinada a ser la de una gran obra
maestra, pero cuyos cimientos no han podido soportar el peso de una
errónea caracterización de personajes,
de una equivocada elección de actores (daré nombres:
Antonia San Juan
y la presentadora de
“Redes”
Menh-Wai Trinh),
de una redacción de diálogos inservible, inverosímil e increíble a la
vez, y de un ajuste forzado a una duración que no es la que exigía el
filme.
La película se desarrolla con una cierta vivacidad y con una estética
muy cuidada durante los pri-meros veinte o treinta minutos. A partir de
enton-ces, sobrevienen las prisas –solucionadas con el abuso
amartillante de una voz en off impostada, demasiado literaria–, la
presentación del persona-je de Octavia (Menh-Wai Trinh), una
drogodepen-diente imposible enganchada a paraísos artificia-les mucho
menos frecuentes en la actualidad y más propios de los años ochenta, una
Octavia que transita de un espacio de opresión familiar –en política y
economía próxima a la “derechona” de toda la vida, la más insolente y
avergonzante– a otros espacios, abstracta e insustan-cialmente
descritos, en los que la chica consigue estas drogas duras que la llevan
camino de la tumba, camino de una liberación –Patino dixit por boca del
protagonista encarnado una vez más con la sobriedad característica de
Miguel Ángel Solá–
de un mundo que sólo mira al pasado.
Y sin embargo, bajo la banda
sonora de música clásica, bajo la pomposa dirección artística y la
avasalladora lluvia de datos con la que Patino imbuye sus improbables
diálogos, el director sólo mira –también– hacia atrás.
Nada hay en “Octavia” que nos sorprenda, que nos haga rememomar alguno
de los buenos títulos de la carrera del director
de “Nueve cartas a Ber-ta” (1965). La sensación es de que, del mismo
modo que Jean-Luc Godard –que mira mucho más al pasado que al futuro en
su defensa de la memoria histórica– fabricó una gran elegía al cine a lo
largo de diez años, y lo hizo en vídeo,
Basilio Martín Patino
se habría creado un monumento funerario para su carrera. Era en su
ciudad, en Salamanca, y eran más de 130 minutos. Pero nunca los veremos.
Imágenes
de "Octavia" - Copyright © 2002 La Linterna Mágica y Consorcio
Salamanca 2002. Distribuidora en España: Golem. Todos los
derechos reservados.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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