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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 51ª Berlinale] [Películas] [Crónicas]

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO (2001: A SPACE ODYSSEY)
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cartel

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Dirección y producción: Stanley Kubrick.
Paises:
Reino Unido / USA.
Año: 1968.
Duración: 139 min.
Interpretación: Keir Dullea (Dr. David Bowman), Gary Lockwood (Dr. Frank Poole), William Sylvester (Dr. Heywood R. Floyd), Douglas Rain (voz v.o. HAL 9000).
Guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke; basado en la historia "El centinela" de este último. Asimismo dio origen a la novela 2001: una odisea espacial.
Música: Selección de temas de música clásica. (Ver títulos y carátula)
Fotografía: Geoffrey Unsworth y John Alcott.
Montaje: Ray Lovejoy.
Dirección artística: John Hoesli.
Vestuario: Hardy Amies.

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APUNTES SOBRE 2001

José Tirado
España, 10-Sept-01

Tras 20 años de larga espera, vuelve a editarse en vídeo 2001: una odisea del espacio. La obra maestra de Kubrick, apreciada como el estandarte definitivo de la ciencia ficción, crece con el tiempo hasta justificar su carácter científicamente profético y cinematográficamente precoz.

1968: LA CONQUISTA DEL ESPACIO

El abatimiento que la preeminencia soviética provocaba en los EE.UU. se tornó en obsesiva proyección de espectaculares designios: la construcción de bases en el espacio, la llegada del hombre a la Luna o a Marte.... En medio de tal crispación irrumpe el film de Kubrick, que, lejos de ser acogido como el antídoto a su aflicción, cosecha infinidad de rechazos, acreditando su incomprensión. La detracción crítica se basa, no sólo en el carácter subversivo de una historia de ciencia ficción, sino también en su trascendencia social. Y es que el escepticismo que el director manifestaba sistemáticamente hacia la institución político-social adquiere en 2001 un cardinal protagonismo. En cierto modo, por tanto, 2001 sería acusada de contribuir, en plena carrera espacial, a la divulgación del espíritu de conspiración por parte del gobierno americano contra sus ciudadanos.

Como era de esperar, el cine de dicha época se dejaría influenciar por los propósitos ex-colonizadores de las potencias mundiales, siendo el género de ciencia ficción su principal consignatario. No obstante, el panorama cinematográfico es mucho más esperanzador. Durante la década de los 60’s, la ciencia ficción era aún un género prematuro que debía amamantarse de anteriores experiencias (en su mayoría correspondientes a la serie B), así como de los incipientes éxitos televisivos (Dr. Who, Perdidos en el espacio o la legendaria Star Trek). Sin embargo, pronto se abandonaría el carácter descuidado que rigiese durante los inicios del género para empezar a realizar películas de gran calidad: Farenheit 451 (François Truffaut) o El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner).

Pero, sin lugar a dudas la aportación más importante llegaría con 2001: una odisea del espacio. Su aparición cobraría una trascendencia inimaginable, pues ninguna de las originarias muestras había conseguido alcanzar tanto realismo como la obra de Kubrick; nunca antes el género de ciencia ficción había aspirado a tanto. Dicho director, sirviéndose de los mismos elementos que definieron su filmografía, consigue crear una película totalmente subversiva y reaccionaria al requerir la participación del espectador para descifrar sus claves y desarrollar sus ideas. Su sedición anularía el ingenuo ideal de diversión y entretenimiento sobre el que se asentó el género y acabaría siendo, por lo tanto, un imprescindible recurso para su maduración.

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO

La adaptación que Kubrick hace del relato de Arthur C. Clarke El Centinela, es probablemente el mejor ejemplo para intuir la singularidad con que el cineasta aplica un argumento previo. Y es que Stanley Kubrick, junto con Luchino Visconti, es probablemente el cineasta literario más insólito. Su singularidad a la hora de adaptar obras literarias radica en la aportación personal, asistida con la intención de justificar su distinción artesanal y la interpretación del tratamiento fílmico (redimido del compromiso al que la novela podría someterle).

Este comportamiento, que aparece ya en la adaptación argumental, gobernará durante todo el proceso fílmico. Stanley Kubrick se acoge al género como mero amortiguador ya que, al fin y al cabo, su interés reside en explotar las posibilidades ofrecidas por la realización. Obsesionado por controlar cada detalle de su obra, nunca hubiese dejado nada en manos del azar: desde la composición del plano o la fotografía, hasta las salas de exhibición, pasando por los decorados o el registro interpretativo. Sin duda, el perfeccionismo es uno de los principales distintivos de este realizador, encaprichado tanto por la polisemia visual de la escena como por la construcción narrativa de la historia (consumada en densos planos que acaban configurando el tempo, forzando así al espectador a compartir la aplacada fluidez con que avanzan los hechos).

La película, que, como describe Bordwell, arranca con uno de los emparejamientos gráficos más atrevidos del cine narrativo, es una sinfonía espacial en cuatro actos que toma como referente La Odisea de Homero. Un bello recorrido visual por el conocimiento humano, analizando su evolución desde el advenimiento hasta su apocalipsis, ilustrando la máxima de Asimov: El control de los humanos por parte de las máquinas es una nueva forma de ilustrar el mal de la sociedad contemporánea.

En el último acto, el hombre se proyecta hacia el universo para alcanzar la inmortalidad, descubriéndose así el mensaje nietzscheano. La búsqueda constante de un objetivo quimérico juega en la cinematografía moderna un papel importantísimo; tanto como en la obra de Kubrick. No obstante si el Rosebud de Welles o el Mc Guffin hitchconeano catalizan el movimiento del personaje, en los films de Kubrick la mediación del individuo para esforzarse en conseguir su objetivo no acaba siendo el motor de la historia, sino la voluntad de ésta. Es decir, el personaje no hace avanzar la historia según sus deseos, sino que, en base a un concepto más idealizado, parece ser el curso del argumento el que domina al personaje, accionándolo según su propósito. El sujeto acaba siendo una marioneta agitada por las leyes que rigen la historia, de forma que, si apeláramos al ocasionalismo de Malebranche, las acciones de los actores serían en gran medida placebos disfuncionales: una apariencia de participación coordinada, en última instancia, por la historia.

Así, se consigue dotar a 2001 de un halo absorto y simbólico que, inevitablemente, estimula la reflexión. Al mismo tiempo, deberíamos resaltar la concordia establecida entre música e imagen como partícipe de la citada aureola mística (otorgando a la cinta una rítmica similar a las obras de Strauss o Ligeti).

Finalmente, quisiera acentuar el interés que Kubrick demostró por el arte, preñando cada una de sus películas con infinidad de influencias y referencias, desde la expresión pictórica y cinematográfica, hasta la literaria o mitológica (el propio Kubrick afirmó que "2001 es más una historia mitológica que una historia de ciencia-ficción").

En 2001 la influencia del minimalismo se aviene tanto al planteamiento fílmico lineal como a la composición escénica: anegada de formas rectilíneas, estructuras geométricas y colores primarios. Dicha iconografía conecta directamente con el arte minimal americano (Morris Louis, Kenneth Noland, Barnett Newman...) además de exhibir un interés especial por la sicodelia y el op art de los 60’s (Albers, Bridget Riley, Victor Vasarely, Yaacov Agam o Frank Stella).

En definitiva, 2001: una odisea del espacio es una obra maestra completa que no puede faltar en ninguna videoteca. Procuraremos, por tanto, hacernos con un ejemplar a partir del doce de septiembre.

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