CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
La mafia no
vuelve a casa por Navidad
Aunque no
siempre ha sido afortunado en sus elecciones, creo que
John Cusack se encuentra
entre los actores más sobresalien-tes de su generación, y buena
prueba de ello es que no sólo ha bordado de manera brillante sus
mejores papeles, sino que ha sido capaz de entregar
interpretaciones igualmente sinceras y compro-metidas en las más
obtusas producciones. Pero sin lugar a dudas todavía está a la
espera de esa oportunidad que le dé el empujón definitivo y le
permita alcanzar todo el reconocimiento que se mere-ce.... y que
otros han logrado con menos tiempo y talento (¿Quién dijo Tom
Cruise?). ¿Es “La cosecha de hielo” la tan esperada opor-tunidad?
Pues va a ser que tampoco, pero al menos Cusack nos deja con el buen
sabor de boca de otro trabajo bien hecho... y a él le habrá
servido para pagar el alquiler. Desde luego, Cusack no es el único
aliciente de esta correcta película, no del todo acertada, pero
en el peor de los casos inocua y en el mejor aceptablemente
entretenida; sin embargo, contribuye a elevar su nivel junto al
elen-co de soporte, y es el único que aporta algo de calor humano
a la desencantada y desabrida tesitura en que se mueve.
Después de amamantar a toda una generación con sus
"Cazafantasmas", el director, guionista, actor y ocasio-nal
productor Harold Ramis se
esta-bleció casi como autor de culto gra-cias a la estimable,
aunque en mi opi-nión
sobrevalorada, "Atrapado en el tiempo", a la que siguieron otros
títu-los disparejos dentro de la comedia como "Mis
dobles, mi mujer y yo", "Al diablo con el diablo" y las dos
entre-gas de "Una terapia peligrosa". Es bastante probable que su
último pro-yecto coja por sorpresa a quienes es-peraban más de lo
mismo, pues en esta ocasión Ramis ha trabajado sobre un libreto ajeno,
escrito por
Richard Russo
y
nada menos que por el oscarizado
Robert Ben-ton
("Kramer contra Kramer", "En un lugar del corazón"), alejándo-se
de aquel humor abierto, fresco y ruidoso con que se caracterizó,
y apostando por ampliar sus relaciones con la mafia desde el
diván del psiquiatra que compartían Robert De Niro y Billy
Crystal al thri-ller criminal. Así, “La cosecha de hielo” es una
comedia negra en todas las vertientes de la
palabra; negra porque su humor, amén de que juega con la muerte
y con el concepto de familia (que esto últi-mo para los
norteamericanos es el colmo de lo transgresor), es tan taimado y
socarrón que, salvo por un par de desmadradas esce-nas,
puede pasarle desapercibido a más de uno; pero sobre todo porque
transita por las claves del género negro, con su protagonista
"perdedor" (o más bien perdido), su mujer fatal y sus asuntos entre
gánsters. Ah, y por supuesto, como manda la tradición, no podían
faltar los ambientes nocturnos, pasados por lluvia y nieve, y la os-cura fotografía de
Alar Kivilo que así lo
acrediten.
El
argumento es tan complicado como simple, situándonos du-rante la
víspera de Navidad en una población de esas en las que to-do el
mundo se conoce, se casan entre ellos y te tropiezas con el
mismo agente de policía a cada esquina de la película en el
mo-mento más comprometido, y que tiene tan asumida su condición
de ciudad de mala muerte (con perdón del alcalde y de los
vecinos) que hasta se llama Wichita Falls. Allí
Charlie Arglist (John Cu-sack), un
abogado que maneja dudosos negocios para la mafia, y su áspero
socio Vic Cavanaugh (Billy Bob Thornton)
acaban de estafarle más de dos millones de dólares al capo Bill
Guerrard (Randy Quaid). Para
completar la jugada, a Charlie le gustaría es-caparse con Renata
(Connie Nielsen), la
atractiva directora de un club de striptease, pero,
durante las horas previas a su partida, su desesperada situación
se agravará cuando se cruce con el borra-cho Pete (Oliver
Platt), compañero de juergas y actual marido de su ex
esposa, y tenga que hacer frente a algunas posibles
desleal-tades, al mal tiempo y a un asunto menor de chantaje.
El problema de esta historia es que en realidad no hay tal
histo-ria, y si como cinta de suspense resulta fallida, como
comedia sólo es eventualmente graciosa. El film
está basado
en una
novela de
Scott Phillips
(un señor al que creo que no tengo el gusto de
conocer, pero que gasta el típico nombre de escritor de novelas
de detectives... o de detective mismo),
pese a que nadie lo diría.
Es como si
el director y los guionistas
tuvieran dos o tres escenas inspira-das en la cabeza (básicamente
la de
la irrupción en la cena familiar
y las que acompañan al baúl, ciertamente divertidas)
y el resto
les trajera sin cuidado cómo hilvanarlo.
A la trama de intriga lo que le falta es precisamente eso, intriga;
intriga y claridad, porque juega sus car-tas a escondidas, con confusas relaciones entre los personajes y
supuestas "sorpresas" que sólo lo son porque han hecho todo lo
posible por desconcertarnos, y al final todo el interés se
reduce a ver
cómo se
traicionan y asesinan entre ellos... lo cual, dicho sea de paso,
se ve venir de lejos, pero por lo menos queda compensa-do por la
extravagante forma que tienen de morir. Quizás, como sucede en "Kiss
kiss, bang bang" (también en cartelera estos días y
con la que guarda algunos puntos en común), este críptico
entra-mado sólo fuera una excusa para sacarle jugo a
la dinámica entre sus pintorescos personajes, pero esto sólo
funciona cuando entra en escena
Oliver Platt,
quien con su desinhibida embriaguez arran-ca la mayor parte de las
risas y se convierte en el merecido roba-planos de la función.
Y es que el relato sufre no pocos altibajos: le
cuesta arrancar, y cuando lo hace,
da un do de pecho y
vuelve a perder ritmo
enseguida.
O puede que sus
responsables únicamente se propusieran retra-tar una atmósfera
anímica, y como mínimo en este aspecto dan de lleno en su
objetivo. Porque lo más logrado de la cinta
es ese am-biente casi poético de melancolía, decadencia y soledad
trasno-chadas y etílicas, que alcanza uno de sus mejores momentos
dra-máticos durante la conversación que Charlie y Pete mantienen
den-tro del coche, o en su agridulce final en la carretera. No en
vano,
“La cosecha de hielo”
se presenta como una propuesta navideña alternativa, que nos
enseña cómo pasan las fiestas este desfile de personajes de mal
vivir y peor pensar, que sustituyen los polvoro-nes por pólvora
al ritmo de villancicos, aunque lo haga de manera bastante
previsible, facilona y más blanda de lo que quiere aparen-tar...
por más sangre que salpique. Gracias a Dios (o a la
recombi-nación genética, o a lo que sea), el largometraje carece
de pre-tensiones, y eso lo beneficia. Además, Ramis demuestra ser
un realizador con oficio, que sabe tomar posesión de sus
re-cursos, y su dirección es elegante y efectiva.
Aparte de
un estupendo
John Cu-sack,
que aquí hace todo un desplie-gue de
expresividad
mediante poco más que su mirada, supliendo con su solidez los
devaneos de la narración,
y del monumental Platt,
“La cosecha de hielo”
nos regala una
nada despre-ciable
reserva
de
secundarios
que cumplen a la perfección
en sus pape-les,
aunque lo difícil sería que no lo hi-cieran bien
hasta
con los ojos cerra-dos, porque
ocupan los mismos regis-tros
de
siempre
(incluyendo al prota-gonista de "Alta
fidelidad" como atri-bulado inseguro y cobarde que no
sa-be cómo salir del atolladero en que se ha metido y a Platt
como el gordito simpático de turno).
Billy Bob Thornton
(quien
ya coincidiera con
Cusack
en la
olvidable “Fuera de control”)
vuelve a recrear al tipo estoico, turbio y cínico que está de
vuelta de todo, quedándose su ejecución en un correcto segundo
plano.
Connie Nielsen
es la femme fatale, así que está todo dicho: deseada,
enigmática y, por descontado, perversa, aunque, la verdad, no sé hasta qué punto su
caracterización bordeando la parodia será intencionada, con esa
manera de hablar en susurros y esa luz recortando sus ojos todo
el tiempo, como si se tratara de un cartel de neón que nos
advirtiera "qué
sensual soy y qué peligro tengo". Y, finalmente,
el fornido
Randy Quaid
interpreta al cabreado jefe de Charlie.
Da la
impresión de que
"La cosecha de hielo" pretendía acercarse al cine negro de los
hermanos Coen, mezclándolo con ciertos enredos situacionales
próximos a "Jo, ¡qué noche!" de Scorsese, no obstante fracasó
parcialmente en el intento. Su ambientación es genuina y
envolvente, pero cuenta con un guión demasia-do flojo e
irregular, y con unos personajes excesivamente ordinarios,
como para llamar la atención. Creo que el tono seco, frío e
inestable, como el hielo de su título, habría mejorado
substan-cialmente si se hubieran decantado más por la comedia,
el thriller o el drama... o por lo menos hubieran estado mejor
definidos. Puedo recomendarla con las debidas reservas para los
fans incondiciona-les de John Cusack, para los fans
incondicionales y transigentes de Harold Ramis, y para los
fans... mmm, ¿tiene fans Robert Ben-ton? El público en general
se encontrará con una de esas películas que se ven sin grandes
dificultades, pero que no dejan ninguna hue-lla más allá de un
par de escenas hilarantes. En definitiva, ¿se pue-de construir
una buena película sólo con atmósfera, solventes acto-res y tres
o cuatro momentos jocosos? Que cada cual decida.
Calificación:
    
Imágenes de "La cosecha de hielo" - Copyright © 2005 Focus
Features y Bona Fide Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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