● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     
 CRÓNICA DEL SÁBADO 27

 El más difícil todavía: "Schussangst" gana la Concha de Oro
 Por Mateo Sancho Cardiel, San Sebastián

  Parecía difícil que el Palmarés pudiera ser juzgado con un panorama tan deprimente en la Sección Oficial. No había ninguna obra maestra y, por tanto, no se contemplaba la posibilidad de una escandalosa injusticia. Pero sí, así ha sido: el Jurado de San Sebastián, sin presidente al que colgar el yugo, compartirá con sus seis miembros el peso de haber conseguido un disparatado reparto de premios que acumula los siguientes delitos:

Imagen de "Schussangst"  a) Otorga la Concha de Oro a una de las peores películas de toda la competición, Schussangst, de nacionalidad alemana, deslavazado relato de una mentalidad criminal cotidiana y reconocible, pero que acoge con gusto la bobaliconería como principal nexo de unión de sus pinceladas grotescas y absur-das de humor y de sus personajes pretencio-samente especiales. Campeona del despro-pósito junto a Grimm(que la socarrona in-teligencia del Microsoft Word cambia, curiosa y automáticamente, por la palabra “grima”) y la infumable Crepúsculo Rojo, los rumo-res previos que anunciaban la debacle sona-ban tan inverosímiles que no fueron tomados en serio.

  b) Consigue que en una Sección Oficial paupérrima se pueda hablar de “notables ausencias”, como las de En la ciudad, Histoire de Marie et Julieny Noviembre(de hecho, las cintas más premiables, más des-tacables del certamen). La película de Cesc Gay, un retrato sobrio y realis-ta del desencanto generacional, se va de manos vacías después de ser la más aclamada por la crítica. El maestro Jacques Rivette, aun en horas bajas, consigue una película exquisita, sutil y con un elevado grado de fas-cinación, mientras que Achero Mañas, sin ser especialmente brillante, arriesga y enfatiza con ilusión en su utopía social, aunque se podrá confor-mar con el Premio de la Juventud.

  c) Premia al principal lastre deTe doy mis ojos”, Laia Marull, que con su trabajo al borde del ataque de nervios, sin capacidad para transmitir nor-malidad y con una gama de aspavientos deplorable para mostrar dolor, contagia vergüenza ajena y bochorno durante toda la ya de por sí bastante mediocre película de Icíar Bollaín. Respecto al premio a su compañero de reparto, Luis Tosar, ninguna pega, pues es sin duda lo mejor de la cinta y extrae todo el partido posible a un personaje que no daba en sí mismo el juego que él ha encontrado. Fue el único premio no abucheado junto con el unánime fervor que había levantado la fotografía de La joven de la per-la, deslumbrante traslación de la estética Vermeer al fotograma cinemato-gráfico al que el Jurado también se rindió.

Cartel de "Salinui chueok"  d) Designa como mejor director al coreano Bong Joon-ho, responsable de "Salinui chueok", película que si bien es una amable traslación del psicothriller yanquie a la cine-matografía oriental, con humor autóctono y momentos logrados, no tiene un especial atractivo como para llevarse no sólo el premio oficial, sino también el premio FIPRESCI y el de Nuevos Directores. Aunque la película ga-na con el tiempo (y con el relieve que le dan sus pésimas compañeras de concurso), es un reconocimiento desmesurado para esta “rareza” sin pretensiones.
 

  e) Destaca de La herencia, una espléndida cinta, su peor aspecto: el guión. Si bien es un mal menor entre todo el dislate, la película danesa se nutría de una composición extraordinaria de los personajes por parte de sus intérpretes, de una estética fría, desgarrada en su silencio y su oscuri-dad, y por una creación de atmósferas que iba in crescendo hasta transmi-tir la claustrofobia emocional y cobarde del protagonista de la historia. Sin embargo, la base literaria de la película se desmoronaba en su desenlace y hacia una excesiva concesión al melodrama.

  f) Vuelve a dejar a la favorita de la generalidad únicamente con el Premio Especial del Jurado, tal y como ya sucedió en anteriores ediciones del fes-tival con películas como “En construcción” o “Las confesiones del doctor Sachs”. La nota amable y entrañable de los primeros días, elevada a gran valor de la Sección Oficial, The station agent (Vías cruzadas), se vio relegada a esta “medalla de plata”. En otras ocasiones, ese acto de relego suele responder a caprichos del Jurado, por motivos humanos, de mensaje, etc.… pero esta vez la incomprensión ante la gran ganadora no admite relaciones lógicas, sonando a simple y pura tomadura de pelo.

  Y así, indignados, aturdidos, estupefactos, ni siquiera el Premio del Público a la maravi-llosa, lírica y genial Primavera, verano, otoño, invierno y… primavera consigue quitarnos el mal sabor de boca. La Sección Oficial nos había decepcionado, pero el pal-marés ha caído como un estigma más para esa clase A ya moribunda que sigue convir-tiendo a este Festival Internacional de Cine de San Sebastián en uno de los cuatro grandes.


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