CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Gran promesa del cine europeo, capaz de ser intenso,
reposado, volcá-nico o, por el contrario, ceder a la banalidad
más deliciosa, François Ozon
sigue puliendo su estilo cinematográfico y ofreciéndonos
momentos de buen cine en películas que, aunque como esta
“Swimming pool”, tengan un resultado global algo reprochable,
nos hablan con un lenguaje hermoso, con una sensibilidad extrema
y nos devuelven el placer del cine intros-pectivo, del
retrato moldeado y exhaustivo de la personalidad hu-mana.
Heredero diluido pero aun así
notable de Bergman, Ozon construye con “Swimming pool” un
encuentro con el ego, con la frustración y el deseo como ya lo
hiciera el maestro sueco en su colosal “Persona”.
Situada en una casa de verano, el director francés vuelve a
trabajar con la espléndida Charlotte
Rampling y la exuberante
Ludivine Sagnier, explora los re-cónditos mundos del
espíritu femenino y establece un juego de reflejos y
paralelismos, de proyecciones e influencias que nos regalan una
primera hora de gran virtud cinematográfica y de magnífica
composición literaria de los personajes.
Los conflictos interiores de una escritora de best-sellers y el
choque generacional con la voluptuosa sexualidad de la hija de
su editor, con la que comparte vacaciones en Francia, construyen
una tensa relación de atracción, admiración y envidias que es
trazada por Ozon con ductilidad visual, con matización de los
diálogos y con profundas connotaciones que crean un ambiente
enfermizo y concupis-cente, que reclama la sexualidad como
ele-mento indispensable del bienestar humano. Con un ritmo de
lenta precipitación de cada acontecimiento, con unas
interpre-taciones excepcionales, la película avan-za con solidez
monolítica hasta que, por desgracia, se produce un innecesario y
muy negativo giro en la tra-ma que dinamita la sofisticación y
la elegancia anterior con un frene-sí que, pese a incluir
todavía reflexiones de sumo interés, pierde el sentido de la
narración e introduce truculencias que establecen una ruptura
tan bru-tal que el espectador cree haber comenzado una cinta
distinta y pierde el interés en la historia, se siente estafado.
Ozon fuerza esta vez, y no ejecu-ta con la suavidad de “Bajo la
arena”, la aparición de un final abierto a una poliédrica
interpretación, pero en esta ocasión hace un uso de la
ambigüe-dad muy borroso, sin que se dirija hacia ninguna
conclusión que haga en-cajar todas las piezas con coherencia.
Llevado por la voluntad de sorpren-der y fascinar, introduce
elementos estrambóticos, desquiciados y surrea-listas que
conforman una trampa por desgracia muy poco convincente.
Así, con la satisfacción de
esa primera hora –magnífica, magistral, seduc-tora– y la
sensación –casi la pena– de un desenlace tan rocambolesco,
podemos describir esta película como el germen de un genio aún
por des-cubrir su obra definitiva. A la espera de que llegue ese
momento, no es pa-ra nada desaconsejable la visión de “Swimming
pool”.
Calificación:
    
Imágenes de
"Swimming pool (La piscina)" - Copyright © 2003 Gimages,
Fidélité Productions, France 2 Cinéma, FOZ, Headforce y Canal+.
Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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