CRÍTICA por
Miguel Á. Refoyo
El polémico significado de ‘equidistancia’
Julio Medem postula con su documental el diálogo bipolar sobre
el conflic-to vasco en una cinta que, cinematográficamente,
carece de grandes virtu-des
Nunca antes en nuestro país
una obra cinematográfica ha sido tan critica-da antes de su
estreno ni ha levantado tanta polémica. Los ríos de tinta que se
ha vertido han sido tantos y desde tantas perspectivas que el
docu-mental ha pasado a ser uno de los temas de discusión
nacional. El donos-tiarra Julio Medem,
ridículamente acusado de hacer apología del terroris-mo de ETA
por la ineficaz y oportunista cúpula del Ministerio de Cultura o
calumniado por humoristas de corte intolerante como Mingote, es
el centro de todas las miradas por la creación del documental
sobre la situación po-lítica en el País Vasco. El fundido en
negro con el estrepitoso sonido de los golpes de la pelota
contra la pared reproducidos como disparos con eco se fusionan
con la frase inicial «Esta película pretende ser una invita-ción
al diálogo» que marca la pauta de lo que Medem ha instituido
como una visión propia y libre acerca de un escabroso y
primitivo tema como es la historia del Conflicto Vasco a lo
largo de toda su historia.
Partiendo de la idea de que cualquier docu-mental fílmico es
parcial desde el mismo mo-mento que entra en una sala de
montaje, "La pelota vasca" se presenta como un subjetivo
enfoque, a veces indulgente, otras dejando in-tuir la
‘equidistancia’ que siempre se busca pero que nunca encuentra,
del problema ‘vas-co-nacionalista’ con el entorno de ETA a
tra-vés de un centenar de entrevistas que inten-tan reflejar y
explicar el clima de violencia im-perante en Euskadi en una
situación bipolar que tiene en su idea la esgrimida máxima “o
conmigo o contra mí” acaparador del espíritu de este
controvertido documental. Polémico o no, el panegírico
político de Medem es un claro ejemplo de ma-niobra proclive a la
subversión, al discurso demagogo que encubre bajo su falsa
apariencia de análisis equitativo, una tesis maniquea que
termina por promover una idea que, más allá de equiparar las
orienta-ciones de los que aparecen en el documental, opone
ideales y confunde, saliendo favorecidos en todo momento
aquellos que comulgan con tenden-cias sociológicamente
nacionalistas. Medem juega a maniobrar con los hi-los
ideológicos desde la injusta falsedad del victimismo de los dos
bandos expuestos en un filme que discurre siguiendo una
peligrosa línea de mani-queísmo a favor de un ideal, de un
propósito desigual donde las doctrinas y manifestaciones de las
personas humanas que profundizan en la situación de Euskadi ven
favorecidas o cercenadas sus disertaciones en un montaje
engañoso y adulterado.
A pesar de ello, Medem en
ningún momento hace cualquier apolo-gía de tendencias violentas
o radicalistas, pero sí se deja llevar por un voluntario y
consciente intento de dar un refugio ideológico al nacionalismo,
en todas y cada una de sus expresiones, valiéndose para ello de
su libertad de expresión estética y política. Por todo esto "La
pelota vasca" es justificable desde cualquier punto de vista,
acallando así las vo-ces que tachan esta película de censurable.
Manifiesto de contrastes e in-compatibilidades, de
manifestaciones contrarias y favorables al nacionalis-mo (nunca
al terrorismo), de posiciones inversas y de ausencias
imprescin-dibles, Medem quiere encontrar esa equidistancia desde
una posición cer-cana a la izquierda, contando con la ayuda
inestimable de anodinos inte-lectuales, filonacionalistas y
nacionalistas moderados, dejando ver en todo momento un desapego
por el independentismo, pero realzando con grafías visuales
épicas el lado más estético de lo vasco, como proclama de una
cultura milenaria inmaculada, reclamando derechos colectivos y
libertad a través de sus entrevistados con más tiempo de
discurso. En su intención de ecuanimidad mal orientada, Medem
trunca así su discurso con, por ejemplo, la falta de atención a
las víctimas de ETA, valiéndose de las emo-cionantes palabras
del joven socialista víctima de un atentado,
Eduardo Madina, para justificar
la enmienda políticamente correcta por la que pos-tula el filme.
"La pelota vasca" es una amalgama de opi-niones que siguen un
patrón en busca de una perorata intencional, en la que pasean
nom-bres y opiniones como las de Julen
Mada-riaga hablando de ‘sometimiento colonial’, como
la profesora de la UPV Gotzone Mora
narrando la pesadilla diaria de vivir amenaza-da, como la
desalmada (y execrable) compa-ración entre el caso de una viuda
por un aten-tado etarra y la esposa de un terrorista preso en
Canarias, equiparando sentimientos y emociones. En el camino de
este arduo reco-rrido, Medem se deja muchas cosas, como la
verdadera condición violenta de la ‘kale borro-ka’, la
disipación histórica en el filme del Pacto de Ajuria Enea o la
falta de imágenes del asesinato de Miguel Ángel Blanco y la
reacción popular con-tra ETA. Es cierto que se echan de menos
presencias y voces fundamen-tales para hablar con
‘equidistancia’ del problema vasco. Faltan Fernando Savater, Jon
Juaristi o Cristina Cuesta. Así como de miembros del PP que se
negaron a participar y la cúpula de ETA, que evita la
innombrabilidad de la bestia que forma parte primordial del
conflicto del que se habla. Medem subsana todas estas carencias
convocando a sus personajes en las cimas de las montañas, en los
bosques y en los acantilados del País Vasco, fue-ra del
territorio donde se libra la batalla. No es sólo una apuesta
estética, es una intención algo artificial del idealismo en que
se asienta su obra.
"La pelota vasca" carece así
de neutralidad, inexistente, ya que, quiera o no, Medem emite
con su documental su propio juicio, con designios ideoló-gicos.
"La pelota vasca" es, a fin de cuentas, un opúsculo más temático
que visual, que pretende fomentar el utópico diálogo sobre un
insostenible propósito de autonomía e independencia que otorgará
un comprometido manifiesto para mostrar en las ‘ikastolas’ de la
región desde una visión claramente partidista. Lo que llama la
atención de toda esta polémica cinta es que, como cine, como
obra de arte, el documental de Medem es mo-nótono, cerrado a
cualquier pretensión artística si exceptuamos el aire
absurdamente épico que se le da al paisaje éuscaro. Un
docu-mento de incuestionable unilateralidad que echa de menos
más parcialidad y honestidad, principios de los que carece
este inoportuno giro en la carrera del cineasta, pero a su vez
necesario para abrir el debate democrático, desde dos posturas
bipolares, algo que sí es digno de ensal-zar en la intención del
director de "Vacas".
Calificación:
    
Imágenes de "La pelota vasca, la piel contra la piedra" - Copyright ©
2003 Alicia Produce. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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