CRÍTICA
por
Miguel Ángel Laviña Guallart
La
trastienda de la Historia
Producción de
carácter netamente europeo, “Feliz Navidad” resca-ta del olvido
unos insólitos hechos de fraternización acaecidos en pleno campo
de batalla de la Primera Guerra Mundial. El director
Christian
Carion plantea en esta historia de aires pacifistas cómo, en
muchas ocasiones, el enemigo no se encuentra al otro lado de la
trinchera, sino entre los propios encargados de dar las órdenes
y organizar la guerra.
El realizador francés descubrió hace unos años estos episodios
reales en el libro "Las batallas de Flandes y Ar-tois 1914-1918",
dentro del capítulo “La increíble Navidad de 1914”, y co-menzó a
trabajar en el guión incluso antes de realizar su primer film,
“La chica de París” (2001). En la Navidad del primer año de la
Gran Guerra, en el frente entre Francia y Alemania, lu-gar en el
que se encontraban desta-cados el ejército francés, alemán y
escocés, los soldados comenzaron a comunicarse a través de la
música, entendida como un lenguaje universal, dando lugar a unos
días de tregua. Durante los largos meses en que los soldados
permanecieron en las trincheras parece que se registraron
numerosos gestos de este tipo, pero fueron acallados para la
opinión pública y castigados por sus superiores. A partir de una
extensa labor de documentación, Carion vertebra varias histo-rias
sobre otros tantos personajes de los bandos enemigos que, por
distintos motivos, acaban dándose cita aquellos días en el
fren-te.
Esta película es un buen ejemplo de proyecto europeo levantado
con la participación de hasta cinco países. Su carácter
continental permite que convivan con total naturalidad tres
lenguas, francés, in-glés y alemán, y un amplio abanico de
actores de distintos países. Lejos de los resultados a menudo
extraños o chirriantes de otras coproducciones europeas, tiene
una vocación clara-mente integradora, y la holgura de medios
sirve para revisar parte de una de las páginas más negras del
siglo pasado.
En principio, este contenido antibelicista con marco en la
Primera Guerra Mun-dial puede recordar ilustres precedentes como
“La gran ilusión” de Jean Renoir o ”Senderos de gloria” de
Stanley Kubrick, pero tal vez su mayor inspiración se encuentre
en la lección de humanidad en el frente que Bertrand Tavernier
trazó con maestría en su “Capitán Conan”. El retrato de los
oficiales y soldados, hombres obligados a abandonar la vida
civil e incorporarse a filas, remite directamente al espíritu
del protagonista de la obra del cineasta francés.
Una base argumental de estas ca-racterísticas debería lograr
conjugar el análisis del trasfondo emocional de unos personajes
y el reflejo de sus aspectos más íntimos, con el desa-rrollo de
una historia en plena guerra de necesario aliento épico. En el
pri-mer aspecto es donde el director pa-rece sentirse más cómodo,
y centra sus esfuerzos en mostrar las penurias de unos soldados
que deben adaptar-se a las circunstancias y sobrevivir en la
contienda. Trasmite la miseria hu-mana que allí se vivía con
pequeños detalles de la realidad diaria del fren-te, como las
cartas o las fotografías familiares, con los que consi-gue
algunos momentos de emoción, acompañados por situa-ciones de
humor y camaradería en pleno drama, con lo que evita recrearse
en la tragedia.
Es en la concepción épica y el
planteamiento global del film como drama bélico donde la
capacidad narrativa y visual del autor pare-cen no estar a la
altura. Alguien con más experiencia en estos difí-ciles terrenos,
o con un mayor sentido del espectáculo, podría ha-ber rodado las
secuencias de guerra con mayor brillantez. La pelí-cula está
realizada con honestidad y sobre todo con la visible inten-ción
de ajustarse a los hechos que la inspiran, pero estas buenas
intenciones no son suficientes y el tono demasiado amable acaba
perjudicándola. A partir de su interesante punto de partida, y
una vez que se adentra en los caminos de la ficción, el guión no
desa-rrolla todas sus posibilidades y, en última instancia, la
fidelidad a la lógica de lo sucedido acaba encorsetándola. Da la
sensación de que el director no consigue imprimir el brío y
espíritu necesarios a la historia, y no abandona durante todo el
metraje un tono menor al que podría haber alcanzado.
Una de las mejores muestras de es-te difícil equilibrio, pocas
veces con-seguido, es “La delgada línea roja”, de Terrence
Malick, que de forma extra-ordinaria desarrollaba una
profundísi-ma reflexión sobre la condición de ser humano frente a
la guerra, dentro de una espectacular cinta bélica. Sin du-da
Carion, a la hora de escribir el guión, se encontró con el
problema sobre cómo acometer este reto, y acaba quedándose a
medio cami-no entre una especie de metáfora sobre la convivencia
dirigida a to-dos los públicos y la denuncia sin concesiones de
la crudeza de la guerra. Tal vez la apuesta por esta última
opción, llevada hasta sus últimas consecuencias, ha-bría sido
más acertada y el resultado final más creíble. De todas formas,
hay que agradecer que, aunque a primera vista pueda pare-cerlo,
no cae en la cursilería (no hay que dejarse engañar por el
tí-tulo ni por las fechas en las que se estrena), y no se pierde
en las manifestaciones patrioteras y gratuitas a las que nos
tienen tan acostumbrados desde el otro lado del Atlántico.
El uso del escenario único es uno de los elementos de los que
saca mayor partido, y contribuye a dar al conjunto el aspecto de
antigua producción bélica. Este concepto acaba produciendo una
sensación teatral, donde el espectador asiste a la
representación de una función que transcurre paralela a los
acontecimientos histó-ricos, una especie de aproximación por la
puerta de atrás a la His-toria. Lo narrado se acerca incluso a la
idea de la intrahistoria, pe-se a los cambios o avatares
históricos, los bandos y las fronteras, los soldados mantienen
unas costumbres inalterables de respeto y vecindad en su forma
de relacionarse, al igual que en el pasado.
Pese a sus carencias narrativas, la solidez de la propuesta no
se tambalea. Descansa sobre una construcción formal
clásica, con cuidada puesta en escena, elegan-te dirección
artística, y especial aten-ción a la dirección de actores. Convo-ca a un
extenso reparto integrado por conocidas figuras del cine
europeo. Cuenta con el muy solicitado Daniel Brühl, que saltó a
la fama con “Good bye, Lenin!”, y que tras “Los
edukado-res” ha
emprendido un rápido periplo de trabajo por varios países, y, por
en-cima de otros rostros populares, des-taca la ajustada
interpretación del francés Guillaume Canet. Este alegato
antimilitarista ganó el Premio de la Crítica Internacional en el
último Festival de Cine de Valladolid y ha sido elegida por
Fran-cia como candidata para representarla en los próximos
Oscar®. Sin duda contará con la complicidad de los espectadores,
y más allá de su mensaje de tolerancia y su denuncia a la
intransigencia del poder, plantea de manera inteligente cómo la
cultura, por ejem-plo el Cine, puede ser el mejor modo de
entendimiento.
Calificación:
    
Imágenes
de "Feliz Navidad" - Copyright © 2005 Nord-Ouest
Productions, Senator Film Produktion, The Bureau, Artémis
Productions, Media pro Pictures, Les Productions de la Guéville
y TF1 Films Production. Distribuida en España por Vértigo
Films. Todos los derechos
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