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. .[Especial 51ª
Berlinale] [Películas] [Crónicas]
LA
CRÓNICA DE LA 51ª BERLINALE
7-18 Febrero 2001
Mateo
Sancho Cardiel
(Berlín, 17-Feb-01)
Y HASTA AQUÌ HEMOS LLEGADO
Bueno, ha sido un largo camino en
el que ha habido de todo: sorpresas, decepciones
Pero ahora, a falta de dejarnos un espléndido recuerdo
la odisea de Stanley Kubrick, con toda la competición cerrada
y con la incógnita del palamés, es hora de hacer
recuento.
Stalingrado abre fuego
El festival empezó con energía y
ambiciones. La apuesta de Jean-Jacques Annaud para arrasar en
las taquillas de todo el mundo resultó ser además un
cine de calidad media-alta que nos traía buenos aromas
del cine bélico clásico. Director y actores, con Jude Law a la cabeza,
vinieron a captar las primeras reacciones de un filme
arriesgado que apostaba muy alto. Con la tranquilidad de
no entrar en la competición, pero ahora con el regusto
de poder haberse llevado algo, "Enemy at the gates" abrió con estilo
esta edición número cincuenta y uno, marcada por el
buen tiempo y la mala organización.
Argentina, drogas y homosexuales abren la
competición
El segundo día seguía con grandes
metas. Por un lado, "La ciénaga" desde Argentina se
convertía en la favorita de la crítica, que jugaba al
despiste de un público que no acaba de encontrar el
valor a este tipo de cine que se detiene en el tiempo.
Por contra, avalada por los Globos de Oro y a la espera
de las cinco nominaciones al Oscar que le han caído, "Traffic" arremetía contra el mundo de la
drogadicción y reconciliaba al público y a la crítica.
La película empieza a aparecer como favorita en el
primer día de competición y, pese a que ninguno de sus
actores viene a dar la cara, la rueda de prensa con su
director, que afirmó sin tapujos haberse metido de todo
en su juventud, estuvo a rebosar. Por la tarde, la
italiana "Le fate ignoranti" derrochaba buenas
intenciones y trataba de tirar los prejuicios sobre la
homosexualidad con resultados simplemente agradables.
El arte de la improvisación contra el
teatro filmado
Al día siguiente, el movimiento
Dogma atacaba de nuevo con su "Italiano para principiantes", que ya ha
recogido varios premios de las organizaciones
cinematográficas y parece tener un hueco asegurado entre
los galardonados. Con muchas menos pretensiones que un Lars Von Trier, la primera
directora en afrontar esta liberal y rígida tendencia,
optó por realizar una divertida y brillante comedia.
Menos gracia hizo, sin embargo, "Malèna", reiterativa exposición de las
eternas cuestiones de Tornatore, que sólo
destacaba por el cuerpo de Monica Belucci. Su
interpretación era lo de menos, muy al contrario que la
de Emma
Thompson, volviendo como un huracán en ese casi
monólogo que es "Wit". Sin pelos en la
lengua, es una brutal reflexión sobre aquello a lo que
todos estamos abocados pero acerca de lo que nadie sabe
darnos una preparación adecuada: la muerte. La película
tuvo opiniones divididas, pero la actuación de Thompson
fue unánimemente aplaudida y será muy probablemente
premiada.
Dulzura y pervesión
El cine francés desembarcó en la
Berlinale con un producto odioso titulado "A ma soeur!", terrible historia de amor-odio
fraternal que hizo que casi cundiera el pánico entre el
público. Muy diferente fue todo con "Chocolat", agradabilísimo filme, de entre
los mejores del festival, que nos hizo emocionarnos como
chiquillos a la vez que disfrutábamos por una
espléndida factura técnica que rezumaba ese aroma del
puro cacao. Una joya que, sin embargo, algunos
intelectuales se negaron a reconocer. Sin embargo, para
este difícil grupo, supuso todo un desafío "Quills", demoledora biografía del
Marqués de Sade que ofrecía grandes interpretaciones y
diálogos muy estudiados. Presentada fuera de
competición, Geoffrey Rush podría haber sido en caso
contrario un firme candidato al Oso de Plata, como ya lo
es al Oscar. En la rueda de prensa, sin embargo, la más
solicitada era una no menos espléndida Kate Winslet, que se mostró
como una de las más simpáticas y adorables de todo el
certamen.
Antropofagia en la Berlinale
Las cosas ya empezaron a decaer el
domingo, día en que las grandes películas también se
tomaron fiesta. "Chloe" era un relato con
mucha magia, pero que se caía en un desarrollo muy
confuso de los acontecimientos. Tres cuartos de lo mismo
pasaba con "El sastre de
Panamá", torpe adaptación de la novela de John LeCarré en la que
encontramos de nuevo a Geoffrey Rush, pero en un papel
más desquiciado si cabe, lo que no quita para estar muy
por encima del ausente Pierce Brosnan. En la rueda de
prensa, el que acaparó toda la atención fue el afamado
escritor, con sabios comentarios sobre la situación
política mundial. Pero por la tarde llegaba el gran
acontecimiento: pese a que un festival presume de cine
independiente, nunca se produjo un caos semejante para
entrar en una sala como con el retorno del docor Lecter,
don "Hannibal", de vuelta diez años después sin
perder un ápice de su encanto. Sin embargo, la película
sí que andaba algo carente de fuerza, sobre todo en un
final infame donde los haya. Sir Anthony Hopkins, más tarde,
demostró charme y carisma en la rueda de prensa, y
afirmó que está ya en marcha la temible tercera parte.
Subversión y reconciliación
La nota de color la puso Spike Lee con su eterna
defensa a su raza en "Bamboozled", película con garra que levantó
elogios y ampollas. Su director se mostró bastante más
divo de lo esperado, y eso no favoreció demasiado la
acogida de la película. Con todo el estilo
hollywoodiense llegó a Berlín la película coreana "Joint security area", un esperanzador
relato de amistad y tolerancia que pasó algo de
puntillas aquí tras arrasar en su país. La que no pasó
desapercibida, pero para mal, fue "Félix y Lola", una soberana
tomadura de pelo de Patrice Leconte, que dejó atrás ya sus tiempos
de "El
marido de la peluquera" y aquí miente como un cosaco en
la narración, algo que, si no se le permitió a Hitchcock en "Pánico en la
escena", nadie estaba dispuesto a pasar por alto en
este director de grandes aspiraciones pero pobres
resultados.
Rien de rien
La Berlinale tocó fondo el martes
trece. No sé si por pura superstición, pero los filmes
presentados este día parecían elegidos adrede para
matar al espectador. El doble programa oriental con la
simplona "Betelnut Beauty" y la
churrigueresca "Inugami" resultó una
tortura, que sólo se podía aguantar gracias a que
estábamos tan perplejos que no teníamos capacidad de
reacción. Pero por la tarde, ahora ya en mentalidad
occidental, también sufrimos lo nuestro con "Trece Días", el nuevo discurso patriótico de Kevin Costner, metido en la
sección oficial a última hora, fuera de concurso (las
opciones de premio hubieran sido las mismas), que, para
colmo, ni siquiera apareció para darle un poco de
atractivo a este difícil día para el cinéfilo.
De la fría Polonia a las escenas
tórridas
Al día siguiente, muy malas
tendrían que haberlas pintado para no superar la calidad
de lo reciente. "Weiser" desde Polonia
también ponía su punto original e irónico al no
ofrecer un desenlace después de pedirlo a gritos toda la
película, mientras el público no daba crédito. Por lo
menos "Intimacy" levantó polémica. Pretenciosa y
aburrida para unos, sutil y genial para otros, lo que
nadie dudaba es que había subido el termostato -en
varios sentidos- a la competición. El último día con
tercera sesión lo cerró Emir Kusturica con su absurdo
documental "Super 8 stories", que no dijo nada
a nadie, aunque luego el director hiciera interesantes
reflexiones en la rueda de prensa acerca de la situación
política en su país.
Garci profeta, Douglas Dios
El jueves las cosas mejoraron. Tal
vez por recuperar la calidad perdida, muchos nos
emocionamos al ver "Little Senegal", un sencillo pero
sobrecogedor relato contra el racismo y a favor del amor
que supuso una de las pocas sorpresas de esta edición.
La segunda película era la española "You're the one (Una historia de entonces)", lo que para la
mayoría de los españoles suponía turno de descanso. La
película recibió un acogido tibia, aunque no se
descarta que entre en algún premio de consolación en el
palmarés. De todas formas, Garci en la rueda de prensa siguió
demostrando que es un gran amante del cine y que es, como
se anunciaba por aquí, su profeta, independientemente de
cómo luego haga sus películas. Sin embargo, la estrella
del día era, indiscutiblemente, Kirk Douglas. En Berlín para
recoger el Oso de Oro a toda su carrera, ofreció la
rueda de prensa que se siguió con más interés de todas
a cuantas asistimos. La demostración de un poderío
imperecedero que le eleva a la categoría de mito. Para
completar la jornada dedicada al cine clásico, nada
mejor que una de las grandes obras maestras de todos los
tiempos. En versión restaurada y con orquestación en
directo, "Metrópolis" supuso todo un
gustazo para los más cinéfilos, aunque el hecho de que
terminara pasada la una repercutió en la vitalidad de
más de uno al día siguiente.
Connery no deja que le encuentren
Por si alguien no tenía sueño
después de "Metropolis", "My sweet home" se encargó de
soporizar al personal. Aburrida y densa hasta la
saciedad, el cine alemán quedó en muy mala posición
con esta su única película a concurso. Poco después,
José Luis Garci seguía dando que hablar, esta vez para
defenderse de los malintencionados y falsos rumores sobre
los trapicheos de la elección de "You're the
one" para los Oscar. Afortunadamente, allí estaba
el señor Sean Connery para traernos su nueva película, "Encontrando a Forrester", que, si bien no
es para lanzar cohetes, se hizo muy entretenida y tenía
más de un punto a destacar, como por ejemplo su
magnífica interpretación, camino del Oso de Plata. De
todas formas, un Sir como él no se mostró muy amable
con los periodistas. Alérgico a los flashes, no soltó
prenda en toda la conferencia, mostrándose apático y
formal, sin ofrecer grandes momentos que dieran para
deslumbrantes titulares. Por la noche, la proyección de "Senderos de
Gloria" como colofón a la emocinante entrega del
Oso de Oro a Kirk Douglas fue aplaudida, como no puede
ser de otra manera.
Broche de
hojalata
Y así, llegamos al último día de
competición, que ha dejado mucho que desear. La
película china "Beijing Bicycle" entretuvo e
incluso llegó a emocionar a algunos con su mensaje sin
pocas pretensiones, pero con altas dosis de ternura. Pero
lo que sí decepcionó fue el nuevo trabajo de Michael
Winterbottom, director que no nos tenía acostumbrados a
tantos convencionalismos. Por último, un larguísimo
documental sobre la vida y obras de Stanley Kubrick convocó a los
admiradores más incondicionales del genio que con su
revolucionaria película hizo al 2001 un año sumamente
cinematográfico.
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© 2001 La Butaca. Ángel
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