CRÍTICA por
Leandro Marques
El peso de
una vida
Un segundo. Un centímetro. Un
momento exacto. Una vida. Cualquier instante, por pe-queño que
sea, puede convertir las cosas en algo drásticamente diferente
de lo que eran. Para bien o para mal. Un cuerpo humano, un ser
inserto en él, es válido preguntarse, hasta qué punto es capaz
de soportarlo. Especial-mente cuando se trata de una tragedia, de
la muerte injusta de seres queridos, ¿puede se-guir habiendo vida
para los sobrevivientes? O mejor dicho, ¿puede seguir llamándose
"estar vivo" a una vida después de algo así? "21 gra-mos", dicen,
es la cantidad de peso que pierde un cuerpo cuando deja la vida.
Pero más que otra cosa, es la segunda película, hablada en
inglés y producida en Estados Unidos, del director mexicano
Alejandro González Iñárritu,
el mismo que se consagró con "Amores perros".
En esta nueva producción, el
realizador mantiene varios de los ras-gos mostrados en su opera
prima. Desde la textura opaca de sus imágenes hasta la íntima
cercanía de la cámara con los personajes, todo esto entrelazado
con el modo irregular de manejar los tiempos del relato.
González Iñárritu hace de su película una especie de
rompecabezas en el que cada una de sus piezas, a medida que se
desarrolla la trama, irá encajando con los sucesos de la
historia. El film, escrito por Guillermo Arriaga –también
guionista de "Amores perros"–, juega con el orden cronológico de
la historia, le quita su coherencia y lo recorta en pedazos que
desparrama a lo largo de la trama. Aunque este estilo lleva a
desairar durante el primer tramo al espectador, por momentos
aturdiéndolo de in-formación, las escenas nunca pierden interés
estético ni narrativo. Desde el primer instante, desde el primer
plano, las imágenes irradian un clima absolutamente envolvente,
inquietante, que despierta tantas preguntas co-mo curiosidad por
descubrir cómo se desenvuelve la historia.
Cuerpos que sufren, que
sienten, que aman, que desean, que odian, que sienten culpa.
Cuerpos solitarios, frágiles, enfermos. Cuer-pos vistos como con
lupa. "21 gramos" es una película profundamente interesada en
explorar los cuerpos. Los retrata de cerca, trata de captar su
expresividad y su percepción. A través de los cuerpos, de su
estudio, de su observación, el film accede a los pensamientos.
¿Por qué vale la pena vivir? ¿Hasta qué punto es posible
aguantar el dolor? La cinta no ofrece respues-tas, pero sí
preguntas. Es básicamente un film que cuestiona, algunas
veces más sutilmente que otras. Cuestiona la seguridad y
contención de Jesús tanto como al ingenuo optimismo de las
personas. El sufrimiento no se arregla mirando para otro lado,
creyendo que todo está bien, es una mochila pesada que cada uno
debe cargar so-bre sus hombros. Hacerse cargo del dolor propio,
inherente a la vida huma-na, es luchar por transformar la vida en
un viaje menos agobiante.
En un accidente, Jack Jordan,
interpretado por el impactante Benicio del Toro, atropella y
mata a un papá junto a sus dos hijas. Por esos días, Paul Rivers
(brillante Sean Penn) esperaba un corazón para poder con-tinuar
con vida. El papá, marido de Cristina Peck (Naomi Watts,
excelente como en "Mulholland Drive"), le proveerá el órgano a
Paul y al mismo tiem-po instalará una curiosidad: la de saber
quién le ha salvado la vida. Así co-nocerá a Cristina. Y ambos
harán lo propio con Jordan. Pese al por mo-mentos previsible
deambular de la trama, el manejo del relato es impeca-ble. La
cinta tiene una dinámica tan absorbente que son pocos los
seg-mentos que habilitan a pensar o al menos interesarse por
adivinar qué es lo que sigue. González Iñarritu es un notable
creador de atmósferas, de ten-sión; la música escogida, el andar
inquieto de la cámara, el trabajo con la fotografía y la
iluminación son algunas de sus herramientas.
Otros de los puntos
sobresalientes, como se dijo al pasar, está relacionado con el
altí-simo nivel de compromiso de los actores con sus roles. Una
cara de Benicio del Toro, un silencio de Sean Penn, una mueca de
Na-omi Watts, en esta película, encajan a la per-fección con lo
que sus interpretados piden de ellos en cada escena. A estas
actuaciones hay que sumarle la muy buena composición de los
personajes; se explora sobre sus raí-ces esenciales, lo que
permite encontrar indi-cios suficientemente claros para poder
comu-nicarse y entablar un diálogo con el especta-dor, que
respetará, entenderá o bien rechaza-rá con sustento el comportamiento
de cada uno. La película ofrece muchos espacios flotantes,
silencios, que sirven para abrir el juego y permitir al pú-blico
hacerse preguntas y reflexionar sobre ellas. Más allá de algún
pasaje construido casi a la fuerza, como para justificar la
coherencia de la historia (por ejemplo, la escena en la que
Cristina estalla de ira y confiesa querer matar a Jordan), "21
gramos" se construye a sí misma con la solidez que a veces
deviene de la irregularidad. Irregularidad por la forma en que
está contada. Por la historia que cuenta. Miedo, dolor, culpa,
incertidumbre, muerte. No hay garantías de nada. Sólo de que hay
vida, y de que hay que hacerse responsable por ella. Quizás,
detrás de esos 21 gramos insignifi-cantes, los mismos que pesa
una barrita de chocolate, se esconda algo que vale el intento
descubrir.
Calificación:
    
Imágenes de "21
gramos" - Copyright © 2003 A This That Productions e Y
Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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