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Comienzan
temblorosas las apuestas
Por
Mateo Sancho Cardiel, San
Sebastián
Ya no hay lugar para las dudas, la competición ha finalizado y
el balance nos lleva a considerar esta edición como lo que
prometía: una de las peo-res de los últimos años. No hay
favorita, porque no hay ninguna película capaz de lograr la
unanimidad en su entusiasmo (en su repulsión hay va-rias), ni
tan siquiera de estar destinada a ser una obra de culto. Tan
sólo los intereses promocionales que puede atraer “Te
doy mis ojos” nos pue-den dar una posible
candidata al triunfo.
A esa
sensación de mediocridad no ha colaborado en absoluto el cierre
del concurso, una anodina cinta alemana llamada “Schussangst”
que dis-curría, sin mucha lógica, por la vida de un objetor
de conciencia que aca-bará matando por amor. Fusión de géneros y
rumbo muy poco preciso se juntan en una cinta que no consigue
arrancar ningún sentimiento al espec-tador más allá del
aburrimiento y que, de alguna manera, ha supuesto una síntesis
de la dispersión y el bajo nivel que ha caracterizado esta
Sección Oficial. No es especialmente mala, incluso tiene sus
momentos, pero deja transcurrir los minutos con material de
relleno y sin llegar a ninguna parte.
Ahora sí, llegado el momento de poder lan-zar un veredicto
personal –lo que siempre re-sulta muy arriesgado–, yo daría (e
insisto, no es que crea que se lo vayan a dar) el mayor galardón
a “La herencia”,
la cinta danesa, por su temática social y por su solidez como
cine de transmisión de actitudes a través de la estética y la
narrativa. El Premio del Jurado podría recaer en “La
joven de la perla”, así como el de la mejor
fotografía, de indudable mérito, puesto que su apuesta estética
es to-do un prodigio de reproducción de la pintura del maestro
Vermeer. El mejor director bien podría ser Achero Mañas,
que mueve la cá-mara con soltura y sin demasiados aspavien-tos
en su “Noviembre”.
Otra de las más destacables, “The
station agent (Vías cruzadas)”, podría recoger
fácilmente el galardón al mejor ac-tor, mientras que “En
la ciudad” puede ser reconocida por su ingenioso
y ágil guión, o con una mención a todo su reparto. La actriz más
respetable, y en contra de esa favorita sobreactuada e histérica
Laia Marull, debería ser Emmanuelle Béart, seguida
de cerca por Scarlett Johansson, es-pléndida en su papel
de musa de Vermeer. La película “Histoire
de Marie et Julien”, de Jacques Rivette,
bien es cierto que puede figurar en casi cualquier apartado,
pues es una cinta que, de una manera u otra, merece ser
mencionada en el palmarés. Ingenuidad sigo demostrando a estas
altu-ras, pues les adelanto desde ya que la quiniela será
fallida de principio a fin. Mañana se conocerán los resultados
definitivos y mi amigo Rubén y un servidor estaremos raudos y
veloces en mostrar nuestras opiniones, por lo general, bastante
convergentes.
Zabaltegi
ha presentado cintas de una mayor calidad, como “Swimming
Pool” o “Hero”,
dos obras de autores de distinta personalidad, tales co-mo
Ozon y Yimou, respectivamente. Ambas son, hasta la
fecha, lo peor de ambos realizadores, pero aun así, en este
panorama desolador, han si-do agradables aperitivos de buen
cine. “Swimming Pool” remueve la crisis de la madurez femenina
en clave de intenso drama negro. Realizada con majestuoso
dominio del arte cinematográfico, tiene un peligrosísimo punto
de inflexión que precede al desenlace que machaca radicalmente
todo la pasión que el espectador entrega al macabro y morboso
relato. Por su par-te, “Hero” de Zhang Yimou ya fue presentada
en Berlín, donde recibió el premio al mérito artístico
individual, por su deslumbrante y cuidadísimo as-pecto técnico.
Esta fantasía oriental llena de artes marciales hereda de
“Ti-gre y Dragón” la poética colorista y coreografiada, pero no
la potencia de su relato, que resulta aburrido y farragoso.
Elegida para clausurar la sec-ción Perlas de otros festivales,
no hace justicia a lo que en realidad ha sido la tabla de
salvación para la cinefilia en estos días.
Al margen de las películas, la estrella del día ha sido sin duda
Robert Duvall, que ha venido a San Sebastián para recoger
el pre-mio Donostia y, de paso, dejar bastante mal-trecha
nuestra mitomanía. Antipático y del catálogo ideológico de
Charlton Heston, el ac-tor no hizo alusión a sus declaraciones
sobre su oposición radical a las ideas políticas de Sean Penn
(no muy acordes éstas con las de George Bush) y zanjó la
curiosidad de los pe-riodistas con un «no he venido aquí para
ha-blar de debates políticos». Con cara de pocos amigos, no
sabemos si por la falta de asis-tencia del personal (la agenda
hacía coincidir esta rueda de prensa con el pase de “Hero”), o
porque simplemente no estaba de humor (se ha cambiado de hotel
porque le molesta-ban las continuas protestas del personal del
María Cristina), ha sido una de las presencias más agrias de
cuantas han pasado en esta edición por el certamen. Se ha
declarado “avergonzado” por la participación política de
al-gunos actores y cineastas respecto a la guerra y ha defendido
el “western” como el gran valor cultural de su país: «los
ingleses tienen a Shakespeare, los franceses a Molière, los
rusos a Chejov, y nosotros tenemos el wes-tern». Bonita
comparación y muy elocuente, por cierto, de la sociedad
nor-teamericana. A ese género pertenece, no obstante, la
película que él ha traído al festival y que clausura el mismo,
“Open range”,
la nueva aventu-ra como director de Kevin Costner, que,
esta vez, dicen las malas len-guas (es decir, las
norteamericanas) que consigue por fin salir del bache en el que
lleva ya… ni se sabe. Con esta excepcional referencia al
presen-te, la que dicen una de sus mejores interpretaciones, las
cuestiones fílmi-cas tuvieron un indudable sabor nostálgico,
recordando “El Padrino” o “Apo-calypse
now”, aunque se mostró muy entusiasmado con su nueva
película como director, la que le vincula a su Buenos Aries
querido, del que es Ciu-dadano de Honor, y que se titula
“Assassination tango”. Auténtico fanático de este baile, trató
de caer simpático chapurreando un poco de español e incluso
forzó un acento gaucho. Pero aun así, la figura de Duvall, como
la de Heston, permanecerá ya como antipática para siempre. No
creo que a nadie –ni desde luego a él– le importe, pero, en fin,
a algunos se nos cae un mito.
Y así,
algo apesadumbrados, pero con la sensación de que nos ha sabido
a poco y aún queremos más (algunos hablan de sadomasoquismo
cinéfilo), cerramos la página de las crónicas festivaleras hasta
la próxima ocasión y guardamos nuestra rabia por si mañana la
tenemos que utilizar a fondo. Pocas opciones justas hay a la
vista, pero los dictámenes del Jurado son inescrutables…
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