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TE QUIERO PARA SIEMPRE
(Open hearts) (Elsker dig for evigt)


Dirección: Susanne Bier.
País:
Dinamarca.
Año: 2002.
Duración: 113 min.
Interpretación: Mads Mikkelsen (Niels), Sonja Richter (Cecilie), Nikolaj Lie Kaas (Joachim), Paprika Steen (Marie), Stine Bjerregaard (Stine), Birthe Neumann (Hanne), Niels Olsen (Finn), Ulf Pilgaard (Thomsen), Ronnie Hiort Lorenzen (Gustav), Pelle Bang Sørensen (Emil), Anders Nyborg (Robert), Ida Dwinger (Sanne), Philip Zandén (Tommy).
Guión: Anders Thomas Jensen; basado en una idea de Susanne Bier.
Producción: Vibeke Windeløv.
Música:
Jesper Winge Leiner.
Fotografía:
Morten Sobørg.
Montaje: Pernille Bech Christensen y Thomas Krag.
Diseño de producción: William Knuttel.
Vestuario: Stine Gudmundsen-Holmgreen.

Estreno en Dinamarca: 6 Septiembre 2002.
Estreno en España: 6 Junio 2003.

CRÍTICA por Rubén Corral

Perdón y culpa

  Ya van tantas películas aferradas a la plataforma publicitaria conformada en torno a los directores daneses Lars Von Trier, Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen (los padres de la invención Dogma 95) que el tinglado empieza a ser saludablemente contaminado por sus propios feligreses. Y a esta perme-abilidad ante la ruptura de alguno de los mandamientos de este arbitrario cin-turón de castidad sólo hay que agradecer la actitud permisiva y divertida de los propios creadores del movimiento. No hace mucho Von Trier y sus acólitos desmenuzaban las traiciones en que ellos mismos habían incurrido en las pelí-culas Dogma supuestamente más puras: de “Celebración” a “Mifune” pasando por “Los idiotas”.

  “Te quiero para siempre” salta por encima de algunos de los pilares del dogma y arranca su pe-lícula –tras mostrar el correspondiente diploma– con unas imágenes tomadas por una cámara es-pecial para captar el calor, creando un efecto pa-recido a la imagen correspondiente a unos rayos X. No se acaba allí el sacrilegio. Rápidamente en-tra una canción “extradiegética”, es decir, una canción incorporada en la sala de montaje de la película, es decir, una canción que no se escu-chaba –evidentemente– mientras tenía lugar el ro-daje de esas imágenes marcianas en las que, en un travelling lateral desde un coche se muestran escenas de la vida cotidiana de una ciudad danesa. En el sentido estricto de la palabra, no puede haber nada más contrario a los postu-lados del Dogma. Por si fuera poco, habrá sangre, habrá lápices de labios, ha-brá imagen no procedente de una grabación videográfica, habrá imágenes que no corresponden a la realidad (aunque no por ello serán menos verosímiles) del rodaje...

  Y, sin embargo, para desesperación de los integristas del Dogma 95, “Te quiero para siempre” es una muy buena película, más en línea de los últimos artefactos cocinados en Dinamarca con (des)arreglo a los mandamientos del clan Von Trier (estilo “Italiano para principiantes” y “Un hombre de verdad”, para que nos entendamos) que a la línea temática dura de los inicios. No significa esto que la película de Susanne Bier (desconocida directora en España que tiene en su haber hasta un total de siete películas anteriores a esta desde 1987 y que también se ha fajado en los sinuosos caminos de los vídeos musicales y publicitarios) no trate de asuntos duros, serios, con rigor y profundidad. De hecho, y pese a la prestancia y la aparente ligereza con la que arranca, roza en algunas ocasiones el más violento tragedión.

  En esencia, la vida de la protagonista, Cecilie (excelente Sonja Richter, jo-ven actriz que pisa el set de una película por primera vez tras cuatro años de densa actividad teatral) cambia en un segundo cuando su prometido Joachim (Nikolaj Lie Kaas) es atropellado por Marie, una madre despistada (Paprika Steen, toda una habitual del cine Dogma) que discutía con su hija dentro de su coche. Joachim queda impedido para mover su cuerpo del cuello hacia abajo y se desatan una serie de conflictos que Bier trata desde una perspectiva muy sincera, intentando alejarse en todo momento de vocaciones moralizantes.

  Joachim, que sigue amando a Cecilie, intenta que ésta deje de quererlo, pues sabe que retener-la estando él en su estado puede suponer atarla a una esclavitud inmerecida. Por esa vía, se siente repentinamente culpable de su estado, y traslada, mediante una actitud injustamente violenta, ese complejo de culpa fuera de lugar a Cecilie. El per-sonaje que más rápidamente debe deshacerse de su cargo de conciencia es Marie, que media para que su marido, que trabaja en el hospital en el que está ingresado Joachim, dé consejo a la jo-ven Cecilie. Del continuo contacto surgirá otro complejo de culpa, el del marido, Neils (Mads Mikkelsen), por sentirse atraído por la mujer a la que debe ayu-dar, una mujer que responde, en plena crisis sentimental, al afecto que le llega desde Neils. Todos ellos, por descontado, no intentan, a lo largo de la película, otra cosa que pedir perdón a los demás por sus respectivos sentimientos de culpa.

  En este sentido, y a la hora de comunicar estas sensaciones, Susanne Bier efectúa un brillante ejercicio de estilo al incluir –saltándose la valla una vez más– insertos en un celuloide muy granulado en el que muestra los deseos de los personajes, al mostrar cómo desearían actuar en lugar del modo en que lo hacen (ya sea por las circunstancias o por sus complejos). Brillante ejercicio de estilo que se convierte en verdadera toma de posición –caracteriza-da por su sinceridad– ante determinados dilemas morales heredados de tradiciones religiosas o prácticas sociales y en los que Bier logra actuar de manera más o menos convincente para el resto de la sociedad, pero siempre sinceramente. Un claro ejemplo es la relación que se establece entre Cecilie y Joachim una vez éste permanece ingresado en el hospital: pese a que ella no hace más que decirle que lo quiere para siempre, los insertos en los que se muestran sus deseos siempre muestran a Joachim saludándola con la mano, moviendo la cabeza, agarrándola. Su complejo de culpabilidad le im-pide decir a Joachim –esencialmente porque estaría muy mal visto social y mo-ralmente que el hecho de que no pueda moverse es una valla intangible que no ha logrado superar ese “amor para siempre”.

  Hay otras situaciones resueltas con similar brillantez –hay alguna excepción en uno de los momentos culminantes de la narración– por la planificación cámara al hombro (pero más agrada-blemente sosegada que de costumbre) proceden-te del Dogma 95, cuyos principios se resquebra-jan cada día más. Heridas en los postulados que no hacen más que mostrar las verdaderas bonda-des de un movimiento que iba mucho más allá de un simple juego de estética, y que hunde sus raí-ces en la muestra de un realismo no miserabilis-ta, si se quiere mucho más íntimo y que no es tan heredero del propio realismo que –siempre– se intenta destacar –por autores y críticos– sino de una con-cepción del cine moderno que tiene más que ver con Cassavetes, Antonioni y Godard que, por ejemplo, la cámara también al hombro de los hermanos Dar-denne.

Calificación:


Imágenes de "Te quiero para siempre" - Copyright © 2002 Det Danske Filminstitut y Zentropa Entertainments. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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