● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

LA MANCHA HUMANA
(The human stain)


 

 
Dirección: Robert Benton.
Países:
USA y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 106 min.
Interpretación: Anthony Hopkins (Coleman Silk), Nicole Kidman (Faunia Farely), Ed Harris (Lester Farely), Gary Sinise (Nathan Zuckerman), Wentworth Miller (Coleman joven), Jacinda Barrett (Steena Paulsson), Harry Lennix (Sr. Silk), Anna Deavere Smith (Sra. Silk), Clark Gregg (Nelson Primus), Lizan Mitchell (Ernestine).
Guión: Nicholas Meyer; basado en la novela de Philip Roth.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Scott Steindorff.
Música: Rachel Portman.
Fotografía:
Jean-Yves Escoffier.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: David Gropman.
Dirección artística: Zoé Sakellaropoulo.
Vestuario: Rita Ryack.
Estreno en USA: 26 Septiembre 2003.
Estreno en España: 31 Octubre 2003.

CRÍTICA por David Garrido

Una cuestión de credibilidad

  Reconozco que no he leído la novela de Phi-lip Roth del mismo título que, al parecer, es uno de los autores más interesantes y reco-nocidos de la narrativa estadounidense de los últimos años, pero lo cierto es que no era el material literario de partida lo que más me in-teresaba de esta película. Ni tampoco su atractivo reparto, pese a que ayude lo suyo. Era el nombre de Robert Benton lo que más me convencía. Reputado guionista y correcto director, Benton ha dirigido en los noventa dos películas excelentes, "Ni un Pelo de Ton-to" (Nobody’s Fool, 1994) y "Al Caer el Sol" (Twilight, 1998), ambas prota-gonizadas por Paul Newman, en las que demostraba una virtud ausente ca-si por completo del cine estadounidense actual: un clasicismo a la hora de rodar casi en vías de extinción (aún tenemos a Clint Eastwood y algún otro) que permite a su cine desarrollarse sin aspavientos, tomándose el tiem-po necesario para que el espectador pueda asimilar y vivir la histo-ria, saborearla mientras se digiere y no limitarse a deglutirla sin más.

  "La Mancha Humana" cuenta la historia de un personaje fascinante, Co-leman Silk, un maduro profesor de Universidad al que obligan a jubilarse por un absurdo que sólo cobra sentido en la ola de conservadurismo y la paranoia de lo políticamente correcto que invadió a Estados Unidos durante el escándalo Clinton/Lewinsky (un paisaje de fondo que no es en absoluto casual, pues lo cierto es que el verdadero tema de la película de Benton es la mentira, las apariencias e incluso la renuncia a la propia identidad en función de ellas), que inicia una relación con una mujer mucho más joven que él, de educación y clase social muy por debajo de la suya y que, co-mo el propio Coleman, arrastra un oscuro pasado detrás suyo.

  Hay dos problemas graves que afectan a los resultados de esta no obstante más que co-rrecta película y que son completamente aje-nos al esfuerzo que director y actores hacen para sacar la película adelante. En primer lu-gar, está la cuestión siempre subjetiva de la credibilidad que varía en función de la manera de entender el cine y la vida de cada especta-dor, pero que resulta esencial en una película como esta, que aspira a que vivamos intensa-mente la peripecia emocional de sus protago-nistas y que tiene una doble vertiente. Por un lado, cuesta mucho entender la manera en que arranca la relación entre una mujer como Nicole Kidman y un viejo como Anthony Hop-kins y aunque la película se esfuerce en dotar de motivos y explicaciones a la manera de actuar de ella hasta tal punto que, gracias a los esfuerzos de Kidman, uno acaba por aceptar que funcione, la mente del espectador más escéptico puede quedarse en lo inverosímil de tan peculiar pareja, con lo que la credibilidad de esa relación queda viciada desde su comienzo y es complicado remontar esa impresión.

  A eso no ayuda precisamente el –a mi juicio– evidente error de casting que supone tener a una actriz como Kidman en un papel como este: con su natural clase, su descomunal belleza y esa piel inconfundible, re-sulta casi imposible, pese a los enormes esfuerzos que hace, ver en ella a esa mujer baqueteada por la vida, fregona, obrera y tan herméticamente ce-rrada por su terrible dolor interior a la ternura que Benton y sus guionistas tratan de vendernos. Ese inevitable obstáculo repercute sobre parte de los objetivos de la película, pues difícilmente va uno a comulgar con el dolor de un personaje que no acaba de creerse del todo. Cualquiera que haya visto a la descomunal Sarah Polley de "Mi Vida Sin Mí" de Isabel Coixet enten-derá sin dificultad de lo que le hablo.

  Una vez dicho esto, hay que resaltar que "La Mancha Humana" tiene no sólo varios lo-gros nada desdeñables en su haber, sino una gran virtud que no resulta fácil de encontrar en el cine de Hollywood de los últimos tiempos: la mayor parte de los defectos de la obra se concentran en el comienzo de la mis-ma y, a pesar de todo lo dicho, la pelícu-la crece mucho en su tramo final y consi-gue atrapar el interés del espectador gra-cias a algunas secuencias memorables fruto de la manera clásica de rodar de Benton y el estupendo trabajo de sus intérpretes. En estos tiempos en el que la tendencia suele ser un sinfín de películas con un buen punto de partida y una torpe resolución, no deja de ser estimulante encontrarse con una película que crece según avanza su metraje, pese a todos sus defec-tos.

  Uno tiene la sensación que gran parte de estos logros, destacando la só-lida construcción narrativa del relato, tiene que ver con la novela original. La estructura en dos tiempos, presente y pasado, que descubre capa a capa al complejo ser humano al que dan vida un Anthony Hopkins más sobrio de lo habitual y un descubrimiento como es el intenso Wentworth Miller que lo encarna de joven, permite al espectador adentrarse sin prisa, pero sin pausa, en los hechos que le llevaron a la terrible decisión que hubo de to-mar en su momento y sobre la cual construyó toda su vida. La parte más interesante de la película gira en torno a esta “mancha” que da título a am-bas obras, por cuyos pliegues se cuela con suavidad el melodrama más auténtico, aquél que hace brotar la emoción sin lágrima fácil ni re-curso alguno al sentimentalismo, aquél que sólo puede salir de per-sonajes sólidos y creíbles construidos escena a escena. A Douglas Sirk le hubiera encantado, y, créanme, la mención a Sirk es aun más ade-cuada de lo que parece a simple vista.

  Por desgracia, la excelente construcción de Coleman Silk perjudi-ca en la comparación a su pareja en la pantalla, personaje este mu-cho peor perfilado, y su manera de actuar, no siendo ni mucho menos in-comprensible, no está en pie de igualdad tanto por el tratamiento del guión como por la propia elección de Kidman para el papel, con lo que se percibe un desequilibrio interno que no acaba de superarse pese a algunos mo-mentos de gran intensidad emocional: la inmensa ternura de la escena del concierto o la segunda secuencia en la cocina de Silk, por ejemplo.

  Con todo, la película se beneficia de un guión que aprovecha bien sus recursos narra-tivos (las dos menciones a Aquiles son exce-lentes), el saber hacer de dos buenos actores como Gary Sinise y un convincente Ed Ha-rris que ayudan a la pareja protagonista, y una puesta en escena de Robert Benton de lo más eficaz, que cede como de costumbre to-do el protagonismo a sus actores (lo que al-gunos suelen confundir con una falsa falta de estilo propio: esto es una decisión conscien-te), que sólo se resiente en el abuso de pri-meros planos en las iniciales secuencias íntimas de Hopkins y Kidman, mientras que, por otro lado, consigue algunos instantes de gran altura: véase el plano fijo que antecede a la decisión de Hopkins sentado en su coche después de dejar a Faunia por primera vez en su casa; la muy co-mentada escena de baile entre Hopkins y Sinise, que sólo cobra todo su sentido cuando se contrapone a la primera secuencia que comparten am-bos como muestra de la evolución del personaje de Coleman, y, por su-puesto, a raíz de la revelación posterior de éste; o el suave movimiento de grúa y la panorámica sobre el hermoso paisaje helado que introduce la conversación entre Ed Harris y Gary Sinise. "La Mancha Humana" no conseguirá plenamente todo lo que se propone, pero es una invita-ción al espectador a disfrutar de un cine sereno, adulto e inteligen-te.

Calificación:


Imágenes de "La mancha humana" - Copyright © 2003 Lakeshore Entertainment, Miramax Films y Stone Village Productions. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos reservados.

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