CRÍTICA por
Miguel Á. Refoyo
El peso del
alma o cómo sobrevivir a la muerte
El director de "Amores perros"
desestructura una historia sobre la muerte, la expiación, la
búsqueda del perdón y la venganza
Alejandro González Iñárritu saltó a la fa-ma hace tres años con
la portentosa y univer-sal "Amores perros", un espectacular drama
que dio la vuelta al mundo con su imborrable manifiesto que
encubría cualquier mínimo error en la incorruptibilidad de una
historia co-ral llena de simbolismos y lecturas. Un éxito sin
precedentes en el cine mexicano que pro-metía el salto a
Hollywood de su director y del guionista
Guillermo Arriaga. Su
debut en un largometraje yanqui es "21 gramos", con el que "Amores
perros" tiene varios pun-tos en común. Ambas narran tres historias
entrecruzadas, tres vidas marcadas por el do-lor, la necesidad de
afecto y la ausencia de felicidad. En su opera prima seis personajes sufrían una peligrosa transformación,
escalofriante meta-morfosis que genera en el ser humano el dolor
y la aflicción de una fragi-lidad encontrada en unas vidas
impregnadas de un pesimismo hallado en el trágico destino del
fatal accidente automovilístico que les une.
En su nueva película, Iñárritu explora las aciagas vidas de tres
personas que entretejen sus vidas precisamente por otro
accidente que cambiará sus destinos de forma imprevista,
llevándoles a conocer el rostro más amargo y doloroso del amor,
el infierno de la venganza y una falsa promesa de la redención.
"21 gramos" se centra en la vida de Paul, un profesor de
matemáticas que espera un transplante mientras ve cómo su
matrimonio parece destina-do al fracaso, Jack, un ex convicto
reformado gracias a su impostada fe re-ligiosa, y Cristina, una
mujer felizmente casada que ve su vida arruinada con el
accidente mortal de su marido y sus hijas, hecho que la sumirá
en una espiral de autodestrucción y drogas. Partiendo de estas
premisas, es-te accidente unirá los destinos de los tres
protagonistas, implicados todos ellos en un laberinto donde la
muerte abrirá nuevas perspectivas de vida, pero en una constante
espera de otra muerte, de un nuevo final. Un ciclo de muerte que
se va transmutando continuada e ineluctablemente. Un dra-ma de ferocidad cinematográfica capaz de transformar un
guión en exceso telefílmico y sin aparente atractivo en una
obra de genial narración desestructurada, en el que el buen
pulso del montaje y una di-námica de planificación acomodada al
estilo del realizador que ya dejó pa-tente en "Amores perros"
ensalzan un trabajo imperfecto pero virtuoso, pre-visible pero
fascinante.
Pero no todo resulta gratificante en esta sólida
muestra de experimenta-ción dramática. Con esa eludible y a veces
forzada cisura cronológica del tiempo, Iñárritu aísla los
momentos más importantes en las vidas de sus caracteres,
abusando del dramatismo que cimenta la historia en escenas
donde los actores provocan una emoción de desbordado frenesí
dramático. Tal vez la estrategia de deconstruir no sea más que
un artificio para envol-ver un guión en el fondo bastante
convencional en sus propósitos argumen-tales. Pero lo cierto es
que el puzzle temporal narrativo concede a la cinta del cineasta
mexicano la furia y el interés necesario para obtener el efecto
que vertebra este tortuoso viaje al sufrimiento y al vacío de la
pérdida.
En
ese juego de saltos temporales, la cinta anticipa y
retrocede las acciones en el tiempo hasta que, en un momento
crucial, los dra-mas personales confluyen en un clímax anti-tético
y poco convencional, destilador de una emotividad que duele, de
tintes tortuosos y trágicos, de redención purificadora. Sin
em-bargo, esta narración afásica puede también suponerse como un
artificio que justifica la decisión de desarticular lo que en
esencia es una historia sencilla, que contada de forma lineal,
hubiera sido la enésima y negligente película que aborda
eminentes temas como el destino, el amor y el remordimiento
humano. Por lo que la estructura narrativa de "21 gra-mos",
eficaz y turbulenta, puede parecer tan sólo un intento por dotar
de mayor circunspección a los diálogos y el contexto que siguen
hablando del peso de la culpa, la predestinación, la búsqueda de
la paz y el amor encontrado de forma casual. Con ello, el
peligro en el que está a punto de caer Iñárritu es la infracción
de la codificación, llegando a incurrir en la inin-teligibilidad
para el público, pero que solventa con una poderosa mezcla de
realismo, complejidad visual y la trascendencia de las verdades
tan revela-doras que se dan cita dentro de las tres tramas.
Iñarritu impone, con su brutal estilo, una virtuosa realización
ajus-tada a la construcción palpitante con una técnica que le
sirve para encubrir sus limitaciones argumentales en una obra
sobre el dolor como expresión del dramatismo. Película de juicio
y de expiación, de la búsqueda del perdón y del castigo como
última alternativa al olvido, "21 gramos" es una metáfora de la
expiación de los miedos por parte de unos personajes unidos por
la tragedia y el sufrimiento que encuentran el destino de un
vacío de carácter ‘rousseauiano’, cimentado en la pérdida y el
dolor como inicio de una nueva vida perfilada con una aciaga
esperanza. Por to-do eso, los 21 gramos de los que habla el filme no
son tanto el peso del al-ma que se van en el instante de morir,
sino más bien el peso con el que cargan los que sobreviven a la
muerte. Roles infelices y agobiados, aturdi-dos por el dolor que
les corroe debido a las diversas tragedias que parecen incapaces
de asimilar.
Superados los obstáculos que hacen que la película no sea
considerada una obra mayor, lo mejor de la función lo configura
el trío de intérpretes protago-nistas, verdadera excelencia del
filme. Tanto Sean Penn (que está acostumbrando al espectador a
actuaciones antológicas) co-mo la emergente
Naomi Watts emiten un
desgarro emocional fuera de lo común, inten-sificando la empatía
de sus personajes con el público de un modo sentimental. Pero si
al-guien merece todos los elogios es un sobredimensionado,
poderoso y colo-sal Benicio del Toro que aporta a su atormentado
personaje una sordidez desprovista de cualquier saturación
actoral. Los tres interpretes, soberbios y comedidos, acercan
sus interpretaciones a una magnificencia desatendi-da
últimamente en el cine norteamericano.
"21 gramos" es una cinta que sorprende,
conmueve y obtiene del espec-tador la indulgencia de absolver
incluso una parte final un tanto dilatada que fuerza la
liberación final surgida de un efecto de catarsis fortuita. Por
tanto, y como conclusión, la técnica de digresión y ruptura de
la narrativa clásica propuesta por Iñárritu deja la sensación
de que lo conseguido en "Amores perros" no es tan satisfactorio
en esta "21 gramos". Lo más beneficioso para él ha sido la
consecución de seguir su ascendente línea mexicana en un mercado
tan déspota y pérfido como lo es Hollywood. Prueba de ello son
las nominaciones a los Oscar® conseguidas por este loable intento
de innovar.
Calificación:
    
Imágenes de "21
gramos" - Copyright © 2003 A This That Productions e Y
Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "21 gramos"
Añade "21 gramos" a tus películas favoritas
Opina sobre
"21 gramos" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"21 gramos" a un amigo
|