CRÍTICA por
Rubén Corral
Aquí tienen
a sus enemigos
Perdonen que inicie esta crítica por la parte de la que menos ha
hablado el bombardeo mediático que ha rodeado a la visión de
Julio Medem sobre el conflicto vasco: por el
docu-mental. Algo menos de dos horas que arrojan un saldo
decepcionante. Sin am-bages. Sin entrar todavía al denso
contenido de la película no hay por menos que decir que el
director ha tenido serios problemas para incluir –resumir– la
idea de su película (si es que la tenía, al margen de aquello de
ofrecer la posibilidad a los agentes políticos y algunos
sociales y culturales de ex-plicar sus posiciones respecto a la
situación que se vive en el País Vasco) en la duración de una
película estándar. En ese sentido se nota que el ma-terial ha
sido cortado, editado, recortado y vuelto a reeditar en un
esfuerzo sin duda faraónico pero que ha llevado al traste los
propósitos que deben de mover a la película: dar una visión de
la situación que los vascos (no lo vean como un ente abstracto,
sino como muchas, muchas personas con situaciones familiares,
profesionales y sociales diferentes) sufren, viven o disfrutan.
El maremagnum de testimonios
se apilan sin llegar Medem a otorgarles un ordenamiento
atractivo, convincente. La edición –incluido el irritante
efecto pensado para eliminar los silencios en las declaraciones
de los entrevistados– resulta fundamental en el caso de “La
pelota vas-ca”, proyecto que, a todas luces, necesitaba de mayor
duración pe-ro, sobre todo, de un ritmo más pausado para
conseguir transmitir el aluvión de información y opiniones que
lo inundan. En el caso de la edición de casi dos horas que
se ha podido ver en la 51ª edición del festival de San Sebastián
–y que aspira a incluir tanta información sobre el País Vasco,
sobre Euskal Herria, sobre las diferentes posturas políticas– no
hay por menos que definir como de confuso –por mor de la forma
de narración elegida– el resultado.
Un resultado que, por cierto, sí que eviden-cia un
posicionamiento político franco del di-rector afín al
nacionalismo vasco. Ningún pro-blema: sin duda era y es
necesario que, más allá de las fronteras del País Vasco, se
co-nozcan las posturas defendidas por ese en-torno en su propia
voz. Sin intermediación y manipulación de los medios de
comunicación no vascos. Evitando repugnantes ideas con-solidadas
por la mayoría de los mass media españoles como la
equiparación entre nacio-nalismo y terrorismo. Tienen ante
ustedes con “La pelota vasca” la inusual ocasión de comprobar
que los nacionalistas vascos que colman los ran-kings de
políticos más odiados de España tienen ideas y pensamientos para
justificar sus acciones. Evidentemente, serán ustedes los que
deban discernir, los que deban reflexionar, los que los deban
valorar o no. Lo que no resulta de recibo –eso es la opinión de
un residente en el País Vasco no nacido en el País Vasco–es
pretender descalificar el contenido de la película porque haya
intentado dar la voz a todos los sectores sociales vascos.
Fracaso reconocido en los genéricos del film: ningún
representante del Partido Popular aceptó hablar ante la cámara
de Medem.
“La pelota vasca” habla de
cosas que no aparecen en los informativos –que controlan, mire
usted por donde, el partido político que no ha querido
participar en este documental– y consigue, entre tanto ruido
mediático y por encima de la edición autoimpuesta y el aluvión
de voces, incluso mo-mentos de buen cine. Momentos que han sido
–lo que son las cosas– ob-jeto de una crítica que se me antoja
muy injusta.
Uno de los pocos aciertos de Medem en su concepción del film
ante la mesa de edición fue montar en paralelo el viaje de unos
familiares de presos de ETA a una prisión de Huelva y las
declaraciones de la viuda de un ertzaina asesinado por la
organización terrorista. Triste se divisa el panorama social
cuando el ojo que ve esos minutos sólo se queda en que resulta
poco menos que un sacrilegio efectuar un montaje como este: que
se pretende una comparación de ambas situaciones. Triste o
propia de gen-te no habituada al cine. Triste, porque se pier-de
lo que Medem desea comunicarle: que esa viuda está sola, y sola
aparece en todos los planos, mientras que los familiares de los
presos van en grupo, con niños pequeños, hablando de fu-turo;
que el contraste entre el contenido de ambos momentos es tal que
sólo un ojo muy miope miraría a ese “sacrilegio” imbuido desde
los fines de la propaganda política partidista –que tanto se
tercia en el tratamiento de la información comunicada a toda
España respecto al País Vasco– y no se daría cuenta de que Medem
denuncia con ello más efectiva y perspicua-mente que nunca la
diferencia de ambas posiciones. Por un lado, una mu-jer con la
vida destrozada, con un hijo pequeño y un marido asesinado
co-barde y brutalmente; por el otro, una mujer con un niño
pequeño y un mari-do con el que concibió ese hijo en la cárcel.
Si ese ojo no ve allí denuncia, ese ojo no está moralmente bien
educado. Ese tipo de observaciones sólo pueden ser calificadas
como reaccionarias y, en ese sentido, peligrosa-mente violentas.
Propias de gente que se desenvuelve cómoda en concep-tos como
“enemigos”, propias de gente inútil para pretender hallar
solucio-nes. Como dice uno de los entrevistados en el film,
citando palabras de Mo Mowlam, «ningún problema humano se
soluciona con un no»: en esta pelí-cula no hay palabras de
miembros del Partido Popular (renunciaron) ni de ETA (lo que
menos importa de unos asesinos es lo que tengan que decir, y
Medem también lo sabe).
Calificación:
    
Imágenes de "La pelota vasca, la piel contra la piedra" - Copyright ©
2003 Alicia Produce. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
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