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UN HOMBRE SIN PASADO
(Mies vailla menneisyyttä)
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Dirección,
producción
y guión:
Aki Kaurismäki.
País: Finlandia.
Año: 2002.
Duración: 97 min.
Interpretación:
Markku
Peltola (M), Kati Outinen (Irma), Annikki Tähti (Jefa del
mercadillo),
Juhani Niemelä (Nieminen), Kaija Pakarinen
(Kaisa Nieminen), Sakari Kuosmanen (Anttila), Pertti Sveholm
(Inspector de policia), Anneli Sauli (Propietario del bar), Esko
Nikkari (Ladrón del banco), Outi Mäenpää (Empleada del banco),
Aino Seppo (Ex mujer), Elina Salo (Funcionario del astillero),
Matti Wuori (Abogado), Antti Reini (Electricista), Janne
HyyTiäinen (Ovaskainen), Aarre Karén (Doctor), Eeva-Liisa
Haimelin (Enfermera).
Fotografía:
Timo
Salminen.
Montaje: Timo
Linnasalo.
Vestuario: Outi
Harjupatana.
Estreno en España: 31 Enero 2003. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Valoreción:
    
Dreyer ha resucitado
Ciertamente cada hombre es dueño de un nom-bre y de un pasado, pero en
este caso es como si Carl Th. Dreyer –o el francés Bresson– hubiese
vuelto a la vida para ofrecernos una obra maestra, muy enraizada en los
momentos actuales y válida también para cualquier tiempo y espacio.
Un esti-lo minucioso que busca la esencia del len-guaje
cinematográfico sirve para acercarse a una temática trascendente que
aborda los problemas del individuo concreto, a la vez que lleva a cabo
una refi-nada pero incisiva crítica a un capitalismo generador de
marginados o a un sistema donde lo único importante es tener un nombre y
una cuen-ta corriente. Una legislación si fondo ni moral que se
queda en formulaciones
vacías de sentido, una justicia laboral que impide precisamente la
justicia con los trabajadores, una avaricia que invade incluso el mundo
de los pobres, o una política de inmigración son también objeto de sus
dardos, lanzados al más pu-ro estilo de los hermanos Marx, por eso lleno
de mordacidad y eficacia.
Un
hombre que viaja en tren a Helsinki es asaltado y golpeado brutalmente
por unos delincuentes, hasta quedar moribundo y –a la postre– sin
memoria. Una nueva vida, sin nombre ni recuerdos, da comienzo en medio
de los más marginados de la sociedad, sólo con la ayuda de algún amigo y
del movimiento del ejército de liberación: un incipiente amor, ligeras
recuperaciones de memo-ria y un curioso robo en que se ve involucrado
terminarán por devolverle a un mundo al que pertenecía, pero que deja
mucho que desear.
La huella de Dreyer se revela desde los primeros planos, y asistimos a
una repetición de la resu-rrección de "Ordet" –incluso con el mismo
plano frontal lateral, en torno a la camilla–, en este caso en el
hospital donde el hombre sin identidad es dado por muerto. Con fuerte
sentido metafóri-co, Kaurismäki nos habla de la necesidad de volver a
nacer, de despertar a una nueva vi-da desde la muerte para llegar al
corazón humano; es ahí donde se inserta una preciosa historia de amor,
el pri-mero para ambos protagonistas dado que él es un hombre nuevo, y
que viene a servir de contrapropuesta a quienes piensan que el bienestar
del capitalismo conlleva esa felicidad y ese amor. Pero esa resurrección
precisa una muerte, un morir a una vida que ha conducido al protagonista
a la desesperanza, razón por la cual al final de la película –con un
nuevo caso de violencia que sufre otro individuo– un pobre dirá que
"llamaremos a una ambulancia, pero aún esperare-mos un poco", lo
suficiente como para que pueda morir y así renacer.
Aunque la caridad cristiana que el director finlandés conoce es tratada
con respeto y simpatía, también a ésta le pide un poco más de humanidad
y de comprensión de las realidades humanas: el ejército de salvación
debería am-pliar su repertorio de canciones para poder llegar a más y no
quedarse única-mente en una fe fría o en una solidaridad, y no apoyarse
únicamente en la mi-sericordia divina. La visión de Kaurismäki tiene un
deje pesimista, con el suici-dio como única solución personal a
determinadas situaciones en la vida, aun-que hay que agradecerle que en
su discurso deje un resquicio de esperanza al presentar al amor y la
amistad como única rendija por la que puede entrar un hálito de vida.
Desde el punto de vista estético, también nos encontramos ante una
obra maestra, con una depurada economía narrativa que echa ma-no de
fundidos en negro e inteligentes elip-sis, a la vez que cada plano se
nos presenta con una rigurosa y estudiada composición, o los diálogos se
reducen a lo imprescindible para trasmitir una idea, sin distraer al
espec-tador con lo accesorio. La interpretación es an-tológica, con
Markku Peltola o Kati Outinen –premio a la mejor
interpretación femenina en Cannes– que rayan lo sublime en un trabajo
lleno de sobriedad gestual o al moverse por unos espacios que la cámara
sabe recoger de manera magistral. Abundantes metáforas y un
hiperrealismo fotográfico –sobrecogedo-ras las escenas de máxima pobreza
en que se reparte una patata o se recurre a un sobre de té ya usado–
acompañan a una música que aporta un lirismo so-terrado que sirve de
contrapunto a esta dura situación. Una magnífica película.
Imágenes
de "Un hombre sin pasado" - Copyright © 2002 Sputnik,
Yleisradio, Pandora Filmproduktion y Pyramide Productions.
Distribuidora en España: Golem. Todos los
derechos reservados.
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© 2002
LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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