CRÍTICA por
David Garrido
Una
cuestión de credibilidad
Reconozco que no he leído la novela de
Phi-lip Roth del mismo título que, al parecer, es uno
de los autores más interesantes y reco-nocidos de la narrativa
estadounidense de los últimos años, pero lo cierto es que no era
el material literario de partida lo que más me in-teresaba de
esta película. Ni tampoco su atractivo reparto, pese a que ayude
lo suyo. Era el nombre de Robert Benton
lo que más me convencía. Reputado guionista y correcto director,
Benton ha dirigido en los noventa dos películas excelentes, "Ni
un Pelo de Ton-to" (Nobody’s Fool, 1994) y "Al Caer el Sol"
(Twilight, 1998), ambas prota-gonizadas por Paul Newman, en las
que demostraba una virtud ausente ca-si por completo del cine
estadounidense actual: un clasicismo a la hora de rodar casi en
vías de extinción (aún tenemos a Clint Eastwood y algún otro)
que permite a su cine desarrollarse sin aspavientos,
tomándose el tiem-po necesario para que el espectador pueda
asimilar y vivir la histo-ria, saborearla mientras se digiere y
no limitarse a deglutirla sin más.
"La Mancha Humana" cuenta la
historia de un personaje fascinante, Co-leman Silk, un maduro
profesor de Universidad al que obligan a jubilarse por un
absurdo que sólo cobra sentido en la ola de conservadurismo y la
paranoia de lo políticamente correcto que invadió a Estados
Unidos durante el escándalo Clinton/Lewinsky (un paisaje de
fondo que no es en absoluto casual, pues lo cierto es que el
verdadero tema de la película de Benton es la mentira, las
apariencias e incluso la renuncia a la propia identidad en
función de ellas), que inicia una relación con una mujer mucho
más joven que él, de educación y clase social muy por debajo de
la suya y que, co-mo el propio Coleman, arrastra un oscuro
pasado detrás suyo.
Hay dos problemas graves que afectan a los resultados de esta no
obstante más que co-rrecta película y que son completamente
aje-nos al esfuerzo que director y actores hacen para sacar la
película adelante. En primer lu-gar, está la cuestión siempre
subjetiva de la credibilidad que varía en función de la manera
de entender el cine y la vida de cada especta-dor, pero que
resulta esencial en una película como esta, que aspira a que
vivamos intensa-mente la peripecia emocional de sus
protago-nistas y que tiene una doble vertiente. Por un lado,
cuesta mucho entender la manera en que arranca la relación entre
una mujer como Nicole Kidman y un
viejo como Anthony Hop-kins y
aunque la película se esfuerce en dotar de motivos y
explicaciones a la manera de actuar de ella hasta tal punto que,
gracias a los esfuerzos de Kidman, uno acaba por aceptar que
funcione, la mente del espectador más escéptico puede quedarse
en lo inverosímil de tan peculiar pareja, con lo que la
credibilidad de esa relación queda viciada desde su comienzo y
es complicado remontar esa impresión.
A eso no ayuda precisamente
el –a mi juicio– evidente error de casting que supone tener a
una actriz como Kidman en un papel como este: con su natural
clase, su descomunal belleza y esa piel inconfundible, re-sulta
casi imposible, pese a los enormes esfuerzos que hace, ver en
ella a esa mujer baqueteada por la vida, fregona, obrera y tan
herméticamente ce-rrada por su terrible dolor interior a la
ternura que Benton y sus guionistas tratan de vendernos. Ese
inevitable obstáculo repercute sobre parte de los objetivos de
la película, pues difícilmente va uno a comulgar con el dolor de
un personaje que no acaba de creerse del todo. Cualquiera que
haya visto a la descomunal Sarah Polley de "Mi
Vida Sin Mí" de Isabel Coixet enten-derá sin
dificultad de lo que le hablo.
Una vez dicho esto, hay que resaltar que "La Mancha Humana"
tiene no sólo varios lo-gros nada desdeñables en su haber, sino
una gran virtud que no resulta fácil de encontrar en el cine de
Hollywood de los últimos tiempos: la mayor parte de los
defectos de la obra se concentran en el comienzo de la mis-ma y,
a pesar de todo lo dicho, la pelícu-la crece mucho en su tramo
final y consi-gue atrapar el interés del espectador gra-cias a
algunas secuencias memorables fruto de la manera clásica de
rodar de Benton y el estupendo trabajo de sus intérpretes.
En estos tiempos en el que la tendencia suele ser un sinfín de
películas con un buen punto de partida y una torpe resolución,
no deja de ser estimulante encontrarse con una película que
crece según avanza su metraje, pese a todos sus defec-tos.
Uno tiene la sensación que
gran parte de estos logros, destacando la só-lida construcción
narrativa del relato, tiene que ver con la novela original. La
estructura en dos tiempos, presente y pasado, que descubre capa
a capa al complejo ser humano al que dan vida un Anthony Hopkins
más sobrio de lo habitual y un descubrimiento como es el intenso
Wentworth Miller que lo
encarna de joven, permite al espectador adentrarse sin prisa,
pero sin pausa, en los hechos que le llevaron a la terrible
decisión que hubo de to-mar en su momento y sobre la cual
construyó toda su vida. La parte más interesante de la película
gira en torno a esta “mancha” que da título a am-bas obras, por
cuyos pliegues se cuela con suavidad el melodrama más
auténtico, aquél que hace brotar la emoción sin lágrima fácil ni
re-curso alguno al sentimentalismo, aquél que sólo puede salir
de per-sonajes sólidos y creíbles construidos escena a escena.
A Douglas Sirk le hubiera encantado, y, créanme, la mención a
Sirk es aun más ade-cuada de lo que parece a simple vista.
Por desgracia, la
excelente construcción de Coleman Silk perjudi-ca en la
comparación a su pareja en la pantalla, personaje este
mu-cho peor perfilado, y su manera de actuar, no siendo ni mucho
menos in-comprensible, no está en pie de igualdad tanto por el
tratamiento del guión como por la propia elección de Kidman para
el papel, con lo que se percibe un desequilibrio interno que no
acaba de superarse pese a algunos mo-mentos de gran intensidad
emocional: la inmensa ternura de la escena del concierto o la
segunda secuencia en la cocina de Silk, por ejemplo.
Con todo, la película se beneficia de un guión que aprovecha
bien sus recursos narra-tivos (las dos menciones a Aquiles son
exce-lentes), el saber hacer de dos buenos actores como
Gary Sinise y un convincente
Ed Ha-rris que ayudan a la
pareja protagonista, y una puesta en escena de Robert Benton de
lo más eficaz, que cede como de costumbre to-do el protagonismo
a sus actores (lo que al-gunos suelen confundir con una falsa
falta de estilo propio: esto es una decisión conscien-te), que
sólo se resiente en el abuso de pri-meros planos en las
iniciales secuencias íntimas de Hopkins y Kidman, mientras que,
por otro lado, consigue algunos instantes de gran altura: véase
el plano fijo que antecede a la decisión de Hopkins sentado en
su coche después de dejar a Faunia por primera vez en su casa;
la muy co-mentada escena de baile entre Hopkins y Sinise, que
sólo cobra todo su sentido cuando se contrapone a la primera
secuencia que comparten am-bos como muestra de la evolución del
personaje de Coleman, y, por su-puesto, a raíz de la revelación
posterior de éste; o el suave movimiento de grúa y la panorámica
sobre el hermoso paisaje helado que introduce la conversación
entre Ed Harris y Gary Sinise. "La Mancha Humana" no
conseguirá plenamente todo lo que se propone, pero es una
invita-ción al espectador a disfrutar de un cine sereno, adulto
e inteligen-te.
Calificación:
    
Imágenes de "La mancha humana" - Copyright © 2003 Lakeshore
Entertainment, Miramax Films y Stone Village Productions.
Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos
los derechos reservados.
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