CRÍTICA por
Julio Rodríguez
Chico
Fatalismo
maniqueo
Desde Corea y pasando por el Festival de San Sebastián,
llega esta fábu-la sobre el aprendizaje vital, fuertemente
imbuida del pensamiento budista y de la estética oriental. La
presencia de cintas asiáticas en los festivales internacionales
se ha convertido en algo habitual últimamente, sin duda por su
calidad cinematográfica pero también por abrirnos a otras
mentalidades, algo que define a este comienzo de milenio. Sin
embargo, no todo lo que venga con esa etiqueta debe de entrar
por la puerta grande, pues la indus-tria siempre aprovechará los
filones que se le abran, como lo hace este co-reano que dice
situarse “fuera del sistema”.
Un monje budista trata de formar y guiar a su joven discípulo en
tantas etapas de la vida como estaciones se van sucediendo. Lo
hace en el idílico paraje de un lago rodeado de exu-berante
vegetación, donde un templo flotante sirve para la meditación y
purificación interior, alejado del mundo exterior. Allí la vida
discu-rre, para el director, según ciclos de un perpe-tuo
devenir, donde el hombre se difumina en una naturaleza panteísta
hasta fundir sus destinos con los de un pez, una rana o una
serpiente, símbolos que hablan de un sentido trágico de la
existencia, de la supervivencia en medio del odio; como el niño
que pierde la inocencia del juego por su crueldad, parece que
todos arrastran el peso de la culpa, que desemboca en la
violencia y la venganza, y que ni siquiera los duros castigos de
peni-tencia logran romper la rueda del destino.
Gusta a este polémico
director, Kim Ki-duk ("Bad
guy", "La isla") contra-poner dialécticamente agua a tierra o
cielo, amor a muerte, o placer a cas-tigo, pero siempre en medio
de un fatalismo que se impone a los inútiles intentos del hombre
por encontrar la felicidad y superar su instinto. Visión
pesimista y maniquea de la existencia, privada de auténtica
libertad, donde la moral es reducida a encontrar la paz interior
o donde las austeras ense-ñanzas se ofrecen sin humanidad.
Filosofía y religión budista que se han vaciado de
espiritualidad, y que presentan las relaciones humanas con una
simplicidad y esquematismo que equiparan juego infantil con
inocencia, adolescencia con sexo o juventud con venganza, y
donde el colofón bien podía llevar la firma de la tragedia
griega o del cine nórdico más existen-cialista, suicidio
incluido: por mucho que aquí se nos hable de disciplina
espiritual, no da la impresión de que se trate de valores dignos
para condu-cirse, ni una visión equilibrada de la vida.
En el aspecto más cinematográfico, Kim Ki-duk logra que cada
fotograma respire con la poesía y vitalidad de la frondosa
naturaleza asiática, y que una cuidada fotografía recoja el rico
colorido ambiental de cada estación o la misma humedad
suspendida. Sin embargo, su puesta en escena un tanto
intelectuali-zada y de fuerte sentido simbólico cae en la
artificiosidad y lo pretencioso, dispo-niéndolo todo al servicio
de una inten-ción didáctica demasiado explícita; las
in-terpretaciones pasan del hieratismo e inex-presividad –al más
puro ascetismo budista– a la sobreactuación gestual para mostrar
unos estados interiores de deses-peración o de deseos de
venganza; el tempo lentísimo –no hay nada malo en ello si es el
adecuado para la historia– hace pesada la digestión de una
historia que se ve venir en cada estación, y el guión nunca
llega a coger el ritmo ni la cadencia adecuada.
En definitiva, la
grandiosidad y belleza del entorno y la magnífica fotografía
acaban no siendo suficientes para insuflar aire a una
película que se asfixia hasta la muerte en el propio lago, único
escenario en el que sus dos protagonistas apenas hacen uso de la
palabra porque la imagen habla por ellos, aunque sea de manera
reduccionista. Salvo a los incondi-cionales del cine oriental en
clave simbólica y que se conformen con la be-lleza visual, esta
película coreana tiene muchos boletos para atragantárse-le a más
de un espectador.
Calificación:
    
Imágenes
de "Primavera, verano, otoño, invierno... y
primavera" - Copyright © 2003 Korea Pictures, Mirea Asset, Muhan
Investment, Ipictures, Cinesoul, B&B, KBS Media, Filmfoerderung
Hamburg, LJ Films y Pandora Filmproduktion. Distribuida en
España por Festival Films. Todos los derechos
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