CRÍTICA por
Julio Rodríguez
Chico
La triste realidad de la
mentira
Una ciudad, Barcelona, y unos personajes cotidianos que son
capturados por la cámara de Cesc Gay
("Krámpack") para mostrarnos una realidad preocupante y
tristemente actual: la de unas vidas construidas sobre el
en-gaño y la mentira, cimientos sobre los que se pretende
construir un amor imposible.
Como un goteo de lluvia
menuda, así logra el director que nos em-papemos del pequeño
mundo en que se mueven las distintas pare-jas de esta obra coral:
pronto quedan perfilados sus conflictos interiores, que van
cogiendo un mayor patetismo a medida que avanza la película, y
que llega a su punto álgido en el tramo final, con una verdad
que a duras penas asoma en una comida de celebración, momento en
que cada rostro es un todo un poema.
Retrato de personas que no se encuentran a sí mismas, perdidas
en una ciudad que las aísla en su soledad interior, por mucho
que se rodeen de amigos. En sus existencias no parece haber otro
conflicto que el amoroso ni otra norma que la de alimentar la
propia satis-facción personal: una dependiente de una li-brería
que necesita a alguien que la quiera y fantasea sobre sus
conquistas, una lesbiana que vive un calvario interior al
ocultar su con-dición a un ingenuo marido, un arquitecto que
asiste en silencio a la infidelidad de su mujer y que sucumbe
ante los en-cantos de una joven camarera, un profesor que no
repara en la edad de su alumna para convertirla en su amante. Es
difícil saber qué caso de todos ellos resulta más triste, qué
personaje produce más lástima. Pero es que, en el fondo, todos
están cortados bajo el mismo patrón: el de una sociedad que
busca guardar las apariencias, y donde la falta de un espíritu
de com-promiso y fidelidad están en la calle, en la misma ciudad
de cada uno de los espectadores.
El director mete el bisturí
para afrontar una peste de nuestros días, pero es una lástima
que no ofrezca una respuesta para salir de esa situación tan
lamentable, ni que facilite al espectador unas pautas que le
sirvan para la reflexión. Más bien, todo su entramado y su final
abierto le dejan en una encrucijada llena de ambigüedad, y sin
una moral individual sobre la que construir una vida estable y
en armonía afectiva. Son vidas tristes que no saben a qué carta
jugar, en cualquiera sus circunstancias sentimentales. Lo hace
con un guión y un montaje estudiado al milímetro, yendo de
una a otra historia con sutileza y buen ritmo, y con una puesta
en escena en que el espectador pronto se siente como en casa.
Logra que sus personajes muchas veces digan más con lo que
callan que con lo que manifiestan abiertamente, que sus miradas
hablen por sí solas. Entre todas las interpretaciones, llenas de
naturalidad y con cada particularidad vital bien asimilada,
destaca la de Eduard Fernández
–uno de los mejo-res de nuestro cine– que vuelca su mundo
interior con una sola palabra o mirada.
Una nueva disección de la
sociedad, a través de breves pero incisivos fragmentos de unas
vidas cualesquiera que aparecen entrecruzadas, que
desgraciadamente tanto abundan en el naufragio sentimental de la
pareja, y que por eso encontrarán la complicidad de un público
amplio, que vivirá cada una de esas vidas como si fuera la suya.
Calificación:
    
Imágenes
de "En la ciudad" - Copyright © 2003 Messidor Films.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "En la ciudad"
Añade "En la ciudad" a tus películas favoritas
Opina sobre
"En la ciudad" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"En la ciudad" a un amigo
|