CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Limpio, independiente,
dinámico y agresivo es el lenguaje con el que
Achero Mañas está consolidando
su sobresaliente carrera como director cinematográfico.
Saboreadas las mieles de “El
Bola”, ha optado más por la libertad creativa que por
la ampliación del presupuesto para hacer lo que más le gusta:
elegir un mensaje y, a través de su cine, arremeter con él al
espectro más amplio de público posible.
Así, “Noviembre” es la
crónica viva de unos ideales, desde su insoborna-bilidad a su
decadencia, hilada a través de la evolución de un grupo de
tea-tro callejero que crea un manifiesto para agarrar sus
principios y hacerlos sólidos. Aunque herede cierta pretensión
de la parte más negativa y rancia de la plataforma de actores
del “No a la guerra”, también guarda su magna-nimidad y su
compromiso, su campo abierto a la esperanza, su aroma de obra
popular, de cuento juglar con vocación movilizadora.
Mañas afronta el reto de crear los nú-meros teatrales en la
propia calle y es en ese riesgo donde sabe exprimir los mejo-res
resultados, donde impregna más pa-sión y donde los intérpretes
ofrecen tra-bajos más brillantes. Pero alrededor de ese
centro neurálgico sobre el que la película al-canza su calidad
notable, el ritmo, la verosi-militud y la vehemencia de su
mensaje que-dan diluidos, rebajados hasta el bloqueo mo-mentáneo
de la inmersión del espectador en la historia al toparse con
evidentes elementos “de relleno”. Las entrevistas a los
personajes en un futuro muy improbable, así como ese prólogo mal
engarzado en el que se critica la enseñanza de método,
desprenden cierto histerismo narrativo que supone un borrón en
lo que en realidad es un filme de lo más destacable.
Porque lo cierto es que la
valentía, la humildad y la técnica con la que el joven director
enhebra la historia y le da su dimensión de verdad convierten
“Noviembre” en una historia de entusiasmo com-bativo contagioso,
de sentimientos cercanos y de ejemplarizante ilu-sión e
idealismo. La iniciativa sin ánimo de lucro de cambiar el
mundo a través del teatro es, en su inviabilidad, el gran canto
a la ensoñación que impulsa a la película hacia su gran
emotividad, lo que implica al espectador en cada número, en esas
frenéticas e imaginativas performances que, con cámara al hombro
y con improvisación interpretativa, nos ofrecen un espec-táculo
fresco y casi único en el cine español, una sensación de
presencia física muy positiva para el resultado final de esta
arriesgada obra.
En su arduo proyecto ha enrolado a actores de la nueva
generación con resultados fantás-ticos.
Óscar Jaenada, al que vimos en
“Des-congélate”, asume con carisma dentro y fuera de la pantalla
el liderazgo del grupo, mientras que
Ingrid Rubio aporta sensibilidad y pa-sión,
Juan Díaz, brío y humor… y así
hasta un completo e impecable reparto joven que no tiene su
correspondencia en calidad en la par-te veterana del reparto,
con las excepciones de Juan Diego
y Amparo Baró.
Afortunada-mente, son los primeros los que llevan todo el peso
de la película, los que cargan con la responsabilidad –en su
enérgica entrega a sus papeles– de que la película se desplome
hacia el ridículo total o bien emerja como una interesantísima y
entretenida muestra que, con sus errores incluidos, me-rece ser
vista.
Calificación:
    
Imágenes de "Noviembre" - Copyright © 2002 Tesela P.C.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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