CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Una lástima. Las expectativas despertadas ante la trasposición a
la pan-talla cinematográfica de una novela como la de
Vázquez Montalbán –un thriller
político rico e intenso, con multitud de meandros y derivaciones
en el desarrollo de su trama, y que, por tal motivo, ofrece un
material de mu-hísimos quilates para tales menesteres–, eran muy
altas, y hemos de afir-mar, sin ambages ni medias tintas, que el
resultado del trabajo de Gerar-do
Herrero dista mucho de haberlas satisfecho.
La novela que sirve de punto de partida al guión despliega su
argumento a través de tres líneas paralelas, aunque separadas en
el pla-no temporal: la primera línea, en tiempo pre-sente, se
desarrolla sobre la investigación que una estudiante americana
efectúa sobre la figura de Galíndez, un exiliado político vas-co
en Estados Unidos, y los manejos de unos agentes de la CIA para
abortarla a toda costa; una segunda se centra en el objeto
fi-nal de esa investigación, que se cierra con la tortura y
desaparición de Galíndez a manos de los militares dominicanos
bajo el mando del dictador Trujillo; y la tercera, que se
desarrolla entremez-clada con la precedente, al hilo de los
recuerdos que, durante esa tortura, acuden a la mente de
Galíndez, nos va desvelando la trayectoria vital y po-lítica de
éste, ofreciéndonos las claves que explican las dos anteriores.
La maestría narrativa del autor consigue que el desarrollo de
las tres líneas sea totalmente armónico, sin dejar suelto ningún
cabo y dibujando un cua-dro global que nos ofrece, amén de una
visión amplia y clara sobre el per-sonaje alrededor del cual
gira el relato, una intriga tensa y emocionante, que atrapa al
lector desde la primera hasta la última de sus líneas.
El guión de la adaptación, a cargo de un es-critor experimentado
y con buenos antece-dentes en el género del suspense policial,
co-mo es Luis Marías ("Todo
por la pasta", "X"),
decide prescindir por completo de la tercera de las líneas antes
señaladas, y carga todo el peso de la trama fílmica sobre la
primera de ellas, que se convierte en el auténtico hilo
conductor de la película. En principio, no ha-bría nada que
objetar al respecto: es una op-ción libre y legítima del
guionista, partiendo de la premisa de que la adaptación de un
tex-to literario a la narración cinematográfica ha de contar con
la flexibilidad que se requiere para evitar lastres y
disfunciones (una duración excesiva o una ralentización del
ritmo narrativo, por citar algunos supuestos), además de que
debe dejar margen suficiente para la prevalencia de la visión
perso-nal del cineasta sobre la obra literaria. Pero tal opción
determina que el film arranque con un serio 'deficit
informativo': se pierde todo referente sobre las circunstancias
que han llevado a Galíndez a su trágico fin, y las referencias
con que los distintos personajes, en sus diálogos, nos van dando
algunos datos acerca de las mismas, resultan claramente
insuficientes.
Con todo y así, no es ése el
'agujero negro' por el que la película termina malbaratando el
valioso material con el que opera: son una mortecina
re-alización y un error garrafal de casting los que arruinan sus
posibili-dades y terminan convirtiendo el producto final en una
película po-co más que mediocre.
Gerardo Herrero, pese a
llevar a cabo una realización correcta desde un punto de vista
estrictamente formal, no acierta a dar con el tono más ade-cuado
para imprimir a la historia lo que ésta requiere,
fundamentalmente en lo que a su ritmo se refiere: la trama no va
creciendo en tensión, sino que se mantiene permanentemente en
una línea monocorde y, además, muy desvaída, con lo cual el
interés y la tensión, lejos de crecer progresivamen-te –como
corresponde a los cánones de la intriga, sea ésta del tipo que
sea–, se van diluyendo hasta un punto bastante cercano al
aburrimiento. Y no se trata de reivindicar un tratamiento
'americano', en el más puro estilo Pakula –para entendernos con
un referente señero del género–, que tampo-co resulta
indispensable, pero sí de insuflar algo más de fuelle y vigor en
una trama que contiene elementos más que adecuados para tal fin.
En cuanto al reparto, ¿quién eligió a
Sa-ffron Burrows como protagonista de la pelí-cula?
Teniendo en cuenta la opción de guión a la que aludíamos arriba,
su personaje se convierte en la piedra angular sobre la que
descansa todo el armazón del film, y resulta evidente, desde las
primeras secuencias –y es una sensación que va creciendo a
medida que avanza la trama–, que a esta actriz le falta mucho
fuste para soportar tal peso: su carencia de expresividad y su
incapacidad pa-ra variar mínimamente de registro en función del
corte dramático de la secuencia terminan arruinando por completo
su trabajo, y dejan la película seriamente tocada en su línea de
flotación. Ni siquiera el hecho de que su coprotagonista, y
personaje de confrontación, esté encarnado por un
Harvey Keitel tan discreto como
eficiente –en su línea habitual–, consi-guen salvar este rubro,
dado que la comparación sólo sirve para acentuar aún más, si
cabe, las deficiencias que exhibe la hermosa actriz londinen-se.
Tampoco ayuda a rescatar los restos del naufragio el trabajo de
un Guillermo Toledo que, en
un papel complementario, exhibe un grado de indolencia poco
acorde con el nivel de calidad al que nos tiene acostumbra-dos
(hay momentos en que uno llega a pensar si su presencia en la
pelícu-la no obedece sino al hecho de que, cual en la canción de
Aute, "pasaba por aquí..."), o el hecho de que la presencia de
Eduard Fernández se vea muy
limitada por los condicionantes del dibujo de su personaje (y es
aquí donde vuelve a pesar negativamente la opción de guión
arriba apuntada: un desarrollo más amplio del personaje de
Galíndez nos hubiera permitido una interpretación más completa y
matizada, con más riqueza de registros –al bueno de Eduard, con
la única excepción de la secuencia inicial, ya no se le vuelve a
ver la cara sin desfigurar en todo el resto del metraje–). En
defi-nitiva, y con la única excepción del trabajo de Harvey
Keitel (que, sin resultar brillante, sí que alcanza un nivel
mínimamente aceptable) y el de algunos secundarios de carácter,
el apartado interpretativo re-sulta bastante pobre, y, desde
luego, muy por debajo de las exigencias que una producción de
este nivel –con pretensiones de proyección interna-cional, a
tenor de la multinacionalidad en la producción, la diversidad y
ri-queza de las localizaciones, y, lo que es más importante, la
presencia de estrellas hollywoodienses en su reparto– podría y
debería plantearse.
¿Resultado final? Una
película, si no rotundamente mala, sí poco más que discreta, y
una enorme decepción para cuantos esperábamos encon-trar una
adaptación de un nivel, si no tan alto, sí al menos digno de la
ex-traordinaria calidad de la novela de Vázquez Montalbán. Y,
como siempre sucede en estos casos, las cuestiones ineludibles:
¿qué hubiera sido de este material de ficción en manos más
diestras, y hasta dónde se hubiera podido llegar con él? Ésa sí
es una intriga verdadera... Lo dicho: una lásti-ma...
Calificación: 5 / 10
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