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  ● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

21 GRAMOS
(21 grams)


Dirección: Alejandro González Iñárritu.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 125 min.
Interpretación: Sean Penn (Paul), Benicio Del Toro (Jack Jordan), Naomi Watts (Christina), Charlotte Gainsbourg (Mary Rivers), Melissa Leo (Marianne Jordan), Clea DuVall (Claudia), Danny Huston (Michael), Carly Nahon (Katie), Claire Pakis (Laura), Marc Thomas Russo (Freddy), Teresa Delgado (Gina).
Guión: Guillermo Arriaga.
Producción: Alejandro González Iñárritu y Robert Salerno.
Música: Gustavo Santaolalla.
Fotografía:
Rodrigo Prieto.
Montaje: Stephen Mirrione.
Diseño de producción: Brigitte Broch.
Dirección artística: Deborah Riley.
Vestuario: Marlene Stewart.
Estreno en USA: 21 Noviembre 2003.
Estreno en España: 30 Enero 2004.

CRÍTICA por David Garrido Bazán

Magnífica deconstrucción narrativa del dolor

  En el cine, como en cualquier otro arte, de vez en cuando aparecen manifestaciones que tratan de romper las normas y explorar nue-vos caminos para expresar las viejas histo-rias. No es algo precisamente nuevo, ni tan siquiera infrecuente en los últimos tiempos. Gracias al montaje, la única disciplina verda-deramente exclusiva del cine, los autores han jugueteado con los tiempos y ritmos narrati-vos de sus películas, exigiendo a menudo en el espectador un esfuerzo complementario para componer los puzzles en que convierten sus obras, invitándoles a entrar en su juego. Algunos ejemplos son además películas que han quedado en la mente del espectador pre-cisamente por la brillantez con la que el manido principio básico de todo re-lato (planteamiento, nudo, desenlace) quiebra a favor de otros intereses for-males: Quentin Tarantino construyó en "Pulp fiction" una película en la que su verdadero final estaba en la mitad del metraje y lo que acontecía al final del mismo no era sino un acontecimiento anterior que nos reconducía prác-ticamente al inicio de la película; Christopher Nolan en "Memento" maneja-ba dos líneas narrativas complementarias, una de las cuales transcurría en un momento temporal indeterminado pero de forma más o menos correla-tiva, mientras que la otra formaba un conjunto de secuencias en la que se invertía el orden temporal de las mismas de tal forma que la primera nos contaba lo que había sucedido después de la siguiente, un proceso de atrás hacia delante que también utilizó Gaspar Noé en "Irreversible". A nivel patrio, Julio Medem ha dado abundantes muestras de este gusto por retor-cer la lógica temporal a lo largo de su filmografía. Todo esto sin mencionar los complejos experimentos de David Lynch en films como "Carretera per-dida" o "Mulholland Drive", que exploraban los límites de la digresión narra-tiva y la lógica temporal, fascinando a unos e impacientando a otros con igual eficacia.

  Finalmente, Alejandro González Iñárritu, un excelente realizador mexi-cano que ya dio pruebas de su nulo interés por seguir la linealidad en su impactante y excelente opera prima "Amores perros", que entrelazaba los hilos narrativos de tres historias a través de un accidente que se convertía en el nexo que unía a varios de sus personajes, ha llevado este principio de romper con el clásico patrón narrativo hasta el límite en esta magnífica pe-lícula que nos ocupa, "21 gramos", cuya estructura argumental se descom-pone en mil pedazos fragmentados que el espectador ha de recomponer en su mente a medida que avanza el metraje de la película, sin más asideros iniciales para ello que su propia intuición y el deseo de conocer algo más de sus torturados personajes.

  El comienzo de "21 gramos" no puede ser más exigente con el espectador. Mientras la pantalla se inunda de una serie de imágenes impactantes que conforman una sucesión de saltos temporales y espaciales desconcertan-tes, la película comienza a suministrarnos in-formación sobre tres personajes unidos no sólo por otro fatal accidente como aquel que tenía lugar en "Amores perros", sino por una serie de torturados sentimientos que van del puro dolor físico a una atormentada culpa, pa-sando por la necesidad de amor o de vengan-za, mientras una atmósfera de inequívoca e insalvable tragedia se instala como un mal presagio en la mente del espectador, forzado a contemplar un fascinante puzzle en el que el desorden de la secuencia nos coloca en el medio de la nada a la búsqueda de cualquier asidero, solos con el puro sentimiento.

  Porque si hay algo que deja bien claro Iñárritu desde el primer momento de la película es que tiene un especial interés en que el espectador no se distraiga de lo importante con el destino de sus personajes. Tanto es así, que ya en los primeros minutos de película se nos muestra parte del desti-no final de los mismos, con lo cual se nos pone sobre aviso de esa fatali-dad ineludible que une de forma irreversible sus vidas. No, la búsqueda de Iñárritu es mucho más que la historia que nos cuenta, persigue que nos adentremos hasta el fondo en las distintas manifestaciones del dolor, nos propone una experiencia durísima en la que sentimos primero y co-nocemos después los detalles, con lo que sacrifica la habitual inten-sidad dramática de una narración ordenada por un crescendo emo-cional de muy diversa índole, una compleja e inteligente ordenación del aparente caos fragmentado, la extrema deconstrucción narrativa de su pro-puesta que esconde un minucioso trabajo de orfebrería emocional.

  Todo lo que se ve en pantalla tiene que ver con el dolor de una forma o de otra: dolor físi-co siente Paul (Sean Penn), un enfermo ter-minal que necesita un transplante de corazón y que lucha por darle un sentido a los últimos instantes de su vida mientras se enfrenta cara a cara a su muerte; dolor desgarrador siente Cristina (Naomi Watts), a quien de repente se le arrebata de un plumazo todo lo que da sentido a su vida al desaparecer de ella sus seres más queridos; dolor de una angustiosa culpa sufre Jack, el intenso personaje creado por Benicio del Toro, un ex presidiario re-convertido en un fanático religioso que cree en el determinismo de Dios en cada uno de los actos de su vida y que vive a la búsqueda de una imposible redención del irreparable daño causado a los demás; dolor, en fin, siente Mary (Charlotte Gainsbourg), la pareja de Paul, que ve cómo no puede salvar la distancia que le separa de su marido por más que lo intente, al igual que Marianne (Melissa Leo), la esposa de Jack, no consigue comprender las rígidas normas que se ha autoimpuesto su marido y su incapacidad para sobrevivir a un intenso sentimiento de cul-pa, ni siquiera por su familia.

  Pero "21 gramos" va mucho más allá de un puzzle narrativo cuyas piezas acaban finalmente por encajar a la perfección, aunque eso sí, sin sorpresas finales en su desenlace. Muchas de las líneas princi-pales que trata la película, ligadas a la permanente evolución de los perso-najes, ya han sido ampliamente apuntadas a lo largo del metraje, durante el cual el interés del espectador tiene más que ver con cómo se han llega-do a tales hechos que a los hechos en sí, que ya conoce de antemano en la mayoría de los casos: el torturado proceso de un Jack consumido por la culpa, el hermoso y pausado acercamiento de Paul a Cristina en busca de respuestas a preguntas que ni siquiera él conoce del todo, la toma de con-ciencia de Cristina de que no le resulta posible rehacer su vida suspendida en el vacío... la película posee su propio orden interior dentro del caos y lo que resulta más sorprendente es cómo su peculiar disposición no sólo no afecta al interés de la historia, sino que éste se acrecienta mucho más allá de los hechos en sí mismos, con un componente de indagación del espec-tador que, una vez pasados los primeros y desconcertantes veinte minutos, sabe de sobra a lo que atenerse y entra de lleno en la propuesta de Iñá-rritu, sin que a partir de ese instante precise de un especial esfuerzo para completar los huecos de la historia: sólo ha de limitarse a ordenarla en su mente.

  Película de personajes por encima de cualquier otra consideración, "21 gra-mos" se sustenta en el impresionante tra-bajo de tres actores en estado de gracia que se entregan de forma total y absoluta a sus personajes y nos regalan unas inter-pretaciones inolvidables. Impresionante es-tá Benicio del Toro, que alcanza aquí cotas incluso mayores que en aquel policía que compuso en "Traffic". Con un trabajo creado desde la más absoluta contención, que alcan-za el sueño de todo actor, transmitir lo máxi-mo con el mínimo indispensable, con una in-tensidad tal que vivimos la angustia existen-cial de Jack como si fuera propia. Si Naomi Watts nos dio en "Mulholland Drive" un atisbo de sus posibilidades como actriz con un personaje rico en dobleces, en "21 gramos" se entrega con una generosidad tal a su perso-naje que nos permite asomarnos al interior de alguien que lo pierde todo en un instante y que es incapaz de asumir dicha pérdida, dejándonos con la inquietante duda de si alguno de nosotros podría. Su personaje tiene más de un elemento en común con aquella desgarradora composición que hizo Halle Berry en "Monster’s ball" y alcanza momentos sublimes en su inter-pretación del dolor. Por otro lado, Sean Penn encarna a un personaje de variados registros que se mueve entre la impotencia inicial, la búsqueda del amor y, finalmente, la necesidad de enfrentarse a su destino mirando a la muerte de frente, mientras su peculiar relación con Cristina llena de forma tan efímera como necesaria las vidas mutiladas de ambos personajes.

  No resulta en absoluto casual que Sean Penn esté en esta película, que guarda relación directa con otro de sus grandes trabajos recientes, "Mystic River", a través de esa atmósfera de inevitable tragedia griega y de fatalidad del destino que impregna ambas películas y, lo que es aun más importan-te, con sus otros trabajos como director, muy especialmente la magnífica "Cruzando la oscuridad", que trata directamente de temas como la culpa, la necesidad de expiación y de venganza por un hecho del pasado, todos ellos elementos presentes tanto en la película de Iñárritu como en la de Eastwood con los que la sensibilidad de este actor habrá conectado con facilidad, pues son temas que le interesan sobremanera como autor. Inclu-so podría citarse "Deuda de sangre" del propio Eastwood como una pelícu-la también conectada en cierta forma a estos "21 gramos" que encierran, según la película, el peso que pierde un ser humano al morir y abandonar el alma su cuerpo, es decir, al peso del propio alma.

  Pero además de estos actores está el afi-nado trabajo de Iñárritu en dar forma en imágenes al alambicado guión escrito por Guillermo Arriaga, que contiene mo-mentos memorables (atención al inteligente uso del fuera de plano que utiliza para evitar visualizar el accidente: por un instante no só-lo parece que no lo vamos a ver, sino tampo-co a oír) e igual de potentes visualmente ha-blando que aquellos que le dieron justa fama a su primera película. Iñarritu vuelve a dar ese aire ‘sucio’, cortesía de la fotografía de Rodri-go Prieto, a su indagación en los recovecos del alma de sus personajes, retratados siempre de cerca, casi en un con-tinuo primer plano o plano corto que nos permite asomarnos al fondo de ellos mismos y apreciar el excelente trabajo de los actores, todo arropado con la delicada música de su compositor habitual, Gustavo Santaolalla.

  "21 gramos" no es una película fácil, ni apta para todas las sensibilida-des. Su oscurísimo tono y su furibundo pesimismo determinista, sólo ilumi-nado por algunos breves rayos de esperanza –tan débiles que apenas al-canzan para compensar la terrible radiografía del dolor en que se convierte la película–, harán que muchos espectadores sufran la película como una experiencia tan traumática como agotadora. Pero estamos ante una obra indiscutible que innova en su forma y arriesga en su contenido y que nos confirma que estamos en la presencia de un cineasta perso-nal, con un estilo propio. Un autor con mayúsculas que ofrece en esta imprescindible película una gran lección de sabiduría cinema-tográfica.

Calificación:


Imágenes de "21 gramos" - Copyright © 2003 A This That Productions e Y Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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