● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y PRIMAVERA
(Bom, yeoreum, gaeul, gyeowool, geurigo, bom)


Dirección y guión: Kim Ki-duk.
Países:
Corea del Sur y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 103 min.
Género: Drama.
Interpretación: Oh Young-soo (Monje viejo), Kim Jong-ho (Niño monje), Seo Jae-kyung (Chico monje), Kim Young-min (Joven monje), Kim Ki-duk (Monje adulto), Ha Yeo-jin (Chica), Kim Jung-young (Madre de la chica), Ji Dae-Han (Detective Ji), Choi Min (Choi).
Producción: Lee Seung-jae y Karl Baumgartner.
Música: Bark Jee-woong.
Fotografía:
Baek Dong-hyun.
Montaje: Kim Ki-duk.
Dirección artística: Oh Sang-man.
Vestuario: Kim Min-hee.
Estreno en Corea del Sur: 19 Septiembre 2003.
Estreno en España: 10 Septiembre 2004.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Fatalismo maniqueo

  Desde Corea y pasando por el Festival de San Sebastián, llega esta fábu-la sobre el aprendizaje vital, fuertemente imbuida del pensamiento budista y de la estética oriental. La presencia de cintas asiáticas en los festivales internacionales se ha convertido en algo habitual últimamente, sin duda por su calidad cinematográfica pero también por abrirnos a otras mentalidades, algo que define a este comienzo de milenio. Sin embargo, no todo lo que venga con esa etiqueta debe de entrar por la puerta grande, pues la indus-tria siempre aprovechará los filones que se le abran, como lo hace este co-reano que dice situarse “fuera del sistema”.

  Un monje budista trata de formar y guiar a su joven discípulo en tantas etapas de la vida como estaciones se van sucediendo. Lo hace en el idílico paraje de un lago rodeado de exu-berante vegetación, donde un templo flotante sirve para la meditación y purificación interior, alejado del mundo exterior. Allí la vida discu-rre, para el director, según ciclos de un perpe-tuo devenir, donde el hombre se difumina en una naturaleza panteísta hasta fundir sus destinos con los de un pez, una rana o una serpiente, símbolos que hablan de un sentido trágico de la existencia, de la supervivencia en medio del odio; como el niño que pierde la inocencia del juego por su crueldad, parece que todos arrastran el peso de la culpa, que desemboca en la violencia y la venganza, y que ni siquiera los duros castigos de peni-tencia logran romper la rueda del destino.

  Gusta a este polémico director, Kim Ki-duk ("Bad guy", "La isla") contra-poner dialécticamente agua a tierra o cielo, amor a muerte, o placer a cas-tigo, pero siempre en medio de un fatalismo que se impone a los inútiles intentos del hombre por encontrar la felicidad y superar su instinto. Visión pesimista y maniquea de la existencia, privada de auténtica libertad, donde la moral es reducida a encontrar la paz interior o donde las austeras ense-ñanzas se ofrecen sin humanidad. Filosofía y religión budista que se han vaciado de espiritualidad, y que presentan las relaciones humanas con una simplicidad y esquematismo que equiparan juego infantil con inocencia, adolescencia con sexo o juventud con venganza, y donde el colofón bien podía llevar la firma de la tragedia griega o del cine nórdico más existen-cialista, suicidio incluido: por mucho que aquí se nos hable de disciplina espiritual, no da la impresión de que se trate de valores dignos para condu-cirse, ni una visión equilibrada de la vida.

  En el aspecto más cinematográfico, Kim Ki-duk logra que cada fotograma respire con la poesía y vitalidad de la frondosa naturaleza asiática, y que una cuidada fotografía recoja el rico colorido ambiental de cada estación o la misma humedad suspendida. Sin embargo, su puesta en escena un tanto intelectuali-zada y de fuerte sentido simbólico cae en la artificiosidad y lo pretencioso, dispo-niéndolo todo al servicio de una inten-ción didáctica demasiado explícita; las in-terpretaciones pasan del hieratismo e inex-presividad –al más puro ascetismo budista– a la sobreactuación gestual para mostrar unos estados interiores de deses-peración o de deseos de venganza; el tempo lentísimo –no hay nada malo en ello si es el adecuado para la historia– hace pesada la digestión de una historia que se ve venir en cada estación, y el guión nunca llega a coger el ritmo ni la cadencia adecuada.

  En definitiva, la grandiosidad y belleza del entorno y la magnífica fotografía acaban no siendo suficientes para insuflar aire a una película que se asfixia hasta la muerte en el propio lago, único escenario en el que sus dos protagonistas apenas hacen uso de la palabra porque la imagen habla por ellos, aunque sea de manera reduccionista. Salvo a los incondi-cionales del cine oriental en clave simbólica y que se conformen con la be-lleza visual, esta película coreana tiene muchos boletos para atragantárse-le a más de un espectador.

Calificación:


Imágenes de "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera" - Copyright © 2003 Korea Pictures, Mirea Asset, Muhan Investment, Ipictures, Cinesoul, B&B, KBS Media, Filmfoerderung Hamburg, LJ Films y Pandora Filmproduktion. Distribuida en España por Festival Films. Todos los derechos reservados.

Página principal de esta película
Añade esta película a tus favoritas
Opina sobre esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda esta película a un amigo
 


OTRAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL

Camino en las nubes (The middle of the world) (O caminho das nuvens)     Carandiru     Grimm     Lejano (Distant) (Uzak)     Salinui chueok (Memories of murder)     Suite Habana


        Suscribe tu correo para recibir gratis los boletines de La Butaca:

© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.