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Dirección: Gerardo Herrero.
Países: España. Reino Unido, Cuba, Portugal,
Italia y Francia.
Año: 2002.
Duración: 124 min.
Interpretación: Saffron Burrows
(Muriel), Harvey Keitel (Robards), Eduard Fernández (Galíndez),
Guillermo Toledo (Ricardo), Reynaldo Miravalles (Don Angelito),
Joel Angelino (Don Angelito joven), Jorge Alí (Riviera
Maculeto), John Furey (Norman Radcliffe), Hugo Reyes (Areces
joven), Mario Limonta (Areces adulto), Chete Lera (Diplomático),
Jacqueline Arenal (Gloria).
Guión: Luis Marías y Ángeles
González-Sinde; basado en
la novela 'Galíndez' de Manuel Vázquez Montalbán.
Producción: Gerardo Herrero, Javier
López Blanco, Mariela Besuievsky y Teddy Villalba.
Música: Patrick Doyle.
Fotografía: Alfredo Mayo.
Montaje: Carmen Frías.
Dirección artística: Luis Valles y Wolfgang
Burmann.
Vestuario: Lena Mossum.
Estreno en España: 26 Septiembre 2003. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Rescatar la memoria y la
utopía
En una coproducción de varios países en la que participa el
propio Gerardo Herrero,
adapta la novela de Manuel Vázquez
Mon-talbán sobre Jesús Galíndez, el peneuvista
exiliado a Santo Domingo tras la Guerra Civil, que colaboró con
el dictador Trujillo y más tarde con los servicios americanos de
la CIA. Su misterioso secuestro y muerte, nunca es-clarecidos,
son llevados a la pantalla con una fórmula recientemente asumida
por David Trueba en "Soldados
de Salamina". Ahora la periodista es sustituida por
una historiadora americana, Muriel, que busca la verdad de lo
sucedido por su condición de investigadora pero también por un
pasado sentimental con uno de los chile-nos desaparecidos, que
ha dejado sobre su pecho una herida aún sin cica-trizar. Este
personaje de ficción permite al director desplazarse en el
tiem-po, con escenas presentes de su propia labor investigadora
en Nueva York, el País Vasco y Ciudad Trujillo, que alternan con
otras de crudo realismo en que el político vasco fue
secuestrado, torturado y ejecutado en 1956 en el país caribeño.
En su labor de rescatar la
verdad del pasado, de recuperar la memoria de un idealista como
Galíndez, la joven americana encontrará los obstáculos de
quienes se mueven por un pragmatismo sin conciencia. Es una
lucha entre románticos que siguen creyendo en una utopía y en
que los muertos sin enterrar deben hablar, y gentes sin
escrúpulos que sólo buscan sepul-tar la verdad oscureciéndola
con versiones mentirosas impregnadas de co-rrupción y sangre. En
este thriller político asistimos a una mezcla confusa en que
intereses personales y razones de Estado se implican y
arrastran, con unos seres que elevan a la categoría de ideal lo
que sólo era un empe-ño personal, y otros que desencadenan
auténticos conflictos diplomáticos y justifican las mayores
aberraciones por cuestiones domésticas.
Desde el comienzo, el espectador se ve llevado sin
resistencia desde el presente al tiempo pasado gracias a un más
que digno montaje y a una fotografía que per-mite seguir una
trama compleja que por momentos podría enmarañarse dada la
canti-dad de testigos y la disparidad de versiones que se
ofrecen como verdad de lo sucedido. Entre todos, destaca la
figura de Harvey Kei-tel
como el agente de la CIA sin escrúpulos, pues sólo con su
presencia da empaque y seriedad a la historia, y una
Saffron Burrows como mujer e
historiadora tenaz y llena de vida, con un papel pletórico de
fuerza y fe en su tarea. Con secundarios aceptables aunque sin
el mismo brillo, pasan sin nota un
Eduard Fernández que encarna a un Galíndez en exceso
maquillado para expresar el horror de la tortura, y un
Guillermo Toledo al que se le
hace un flaco favor con un doblaje que causa espanto.
Al interés por rescatar la
memoria de un hombre que vivió por unos idea-les y que
permaneció en el olvido hasta para sus correligionarios del PNV,
y también por abordar el interesante tema de la ética de la
resistencia, se contrapone una puesta en escena fallida en
varias ocasiones y que deja entrever la versión partidista y
maniquea que el director nos ofrece: aun-que sean ciertos y
condenables los abusos y crueldades cometidos, la manera de
presentárnoslo resta verosimilitud al buscar el efectis-mo
facilón con que se muestra la crudeza de la tortura o el
tono panfle-tario en que se convierte el juicio sumarísimo de
Galíndez por Trujillo, cari-caturizado éste como un personaje
sin matices ni vida propia.
Presentada en el Festival de
San Sebastián fuera de competición, este drama nos habla de cómo
se escribe la Historia y de las cloacas del poder, de cómo un
ideal se resiste a morir por el pragmatismo amoral de otros, y
de cómo la verdad lucha por salir a flote pese a todo.
Interesante thriller, máxime cuando nos habla de una historia
reciente que nos atañe y que está a la orden del día.
Calificación:
    
Imágenes de "El misterio Galíndez" - Copyright © 2002 Tornasol
Films, Ensueño Films, Greenpoint Productions, ICAIC, DMVB Films,
Storie SRL, Madragoa Produçao de Filmes y Continental
Producciones. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
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