CÓMO SE HIZO "LA PELOTA
VASCA"
"Un pájaro
vuela dentro de una garganta"
Comentarios del director Julio Medem
© 2003
Golem
III. LA PELOTA VASCA. La piel
contra la piedra
Todos los documentales que he
visto últimamente sobre el conflicto vasco (en algunos hasta se
dice que no hay conflicto) tratan de las víctimas del
terrorismo. Diré enseguida, para que no haya malentendidos (o
como vacuna para esa plaga de fabricadores de malentendidos),
que esta situación de falta de libertad y vida en amenaza de
muerte me parece el peor y más acuciante de los problemas, pero
que no es el único. Después del devastador problema moral de la
violencia, existe un grave y crónico trastorno de origen
político que en los últimos años ha desembocado en la actual
guerra (política) entre los Gobiernos español y vasco.
Quiero dejar claro también
que la gravísima situación personal de las víctimas y los
amenazados hace brotar en mí toda mi solidaridad, incondicional
desde el punto de vista humano, pero esto no incluye
necesariamente mi identificación ideológica, sobretodo cuando
contemplo (con horror) cómo algunos son manipulados y utilizados
políticamente; el PP ha hecho de esto su especialidad ya que es
su gran filón de votos en España.
He de reconocer que mi
búsqueda personal del no odio me resulta (ante mi mismo) frívola
si la comparo con la situación de todas aquellas personas que
tienen motivos profundos para odiar; me refiero a los que sufren
en propia carne y alma la violencia relacionada con el conflicto
vasco (de uno y otro lado). En general, ellos y sus fundados
odios merecen todo mi respeto, a excepción de algunos casos
particulares, ciertos ególatras y peligrosos misioneros del
odio.
Como vasco que vivo en Madrid
he echado en falta en los medios de comunicación del Estado
(prácticamente en todos) otras voces sobre el problema moral y
político de mi tierra, me refiero a los matices, a toda esa gama
de colores que (en el fondo todos sabemos que) hay entre el
blanco y el negro. Es profundamente injusto y peligrosísimo el
plantear desde el poder este programa de reduccionismo político
encaminado a crear adeptos a través de la confusión social,
denominado "pensamiento único" y basado en que"si no estás
conmigo estás contra mí" (en el plano internacional supuso
aquello de "si no estás conmigo a favor de la Guerra de Irak,
eres cómplice de Sadam Huseim").
Lo primero que me planteé de
LA PELOTA VASCA, la piel contra la piedra, fue abarcar el mayor
número posible de voces diferentes, como una polifonía humana en
la que cada cual cantara a su aire. De alguna manera lo opuesto
al coro, o un anticoro de voces del que se pudieran distinguir
los timbres de cada una. Quería individuos hablando de su
preocupación personal por un problema social como es el vasco.
En un país tan dado a las entregas colectivas, lo mejor que cada
cual puede aportar al grupo es su propia particularidad. Me
propuse dejar opinar a todas las partes posibles del espectro
vasco, para luego hacer alternar sus voces, creando la sensación
de que podrían escucharse unas a otras, si quisieran, y sobre
todo entenderse, también así mismas. Desde este escenario
simulado de diálogo pretendía crear las mejores condiciones para
despolarizar, desradicalizar, o desbloquear (aunque sólo fuera
una sensación durante la contemplación de la película) a las
partes del conflicto vasco.
Cuando después de siete años
volví a Euskadi para rodar esta película, tuve la sensación de
que no había llegado del todo, porque no quise; tuve tanto
respeto por mantenerme sin odiar, por no volver al sitio del que
salí, que me quedé a una temerosa distancia, como guarnecido en
algún bosque de un monte muy próximo (a todo), subido en algún
árbol. Es decir, en lugar de entrar del todo en lo vasco, me
dediqué a sacar personas de sus lugares habituales, sus casas o
despachos, para traerlas, una por una, hasta mi. Un extraño
privilegio con el que yo pretendía ponérmelo fácil para
escucharlas mejor. Es como si no quisiera ver el problema en el
escenario real dónde ocurre, con su marca de sufrimiento,
espanto.., sino sólo a las personas que aceptaban desplazarse
hasta donde yo les esperaba, en esas localizaciones (de los
alrededores), parajes naturales en los que parece que toda
tensión entre humanos está fuera de lugar. La suma aleatoria de
fondos (en bosques, campas, montes, acantilados.) que ayudan a
retratar la geografía vasca más primigenia, calada de
sentimientos tan antiguos como inamovibles, me vino bien para
mantener el ojo de pájaro y así persuadirme de que puedo ver el
odio sin odiarlo.
Con un equipo de diez
personas y dos pequeñas cámaras digitales (DVCAM) rodamos el
grueso de la película entre mayo y julio de 2002, a un ritmo de
dos o tres entrevistados por día, hasta un total de más de cien
(dos miembros del equipo me ayudaron haciendo entrevistas). Mi
actitud ante todas aquellas personas fue la de aprender lo
máximo posible, es decir, estaba mentalizado para entender lo
que hiciera falta. Mi forma de preguntar fue la de ir siempre a
favor del entrevistado, buscando en todo momento su parte de
verdad, su por qué profundo, pero sin juzgar.
Reconozco haber experimentado
movimientos intestinales en mi análisis sobre el problema vasco,
que luego en el montaje ha sido el tesoro que más he intentado
cuidar. Ojalá al espectador de esta película se le muevan las
ideas como a mi, sintiendo que hacía falta, digamos, remover lo
estancado. Hay mucho fango en este tema.
He de lamentar que a partir
de la segunda semana de rodaje surgieran las primeras
dificultades y hasta negativas a participar por parte de
personas pertenecientes a las dos corrientes o sectores en donde
pueden situarse los extremos del conflicto vasco. Así, por parte
del PP recibimos una negativa tajante a que cualquiera de sus
miembros participara en la película. Desde la productora se les
estuvo insistiendo durante más de cuatro meses a través de
infinidad de llamadas telefónicas (hay constancia),
garantizándoles sitio y respeto a su opinión, pero fue inútil.
Lamento especialmente que tres personas, para mi fundamentales,
negaran su participación, como son Fernando Savater, Jon
Juaristi y Cristina Cuesta (del Colectivo de Víctimas del
Terrorismo). Evidentemente este ha sido el gran problema con el
que me he tenido que enfrentar a la hora de montar el
documental; intentar no perder el espíritu inicial de mostrar la
mayor diversidad posible de ideas como base para proponer el
diálogo.
Tras pasar por una fase
angustiosa en la que pensaba que las ausencias iban a arruinarme
la película (estoy convencido de que en algunos casos ese ha
sido su objetivo: no estar para poder tachar de incompleto el
resultado), decidí volcarme en el resto, en los que sí están, y
valorar especialmente su decisión de estar. Me vi entonces
lanzándome con ellos al aire de un barranco, a ese gran hueco
que queda entre el entorno de ETA y el Gobierno de Madrid.
Cuanto más se han ido
separando los dos extremos del barranco, debido a esa gente
disciplinada que tensa tanto su cuerda, gente atada, el aire que
hay en medio (las dos terceras partes de los vascos) se ha ido
cargando de una turbulencia cada vez más asfixiante y triste,
dejando un aire que no es libre, ni para un pájaro. A este aire,
huérfano de padre y madre, a esta forma de volar que mueve mi
película, se la llama ahora equidistancia.
A pesar de que siempre
lamentaré no haber podido hacer la película que quería, ya que
he hecho la que me han dejado, y que incluso ahora preferiría
que hubieran estado todos, me siento en mi derecho de ser el
pájaro que me de la gana para volar dentro de la sima, entre
esas dos ciegas montañas, e intentar que las ausencias no sólo
no desequilibren el resultado, si no que resulten expresivas y
llenen de significado un proyecto que clama, precisamente, al
diálogo entre todas las partes. Si no acercamos los bordes.
¿cómo vamos a curar la herida?
IV.
LA PELOTA
VASCA. El montaje >>
Imágenes y notas
de cómo se hizo "La pelota vasca, la piel contra la piedra" - Copyright ©
2003 Alicia Produce. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
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