● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     
 CRÓNICA DEL VIERNES 26

 Comienzan temblorosas las apuestas
 Por Mateo Sancho Cardiel, San Sebastián

  Ya no hay lugar para las dudas, la competición ha finalizado y el balance nos lleva a considerar esta edición como lo que prometía: una de las peo-res de los últimos años. No hay favorita, porque no hay ninguna película capaz de lograr la unanimidad en su entusiasmo (en su repulsión hay va-rias), ni tan siquiera de estar destinada a ser una obra de culto. Tan sólo los intereses promocionales que puede atraer Te doy mis ojos nos pue-den dar una posible candidata al triunfo.

  A esa sensación de mediocridad no ha colaborado en absoluto el cierre del concurso, una anodina cinta alemana llamada Schussangstque dis-curría, sin mucha lógica, por la vida de un objetor de conciencia que aca-bará matando por amor. Fusión de géneros y rumbo muy poco preciso se juntan en una cinta que no consigue arrancar ningún sentimiento al espec-tador más allá del aburrimiento y que, de alguna manera, ha supuesto una síntesis de la dispersión y el bajo nivel que ha caracterizado esta Sección Oficial. No es especialmente mala, incluso tiene sus momentos, pero deja transcurrir los minutos con material de relleno y sin llegar a ninguna parte.

Imagen de "La herencia"  Ahora sí, llegado el momento de poder lan-zar un veredicto personal –lo que siempre re-sulta muy arriesgado–, yo daría (e insisto, no es que crea que se lo vayan a dar) el mayor galardón a La herencia, la cinta danesa, por su temática social y por su solidez como cine de transmisión de actitudes a través de la estética y la narrativa. El Premio del Jurado podría recaer en La joven de la perla, así como el de la mejor fotografía, de indudable mérito, puesto que su apuesta estética es to-do un prodigio de reproducción de la pintura del maestro Vermeer. El mejor director bien podría ser Achero Mañas, que mueve la cá-mara con soltura y sin demasiados aspavien-tos en su Noviembre. Otra de las más destacables, The station agent (Vías cruzadas), podría recoger fácilmente el galardón al mejor ac-tor, mientras queEn la ciudadpuede ser reconocida por su ingenioso y ágil guión, o con una mención a todo su reparto. La actriz más respetable, y en contra de esa favorita sobreactuada e histérica Laia Marull, debería ser Emmanuelle Béart, seguida de cerca por Scarlett Johansson, es-pléndida en su papel de musa de Vermeer. La película Histoire de Marie et Julien, de Jacques Rivette, bien es cierto que puede figurar en casi cualquier apartado, pues es una cinta que, de una manera u otra, merece ser mencionada en el palmarés. Ingenuidad sigo demostrando a estas altu-ras, pues les adelanto desde ya que la quiniela será fallida de principio a fin. Mañana se conocerán los resultados definitivos y mi amigo Rubén y un servidor estaremos raudos y veloces en mostrar nuestras opiniones, por lo general, bastante convergentes.

  Zabaltegi ha presentado cintas de una mayor calidad, comoSwimming Pool o Hero, dos obras de autores de distinta personalidad, tales co-mo Ozon y Yimou, respectivamente. Ambas son, hasta la fecha, lo peor de ambos realizadores, pero aun así, en este panorama desolador, han si-do agradables aperitivos de buen cine. “Swimming Pool” remueve la crisis de la madurez femenina en clave de intenso drama negro. Realizada con majestuoso dominio del arte cinematográfico, tiene un peligrosísimo punto de inflexión que precede al desenlace que machaca radicalmente todo la pasión que el espectador entrega al macabro y morboso relato. Por su par-te, “Hero” de Zhang Yimou ya fue presentada en Berlín, donde recibió el premio al mérito artístico individual, por su deslumbrante y cuidadísimo as-pecto técnico. Esta fantasía oriental llena de artes marciales hereda de “Ti-gre y Dragón” la poética colorista y coreografiada, pero no la potencia de su relato, que resulta aburrido y farragoso. Elegida para clausurar la sec-ción Perlas de otros festivales, no hace justicia a lo que en realidad ha sido la tabla de salvación para la cinefilia en estos días.

Robert Duvall en "Open range"  Al margen de las películas, la estrella del día ha sido sin duda Robert Duvall, que ha venido a San Sebastián para recoger el pre-mio Donostia y, de paso, dejar bastante mal-trecha nuestra mitomanía. Antipático y del catálogo ideológico de Charlton Heston, el ac-tor no hizo alusión a sus declaraciones sobre su oposición radical a las ideas políticas de Sean Penn (no muy acordes éstas con las de George Bush) y zanjó la curiosidad de los pe-riodistas con un «no he venido aquí para ha-blar de debates políticos». Con cara de pocos amigos, no sabemos si por la falta de asis-tencia del personal (la agenda hacía coincidir esta rueda de prensa con el pase de “Hero”), o porque simplemente no estaba de humor (se ha cambiado de hotel porque le molesta-ban las continuas protestas del personal del María Cristina), ha sido una de las presencias más agrias de cuantas han pasado en esta edición por el certamen. Se ha declarado “avergonzado” por la participación política de al-gunos actores y cineastas respecto a la guerra y ha defendido el “western” como el gran valor cultural de su país: «los ingleses tienen a Shakespeare, los franceses a Molière, los rusos a Chejov, y nosotros tenemos el wes-tern». Bonita comparación y muy elocuente, por cierto, de la sociedad nor-teamericana. A ese género pertenece, no obstante, la película que él ha traído al festival y que clausura el mismo, Open range, la nueva aventu-ra como director de Kevin Costner, que, esta vez, dicen las malas len-guas (es decir, las norteamericanas) que consigue por fin salir del bache en el que lleva ya… ni se sabe. Con esta excepcional referencia al presen-te, la que dicen una de sus mejores interpretaciones, las cuestiones fílmi-cas tuvieron un indudable sabor nostálgico, recordando “El Padrino” o “Apo-calypse now”, aunque se mostró muy entusiasmado con su nueva película como director, la que le vincula a su Buenos Aries querido, del que es Ciu-dadano de Honor, y que se titula “Assassination tango”. Auténtico fanático de este baile, trató de caer simpático chapurreando un poco de español e incluso forzó un acento gaucho. Pero aun así, la figura de Duvall, como la de Heston, permanecerá ya como antipática para siempre. No creo que a nadie –ni desde luego a él– le importe, pero, en fin, a algunos se nos cae un mito.

  Y así, algo apesadumbrados, pero con la sensación de que nos ha sabido a poco y aún queremos más (algunos hablan de sadomasoquismo cinéfilo), cerramos la página de las crónicas festivaleras hasta la próxima ocasión y guardamos nuestra rabia por si mañana la tenemos que utilizar a fondo. Pocas opciones justas hay a la vista, pero los dictámenes del Jurado son inescrutables…


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