|
El más difícil
todavía: "Schussangst" gana la Concha de Oro
Por
Mateo Sancho Cardiel, San
Sebastián
Parecía difícil que el Palmarés pudiera ser juzgado con un
panorama tan deprimente en la Sección Oficial. No había ninguna
obra maestra y, por tanto, no se contemplaba la posibilidad de
una escandalosa injusticia. Pero sí, así ha sido: el Jurado de
San Sebastián, sin presidente al que colgar el yugo, compartirá
con sus seis miembros el peso de haber conseguido un disparatado
reparto de premios que acumula los siguientes delitos:
a) Otorga la Concha de Oro a una de las peores películas de toda
la competición, “Schussangst”,
de nacionalidad alemana, deslavazado relato de una mentalidad
criminal cotidiana y reconocible, pero que acoge con gusto la
bobaliconería como principal nexo de unión de sus pinceladas
grotescas y absur-das de humor y de sus personajes
pretencio-samente especiales. Campeona del despro-pósito junto a
“Grimm”
(que la socarrona in-teligencia del Microsoft Word cambia,
curiosa y automáticamente, por la palabra “grima”) y la
infumable “Crepúsculo
Rojo”, los rumo-res previos que anunciaban la
debacle sona-ban tan inverosímiles que no fueron tomados en
serio.
b) Consigue que en una
Sección Oficial paupérrima se pueda hablar de “notables
ausencias”, como las de “En
la ciudad”, “Histoire
de Marie et Julien” y “Noviembre”
(de hecho, las cintas más premiables, más des-tacables del
certamen). La película de Cesc Gay, un retrato sobrio y
realis-ta del desencanto generacional, se va de manos vacías
después de ser la más aclamada por la crítica. El maestro
Jacques Rivette, aun en horas bajas, consigue una película
exquisita, sutil y con un elevado grado de fas-cinación,
mientras que Achero Mañas, sin ser especialmente
brillante, arriesga y enfatiza con ilusión en su utopía social,
aunque se podrá confor-mar con el Premio de la Juventud.
c) Premia
al principal lastre de “Te
doy mis ojos”, Laia Marull, que con su
trabajo al borde del ataque de nervios, sin capacidad para
transmitir nor-malidad y con una gama de aspavientos deplorable
para mostrar dolor, contagia vergüenza ajena y bochorno durante
toda la ya de por sí bastante mediocre película de Icíar
Bollaín. Respecto al premio a su compañero de reparto,
Luis Tosar, ninguna pega, pues es sin duda lo mejor de la
cinta y extrae todo el partido posible a un personaje que no
daba en sí mismo el juego que él ha encontrado. Fue el único
premio no abucheado junto con el unánime fervor que había
levantado la fotografía de “La
joven de la per-la”, deslumbrante traslación de
la estética Vermeer al fotograma cinemato-gráfico al que el
Jurado también se rindió.
d) Designa como mejor director al coreano Bong Joon-ho,
responsable de "Salinui
chueok", película que si bien es una amable
traslación del psicothriller yanquie a la cine-matografía
oriental, con humor autóctono y momentos logrados, no tiene un
especial atractivo como para llevarse no sólo el premio oficial,
sino también el premio FIPRESCI y el de Nuevos Directores.
Aunque la película ga-na con el tiempo (y con el relieve que le
dan sus pésimas compañeras de concurso), es un reconocimiento
desmesurado para esta “rareza” sin pretensiones.
e) Destaca
de “La
herencia”, una espléndida cinta, su peor aspecto:
el guión. Si bien es un mal menor entre todo el dislate, la
película danesa se nutría de una composición extraordinaria de
los personajes por parte de sus intérpretes, de una estética
fría, desgarrada en su silencio y su oscuri-dad, y por una
creación de atmósferas que iba in crescendo hasta transmi-tir la
claustrofobia emocional y cobarde del protagonista de la
historia. Sin embargo, la base literaria de la película se
desmoronaba en su desenlace y hacia una excesiva concesión al
melodrama.
f) Vuelve
a dejar a la favorita de la generalidad únicamente con el Premio
Especial del Jurado, tal y como ya sucedió en anteriores
ediciones del fes-tival con películas como “En
construcción” o “Las confesiones del doctor Sachs”.
La nota amable y entrañable de los primeros días, elevada a gran
valor de la Sección Oficial, “The
station agent (Vías cruzadas)”, se vio relegada a
esta “medalla de plata”. En otras ocasiones, ese acto de relego
suele responder a caprichos del Jurado, por motivos humanos, de
mensaje,
etc.…
pero esta vez la incomprensión ante la gran ganadora no admite
relaciones lógicas, sonando a simple y pura tomadura de pelo.
Y así,
indignados, aturdidos, estupefactos, ni siquiera el Premio del
Público a la maravi-llosa, lírica y genial “Primavera,
verano, otoño, invierno y… primavera” consigue
quitarnos el mal sabor de boca. La Sección Oficial nos había
decepcionado, pero el pal-marés ha caído como un estigma más
para esa clase A ya moribunda que sigue convir-tiendo a este
Festival Internacional de Cine de San Sebastián en uno de los
cuatro grandes.
|