50º FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN
      
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50º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE
DE DONOSTIA - SAN SEBASTIÁN
19 - 28 Septiembre 2002

 SOBRE EL PALMARÉS OFICIAL

Rubén Corral, San Sebastián

Reflexiones automáticas sobre adhesiones idelógicas (tras el fallo)

Imagen de "Los lunes al sol" © 2002 Elías Querejeta, P.C.  Cuando, en la jornada de ayer, este cronista coincidía con Wim Wenders y su señora en la proyección de “Las zapatillas rojas” (The red shoes, Michael Powell & Emeric Pressburger, 1948), ya todos sabíamos que la Concha de Oro era para Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, también habíamos oído que habían gustado mucho a los miembros del jurado una pe-lícula plana, simplona y sobrevalorada como “To-gether”, de Chen Kaige, y también sabíamos que, pese a que sólo a algunos críticos había gustado, la rusa “Lubovnik”, que posee un interesante armazón argumental desbordado precisamente por la impericia del guionista (ahora pre-miado), figuraría en el palmarés.

  Lo que se nos va de las manos es el premio al mejor actor al “padre de la criatura” en la película china, concedido a Liu Peiqi y, personalmente, dudo mucho de que Mercedes Sampietro esté por encima, en su actuación conte-nida y, sin embargo, sin la chispa de genialidad necesaria, para desbancar a la danesa Sonja Richter, por su fenomenal debut en el cine con “Open hearts” (quizá debamos olvidar el título español de esta pequeña gran película, “Te quiero para siempre” ya que, tras ser ninguneada infamemente por el jurado, posiblemente no conozca distribución en España).

  No seré yo quien discuta la Concha de Oro a la mejor película para “Los lunes al Sol”. Desde luego, aunque no me ha parecido el mejor film en la sección ofi-cial a concurso, sí que era una salida digna para un jurado presidido por el de-sorientado Wenders, puesto en el disparadero tanto por la nefasta calidad de sus últimos trabajos (incluyo su exposición fotográfica en el museo Guggen-heim Bilbao) como por la no menos terrible experiencia vivida en las carnes de Claude Chabrol tras la lectura, el año pasado por estas fechas, del injusto fallo que premiaba “Taxi para tres” por encima de “En construcción”, de José Luis Guerín.

  Los aplausos en la sala de prensa donde Wenders ha leído las decisiones de su equipo demuestran varias cosas. En primer lugar, que pocas veces las pre-siones de los medios habían sido tan unánimes como en este San Sebastián cincuentenario: pese a que es muy probable que gustara tanto como a los pe-riodistas “Los lunes al sol”, cualquiera se atrevía a no dar la Concha de Oro a la película de Fernando León de Aranoa. Casi nadie se enfadó tanto el año pasa-do con una tropelía mucho mayor, la cometida ante la película de Guerín. “Es que era un documental, al fin y al cabo”, decían.

  Sí que me resulta mucho más afín al ideario estético de Wim Wenders el pre-mio especial del jurado a la película argentina “Historias mínimas”, divertida mezcla de neorrealismo con sabor a mate, historias cruzadas a lo Raymond Carver en el día de la Navidad más feliz de su vida y road movie patagónica. No hay más que ver, más o menos seguidos –como hemos hecho en el festival– el inicio de la película de Sorín y el arranque de “12 miles to Trona”, el infausto cortometraje de Wenders en “Ten minutes older: the trumpet” para percibir conexiones, para sentir que al director de “Paris, Texas” (1984) se le congeló una sonrisa sincera durante la hora y media que dura la comedia amable de Carlos Sorín.

  No volveré sobre la sobrevaloración de Chen Kaige. Sobre todo cuando “Toge-ther” me parece la peor de sus películas, e incluyo “Suavemente me mata” (Ki-lling me softly, 2002). Supongo que, en el club de los directores con pedigrí –en el que está Wenders por historia y Kaige por razones que se me escapan–, re-sulte inadmisible que, por ejemplo, una tal Susanne Bier, o un tal Fahrad Mehranfar sean premiados sin que lo sea el ínclito realizador de la cacareada quinta generación china.

  Respecto a los premios “menores”, el mayor desafuero se produce con el pre-mio al guión de “Lubovnik”, y sí que se pueden entender el galardón a la foto-grafía metálica, gris, tristona de la película de Valery Todorovsky.

  En lo concerniente al premio al guión de Lugares comunes, sólo el mayor de los entusiasmos partidistas y la más absoluta irresponsabilidad cinemato-gráfica justifica que el jurado se haya saltado por alto desatinos como el desen-lace del personaje (tragicómico) encarnado por Federico Luppi, o la desapari-ción repentina de personajes o, en general, la cantidad de cabos sueltos que Aristaráin no tiene incoveniente en ir dejando a lo largo de una película trufada de diálogos inteligentes ya escuchados (incluso en las mismas voces) y de vo-ces en off prescindibles. El entusiasmo que genera –no lo ignoro– la adhesión ideológica a esta película –como a “Los lunes al sol”– nubla la mirada cinéfila. Porque al fin y al cabo, todos somos personas. Incluso los críticos.

  Por otra parte, y aunque sólo he visto una de las tres películas distinguidas por el jurado de los nuevos directores (la húngara “Hukkle”, de György Pálfi que, efectivamente, tal y como señala el fallo, hace un uso original de la ima-gen y del sonido), y con la confianza en que “Vylet”, de Alice Nellis sea es-trenada en España (la otra mención oficial, la de la coreana “Jibeuro” sí que conocerá distribución por aquí), sólo me cabe señalar que es una decepción que no se le haya valorado a Jean-Pierre Sinapi, un director que no es joven, porque ya ha demostrado ser un sabio del cine en dos películas (“Nacional 7” y ahora “Vivir me mata”), el paso dado desde el vídeo digital al celuloide puro y duro. Y que ese salto haya sido tan brillante. Lo digo porque me da la impre-sión de que “Vivir me mata” puede caer en el cajón del olvido y, egoístamente, olvidar sus bellas imágenes, su emocionante trama (habrá que importar el DVD de Francia).


© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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