CRÍTICA por
Julio Rodríguez
Chico
La agonía
de la vida moderna
Agónica, triste y difícil película la que nos ofrece el mexicano
Iñárritu, que profundiza en la senda misteriosa del destino
–iniciada con "Amores perros"– a partir del entrecruzamiento de la
vida de tres personajes. Ahora lo hace en inglés, plenamente
incorporado al cine independiente america-no, aunque rodeado del
mismo equipo técnico de su primera película.
Jack
(Benicio del Toro) es un ex presidia-rio que
se convirtió a la fe evangélica en la cárcel, y que ahora lucha
por sacar adelante a su familia y reincorporarse a la sociedad.
En otro ambiente social, Christina (Naomi
Watts) es una feliz esposa cuyo mundo
se derrumba cuando pierde a su familia en un accidente de
tráfico. El trío lo completa Paul (Sean
Penn), enfermo desahuciado que
ne-cesita un corazón, y cuyo donante será el marido de Christina,
atropellado precisamente por Jack. La historia de las relaciones
que se van estableciendo entre ellos es evocada por Paul desde
la cama del hospital, en los últi-mos instantes de una existencia
que se diluye, y al hilo de unos pensa-mientos –expresados con
una voz en off perturbadora– en torno a la cadu-ca y pobre
felicidad, a la fragilidad de la vida y a su confusión con la
muer-te, sólo separadas por 21 gramos y por un aliento.
Interesantes reflexiones en
torno a estas realidades universales, tratadas ambas con un
marcado tono pesimista, triste e intrascendente. Culpa, castigo,
redención y venganza son asimismo escrutadas en el fondo del
alma de unos personajes que son reflejo de un mundo desola-dor.
Apenas hay lugar a la esperanza ni respiro para quienes se
esfuerzan inútilmente por construir unas vidas donde sepan
encajar el dolor y la muer-te. Son personajes frustrados que
fracasan una y otra vez, para quienes la segunda oportunidad no
es más que una nueva ocasión para constatar la agonía e
infortunio de la vida. Ni Paul puede recomenzar su vida tras el
trasplante, alejado de su mujer por la infidelidad y frente a un
amor que se antoja imposible; ni Christina encuentra más que un
amor que sólo viene a llenar su soledad por breves momentos
–sugestiva metáfora la del corazón de su marido, ahora en el
cuerpo de su nuevo amante–; ni Jack pasa de ser un
bienintecionado converso de fe irracional –que acaba por
rebelarse frente a su idea de un Dios vengativo– y escaso
sentido de humanidad con los suyos. Buscan amor, venganza y
perdón, pero no lo encuentran: su destino está escrito.
Con una factura hiperrealista, cámara nerviosa y abundantes
primeros planos, busca en todo momento trasmitir una sensación
de proximidad a sus persona-jes, a la vida angustiosa que
llevan o a la muerte que les espera. Con esa opción cine-matográfica, cruda y feísta
en ocasiones y que puede llegar a cansar, el director logra que
el espectador participe del drama y que la tensión cale hasta
los huesos. La puesta en escena llena de vigor y las excelentes
in-terpretaciones hacen el resto para mantener la atención de
quien comienza sin entender nada y haciéndose mil preguntas de
lo que pasa, del porqué de esa actitud, o de si esto sucedió
antes o después de lo otro. Y es que la apuesta vanguardista de
Iñárritu es arriesgada y va-liente, porque no respeta la
linealidad narrativa temporal ni espacial, y trocea las
secuencias en tantas piezas que el espectador debe adoptar una
actitud activa para ir recomponiendo un puzzle en el que todo
encaja perfectamente al final y que nos habla de un cuidado
montaje. El guión es laborioso, aunque tanta coincidencia puede
resultar un poco rocambolesca y artificiosa, y algunas de las
reacciones parecer insospechadas y despro-porcionadas, todo en
aras de redondear una historia en la que la vida acabe pareciendo
tan sombría que se parezca a la muerte.
Con estos mimbres técnicos y
de interpretación, Iñárritu realiza una obra de innegable y
sobresaliente calidad cinematográfica. Su di-rección de actores
es fabulosa; Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro bordan
unos papeles plenos de fuerza dramática y capaci-dad de empatía
con el espectador.
Libertad y fatalidad, vida y
muerte, amor y odio, todo confuso y a partes iguales en un
mundo –el nuestro– que no distingue la felici-dad del bienestar
ni el amor del sentimiento. Esta es la crítica del mexicano, que
ha prefe-rido mostrar con crudeza la tragedia del modo de vida
actual –del corazón del hombre, de la fragilidad de los vínculos
familiares–, buscan-do despertar al espectador de su sueño
indi-vidualista, materialista o conformista, y poner-le frente al
dolor y a la muerte de los que hu-ye. Y ello con un estilo visual
atrevido y lleno de fuerza, logrando una película
difícil pero muy lograda, impactante y nada complaciente, de esas que justifi-can el cine como arte y como vehículo de ideas.
Calificación:
    
Imágenes de "21
gramos" - Copyright © 2003 A This That Productions e Y
Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "21 gramos"
Añade "21 gramos" a tus películas favoritas
Opina sobre
"21 gramos" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"21 gramos" a un amigo
|