CÓMO SE
HIZO "21 GRAMOS"
Notas de producción
© 2003
UIP
Dicen que el cuerpo humano pierde
21 gramos cuando morimos. El peso de cinco céntimos, de un
ruiseñor, de una barra de chocolate... o quizás el del alma
humana.
21 GRAMOS es la nueva
película de Alejandro González Iñárritu, nominado para el Oscar
por su anterior Amores perros. En ambas películas el tiempo
retuerce la estructura narrativa. La historia se mueve con
fluidez entre el pasado y el presente, pero siempre se encamina
hacia una promesa de redención en el futuro. El espectador debe
convertirse en un participante activo desde la primera escena.
Dice el productor Robert Salerno: “El público se va enterando
sobre la marcha de lo que ocurre y cómo encaja todo entre sí”.
Iñárritu vuelve a trabajar
con el guionista de Amores perros, Guillermo Arriaga, en una
historia que combina de nuevo el realismo duro con una firme fe
en el potencial de la vida. Dice Iñárritu: “Esta película es una
meditación sobre algunas cosas de nuestras complejas vidas: la
pérdida, la adicción, el amor, la culpa, el azar, la venganza,
la obligación, la fe, la esperanza y la redención. Me gustan los
personajes multidimensionales y contradictorios, como lo soy yo
y como creo que son todos los seres humanos que conozco. Nadie
es simplemente bueno o malo. Simplemente flotamos en un inmenso
universo de circunstancias. Me gusta mostrar sus flaquezas y sus
virtudes sin juzgarlos, porque sólo así esos personajes pueden
revelar algo sobre la condición humana”.
Arriaga añade: “En todo lo
que escribo se plantea siempre una cuestión moral. Moral en el
sentido de que las acciones tienen consecuencias. Casi todo lo
que escribo habla de cómo los muertos influyen sobre los vivos”.
El guión de 21 GRAMOS se
escribió en español y se concibió para tener lugar en escenarios
de Ciudad de México. A lo largo de sucesivas versiones la acción
se acabó ambientando en el paisaje de la Norteamérica central
pero manteniendo un valor de verdad universal. Dice Iñárritu:
“No había ningún concepto inicial fijado. Quería contar la
historia de la mejor manera posible. Para Guillermo y para mí
fue un largo proceso de casi tres años, al igual que ocurrió con
Amores perros”. Como sucedía en esa película, tres individuos se
ven vinculados a causa de un accidente y la narración recorre
diversas fases de su evolución externa e interna.
Muchos de los que trabajaron
con el director en Amores perros repiten en esta película, como
la directora artística Brigitte Broch y el compositor Gustavo
Santaolalla. Dice Iñárritu: “Era como si fuéramos un grupo de
rock and roll que íbamos de gira por Estados Unidos tocando una
canción universal...”
Otro miembro del equipo que
repite es el director de fotografía Rodrigo Prieto, que ha
rodado 21 GRAMOS en un estilo que él llama “absolutamente
realista” y que le parecía el más adecuado para una película
cuyos personajes “nacen, viven y mueren”. Dice Prieto:
“Alejandro es como si fuera de mi familia. Tenemos una excelente
relación de trabajo y una buena amistad, por fortuna sin ningún
elemento competitivo. Yo admiro y respeto a Alejandro. Si para
una escena quiere algo en particular, hago lo que sea para
conseguirlo, porque confío en su visión y sé que está en lo
cierto. Sabe arriesgarse y anima a su equipo a hacer lo mismo.
No teme cometer errores porque aunque te equivoques estás
explorando una alternativa. Nos gusta planificar las cosas
-hacemos un desglose, no un story board- pero cuando vamos a
rodar y los actores hacen algo diferente a lo previsto, nos
adaptamos”.
Casi todos los planos de 21
GRAMOS están rodados cámara en mano, creando una sostenida
tensión que será percibida por el público. Prieto, que es
también el operador, dice que prefiere el método de cámara en
mano por “su inmediatez, da la sensación de que puede ocurrir
cualquier cosa. Yo reacciono a lo que hace el actor en cada
momento: sé casi siempre lo que va a ocurrir pero intento
olvidarlo y sentir tan sólo “el momento”. Intento sintonizar con
lo que están sintiendo los actores. Un director de fotografía
puede distraer a un actor o hacerle perder la concentración
cuando se le acerca con el visor y se pone a darle
instrucciones. Intento evitar eso, ser más sensible a la
situación; la cámara es también testigo de lo que le está
pasando a un personaje. Cuando ruedo, me involucro de forma muy
íntima y eso hace que los actores se sientan más cómodos. En 21
GRAMOS, teníamos un reparto de enorme talento y fue increible
verlos trabajar acercándome lo más posible a ellos. Me dejé
llevar por las emociones en algunas escenas y la verdad es que
llegué a llorar un par de veces”.
Dice Iñárritu: “Aquí usamos
también la cámara en mano pero de otra forma que en Amores
perros. Es algo que te da libertad para ser más flexible con la
historia y el estilo de la película. A veces la cámara es un
mero observador, respira con la escena y es pasiva; otras veces
es descriptiva y muy activa. He tratado de usar la cámara como
un pintor utiliza el pincel”.
Prieto añade: “Los 21 gramos
del título no se representan visualmente. Pero los personajes de
la película están cerca de morir o alguien cercano a ellos
muere. Es la muerte lo que hace avanzar las cosas en sus vidas.
A través de la muerte descubren la vida. La historia es bastante
fuerte pero las imágenes no lo son. El look general de la
película es de una textura realista pero con aristas. La vida es
bella incluso en toda su dureza”.
Salerno comenta: “Alejandro
tiene mucha energía. Le gusta oir la opinión de todo el mundo,
del director de fotografía, del diseñador de vestuario, del
director artístico, de quien sea... y luego ensambla todos los
elementos. Enfoca con pasión todo lo que tiene que ver con el
guión y con el rodaje de una película. Toda esa energía y pasión
inspiran a los equipos técnico y artístico”.
El rodaje fue precedido por
unas semanas de ensayos y una fase de exhaustiva documentación.
Se entrevistó durante horas a médicos, profesores y curas.
Siempre que fue posible, se buscó que los extras fueran lo que
aparentaban ser, enfermeras, cardiólogos, clientes de un bar o
de una piscina...
El oscarizado Benicio del
Toro hace el papel de Jack, un ex-convicto que se ha reformado
pensando en el bien de su familia (y en el suyo propio). Benicio
se entrevistó con Iñárritu tras haber visto y admirado Amores
perros: “Hablábamos en spanglish al principio -recuerda-.
Hablamos de cine, de directores, intercambiamos muchos
cotilleos. Desde el principio me pareció que el guión de 21
GRAMOS era soberbio. Tiene alma. Es un drama lleno de
profundidad y cuenta tres historias muy humanas. En el rodaje
Alejandro te da muchos ánimos. Era como el padre de la familia,
un buen padre. Hizo que todos nos sintiéramos unidos.
Discutíamos las cosas y si había algo que no entendía, nos
preguntaba”.
Benicio continúa: “En cuanto
a mis compañeros de reparto, trabajar con actores como Sean Penn
y Naomi Watts hace que todo resulte muy fácil. Cuando no me
tocaba rodar, miraba a Sean y Naomi hacer sus escenas y nunca me
aburría: tenía butaca de primera fila en una función muy buena.
Ya había trabajado con Sean pero no como actor: me había
dirigido en dos películas. Es genial trabajar con él, ya sea
como actor o director. Entiende no sólo su personaje sino todos
los demás. Y con Naomi era como si pudiéramos comunicarnos sin
palabras. Todos pudimos explorar a fondo nuestras emociones. Mi
personaje es un buen hombre que utiliza la religión como una
especie de garantía, para asegurarse su destino. Unos se dan a
la bebida, otros se drogan, Jack Jordan se convierte a la fe.
Todos tenemos momentos que quisiéramos no haber vivido, y Jack
tiene uno de esos momentos en la película. Empieza a
cuestionarse su fe y mire adonde mire, no halla ninguna
respuesta. Tiene que volver a evaluar todo aquello en lo que
creía hasta entonces”.
Iñárritu dice: “Benicio
repasó y se cuestionó cada línea del guión y todo lo que se
refería a su personaje. Quiere conocer la razón de todo antes de
que comience el rodaje. Quiere conocer a su personaje en todos
los aspectos posibles. Comencé a trabajar con él cinco meses
antes del rodaje. Una de las cosas más importantes de un actor
es su vida interior y Benicio la tiene y muy profunda. No tienes
más que poner la cámara delante de su rostro y verás un montón
de cosas. No hace nada, simplemente habla con sus ojos y dice un
montón de cosas. Es un verdadero animal cinematográfico”.
Naomi Watts encarna el
principal papel femenino, Cristina, esposa y madre que ha
superado un pasado de drogadicción pero que ahora se enfrenta a
un presente desolado y un futuro incierto. Watts confiesa ser
una de las muchas personas que se quedaron “anonadadas” al ver
Amores perros: “Acepté este papel sólo por trabajar con
Alejandro. Guillermo y él vinieron a verme cuando estaba rodando
The Ring. El guión estaba sin terminar aún pero les dije que
contaran conmigo, que lo haría a ciegas. Luego me pasaron el
guión y al leerlo pensé, Este es el segundo gran papel de mi
vida después de Mulholland Drive. Los personajes recorren un
duro camino, hay mucho sufrimiento pero también una toma de
conciencia sobre lo valiosa que es la vida. Cristina vive un
arco emocional muy amplio. Me enamoré de ella enseguida, tiene
un alma hermosa”.
Watts se adhirió a los
mandamientos de Iñárritu: autenticidad, documentación y
preparación previa. “Me fío de Alejandro. Quiere ver hasta donde
puede llegar. Cada día de rodaje era un reto; la apuesta
emocional era muy fuerte. Concebí el papel de Cristina durante
el período de ensayos, documentándome por mi cuenta. Me metí en
grupos de terapia de padres que han perdido a sus hijos y me
hice muy amiga de una mujer en concreto. Creo que he podido
hacer un retrato bastante auténtico, pero el dolor que se siente
realmente al pasar por eso es algo inimaginable”.
Dice Iñárritu: “Fue como
trabajar a corazón abierto. Naomi se quedó sin voz un par de
veces durante el rodaje. Se entregó a fondo en cada toma. Tiene
un gran talento y sabe improvisar con el material de partida de
forma experta”.
Watts continúa: “El período
de ensayos fue genial. Benicio es fantástico y respeto mucho su
trabajo. Nos entendimos bien aunque nuestros personajes no pasen
demasiado tiempo juntos en pantalla. En cuanto a Sean Penn, le
admiro desde hace veinte años. Su papel es más reactivo que el
mío, así que se creó una dinámica intensa entre nosotros. Una
siente que puede apoyarse en él a la hora de trabajar juntos”.
Penn hace el papel de Paul
Rivers, un matemático cuyo corazón funciona tan mal como su
matrimonio, hasta que un transplante imprime un giro radical a
su vida. Iñárritu comenta: “ Trabajar con Sean Penn es como
jugar al fútbol con Beckham o montar en bici con Lance
Armstrong: el nivel del juego se eleva bruscamente superando
todas tus expectativas. Sean no racionaliza, es todo intuición y
emoción pura. Leímos el papel, lo discutimos y ensayamos un par
de veces: Sean lo absorbió todo y luego le dio vida al personaje
delante de mis ojos, como un mago. Tiene un método único,
silencioso e interno; no le gusta pensar demasiado las cosas por
anticipado o hacer muchos ensayos. Es uno de los tipos más
sensibles, inteligentes, auténticos y generosos que he conocido.
Tiene una integridad nada habitual en este negocio”.
Penn explica el motivo que le
llevó a hacer 21 GRAMOS: “Es muy sencillo. Una narración
atrevida, personajes muy humanos y un director cuya opera prima
me tocó la fibra sensible. Alejandro tiene una forma de rodar
agresiva, muy armónica, con personajes y situaciones reales, y
eso me parece excitante. En cuanto a Benicio, ya le había
dirigido en alguna película mía: es uno de mis favoritos entre
los actores actuales. Tiene fuerza y proyecta su alma en la
pantalla. Es tremendamente inventivo, es una joya. También me ha
encantado trabajar con Naomi. Me ha encantado, encantado,
encantado... Es espontánea, lista, tiene un enorme talento y se
entrega a fondo a su trabajo. Sube el nivel de la película”.
El rodaje de 21 GRAMOS
comenzó en diciembre de 2002 y se prolongó durante once semanas.
Tuvo lugar en Memphis, aunque la acción no se localice en
ninguna ciudad en concreto. Prieto explica: “No queríamos
ambientar la historia en Memphis, Tennessee, sino en un lugar
cualquiera de Norteamérica, o del mundo. La historia habla de lo
que están viviendo estos personajes no de dónde lo hacen”.
Se rodó en escenarios como el
gimnasio de la escuela episcopal de Grace-St. Luke, el club de
campo de Windyke, el restaurante North End y el barrio
residencial de Chickasaw Gardens. Dice Del Toro: “Empezó a hacer
frío cuando llegué allí, pero después cuando llegaron Naomi y
Sean hacía un frío del demonio”. Watts añade: “Memphis está muy
bien. Es un fondo magnífico para la película. Alejandro quería
un escenario despojado que no interfiriese con la historia”.
Salerno explica: “Estos
escenarios naturales ayudan a los actores a tener un sentido
real del lugar y de su presencia en él. Se trataba de crear un
entorno favorable para su trabajo y para el de Alejandro, a
quien le gusta sentir la energía de los sitios en los que se
encuentra. Podíamos haber construido un decorado para la
secuencia de la funeraria, por ejemplo, pero en una funeraria
auténtica sientes unas vibraciones especiales, que es lo que
buscábamos y lo que conseguimos captar”.
El rodaje en Memphis
proporcionó la diversidad de personas y escenarios que se
buscaba para colorear las imágenes de 21 GRAMOS. Dice Iñárritu:
“Memphis es una ciudad especial, no conozco otra ciudad
americana como ésta de entre las que he visitado. Me recuerda un
poco a las ciudades de Latinoamérica. Tiene una fuerte
personalidad y la gente de allí mantiene los pies en el suelo.
Es el corazón de Norteamérica y produce un sentimiento de
tristeza y nostalgia. Se puede oir el blues en el aire y además
está el río Mississippi con toda su fuerza”.
El guionista Arriaga admite
la profunda influencia de William Faulkner, sobre el que ha
impartido clases. Arriaga aprovechó que estaba en Memphis para
peregrinar al hogar y santuario del escritor en Oxford,
Mississippi.
La directora artística
Brigitte Broch, que también trabajó en Amores perros, dice:
“Memphis tiene historia, autenticidad y alma. Fue un puro
impulso de Alejandro, Rodrigo y yo misma lo que nos llevó a
rodar allí. Memphis tiene una mezcla de estilos arquitectónicos
que nos daba muchas posibilidades a la hora de crear diferentes
niveles de texturas. Las casas que salen en la película no son
genéricas, cada una pertenece a un nivel social distinto y habla
por sí sola; y todo eso lo encontramos en Memphis. La película
busca las raíces del dolor y el renacimiento humanos, las
escenas son muy intensas, y esta ciudad ofrece un telón de fondo
ideal para lo que andábamos buscando”.
Las últimas dos semanas de
rodaje tuvieron lugar en la zona de Albuquerque, Nuevo México,
en un despojado motel de la villa de Grants, que no es más que
una calle realmente, y en el territorio de Zia Pueblo, un páramo
de hierba y arbustos de sorprendente majestuosidad. Salerno
comenta que los escenarios de Nuevo México les aportaron “una
dureza desértica que suponía un adecuado contraste con las
localizaciones de Memphis, justo lo que necesitábamos en ese
punto de la historia”.
Broch continúa: “Si rodábamos
una escena en un despacho, llenábamos los cajones de las mesas
con los objetos que tendría el ocupante del despacho, aunque
luego los cajones no llegaran a abrirse nunca delante de la
cámara. Ese es el mandato de autenticidad de Alejandro. Hay una
base de total confianza mutua entre nosotros. Si el personaje no
tiene una historia previa (a la que se muestra en la película),
se la creo yo misma. Sí, ya sé que esa es la forma de trabajar
de los actores del Método... Para mí cada elemento del decorado
tiene una razón de ser: la realidad del personaje que va a
ocupar ese decorado”.
Prieto comenta: “Los
elementos visuales de la película corresponden al arco emocional
de la historia y de los personajes. Debido a la estructura de la
película, hemos distinguido cada una de las tres historias por
el color. Se trata de ofrecerle una pista sutil al espectador
para que sepa en todo momento en donde está. El mundo de Paul es
azul frío. El mundo de Jack es amarillo rojizo. El mundo de
Cristina es intermedio, tiene rojos y dorados pero mezclados con
elementos azules que proceden del mundo de Paul. Cuando las
cosas se le complican a nuestros personajes, usamos película con
más grano. Cuando la vida parece que se les aclara, no hay tanto
grano. El encuadre y el trabajo de cámara reflejan lo mismo:
cuando la vida de los personajes parece equilibrarse, empleamos
un tipo de encuadres más tradicionales”.
Dice Iñárritu: “Los
diferentes tipos de película dan una textura diferente a cada
personaje, en función del momento emocional que atraviese en un
momento determinado. Pero la paleta visual general de la
película está unificada por un proceso de tintado (bleach-bypass
process) que se le aplicó al negativo. Esto refleja el hecho de
que yo me crié viendo de esta forma los colores de mi país. Lo
discutí con Rodrigo antes de empezar el rodaje, y también nos
inspiramos en una serie de fotos que estudiamos juntos”. Esto
significó, dice Broch, que debió preparar su trabajo para hacer
que “el color púrpura virase a marrón y el rojo a negro. Es
fantástico trabajar con Rodrigo y tuve muy claro que debía
adaptar mi trabajo al suyo, a sus necesidades de iluminación”.
Lo mismo admite la diseñadora
de vestuario Marlene Stewart: “La película tenía un criterio de
color muy específico y eso influyó en todas mis decisiones. Se
iba a procesar el negativo con un alto contraste, así que debí
trabajar con colores de rango medio, como si fuera una película
en blanco y negro. Una debe trabajar sin traer ideas
preconcebidas al plató, en estrecha colaboración con el
director, los actores, el director artístico y el operador.
Alejandro no quería que el aspecto de un personaje influyese
sobre el espectador, no quería que le indujese a adoptar una
opinión previa sobre él. Esto refuerza el carácter universal de
la historia”.
Dice Salerno: “Alejandro
rueda muchas tomas trabajando estrechamente con cada actor.
Prueban una y otra vez hasta que Alejandro consigue lo que
quiere -nunca se conforma con otra cosa- lo que significa que el
reparto y el equipo deben esforzarse hasta el límite, mucho más
de lo que harían normalmente”.
Naomi Watts observa: “La
cámara de Rodrigo es como un personaje más de 21 GRAMOS. Se
mueve con la cámara sin cesar de un lado a otro y para un actor
es muy liberador el no tener que concentrarse todo el tiempo en
sus marcas”.
Watts se refiere al hecho de
que el director de fotografía Prieto operaba él mismo la cámara,
lo que le permitió observar el estilo de trabajo respectivo de
cada actor. Se quedó fascinado: “Sean siempre se interesa por lo
que haga la cámara, es muy consciente de ello. Necesita silencio
para concentrarse en su personaje y en el momento concreto que
está interpretando. Es asombroso, y también muy generoso con
todos sus compañeros. Naomi es muy dulce y nunca se quejó porque
la cámara no la sacara bien. No sé cómo lo hace pero no la ves
trabajando: se convierte en el personaje. Se ponía delante de la
cámara y ya no era Naomi, era Cristina”. Salerno añade: “Es
increible lo que hace Naomi, lo que le saca al personaje. Su
trabajo es devastador”.
En cuanto a Benicio del Toro,
Prieto repite los elogios de Iñárritu: “Benicio explora cosas
que no están escritas en el guión. Es muy sutil. Le da a sus
personajes una vida propia. Tiene unos ojos maravillosos. Me
encantaba iluminarle los ojos y cuando conseguíamos capturar ese
brillo tan suyo, salían momentos increíbles. Benicio sabe
proyectarse: sabe moverse cuando tiene la cámara lejos pero
cuando te acercas a él, proyecta una intensidad que no se
detecta a distancia”.
Presente como “observador” en
el rodaje estaba el montador Stephen Mirrione, quien ya había
trabajado con Benicio del Toro en la película Traffic, que le
valió un Oscar. Dice Mirrione: “21 GRAMOS es un relato muy
emocional conducido por lo que ocurre en el interior de los
personajes, no por situaciones argumentales. Me siento cómodo
con este tipo de narración, me da libertad para no sentirme
esclavo de la trama; así puedo concentrarme en captar la emoción
específica de una escena o de un instante. Me pongo en el lugar
de los personajes y eso hace que el trabajo de montaje sea más
interesante. Miro el copión cada día y apunto detalles para no
olvidarlos. Alejandro no quiere que se desperdicie nada, siempre
me decía lo que andaba buscando y el efecto que quería
conseguir. El reto de montar una película como ésta es que cada
espectador va a reaccionar ante ella de forma diferente en un
principio. Pero no tienen que saber ni anticipar lo que va a
pasar porque la película los va a arrastrar según se vaya
desarrollando. Va a producir un efecto distinto en cada uno,
sobre la marcha, pero al final cuando termine el efecto global
va a ser el mismo: un impacto emocional”.
Prieto dice: “21 GRAMOS es el
tipo de película sobre la que uno sigue pensando días después de
verla. Habla de cosas en las que todos pensamos y las muestra de
una forma directa e inmediata”. Por su parte, comenta Del Toro:
“21 GRAMOS habla de cómo podemos encontrar esperanza, perdón y
redención”. Y Stewart: “Todas las personas de todas las culturas
experimentan las mismas emociones básicas y se enfrentan a los
mismos dilemas. Esa es la clave de la película”. Broch añade:
“Todos hemos puesto el corazón en 21 GRAMOS. Sabíamos que
estábamos trabajando en algo muy especial”. Watts concluye: “21
GRAMOS acaba en un tono esperanzado. Hay que tener esperanza
incluso en la más difícil de las situaciones”.
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