CRÍTICA
por
Rubén Corral
Infierno de cobardes (pero menos)
Siempre he considerado la
sobriedad un valor cinematográfico de primer orden. Frente a los
directores que se ven obligados a esconder sus caren-cias en el
martilleo de un montaje acelerado, una planificación corta o la
estridencia de los efectos visuales y sonoros, es de valorar que
haya toda-vía directores que se tomen las cosas con calma, que
se paren a pensar qué quieren contar y cómo lo quieren hacer.
Creo que la idea del cine de Kevin
Costner pertenece a este último grupo de directores.
Y lo digo a sa-biendas de que ha hecho alguna película fallida
–aunque no infame, pese al lugar común en que se ha convertido
el disparar contra el director de “Wa-terworld” (1995)– e
igualmente a sabiendas de que la película que es moti-vo de
estas líneas dista mucho de acercarse al nivel de alguno de esos
westerns solidísimos, secos, de antaño; y lo digo pese a que la
idea del ci-ne que muestra Costner y su forma real de hacer cine
lamentablemente no coinciden.
“Open range” supone el retorno de Cost-ner al territorio en
el que mejores resulta-dos críticos cosechó. Fue gracias a
una pe-lícula como “Bailando con lobos” (1990), un tí-tulo que,
visto hoy, ni es tan importante co-mo se dijo en su momento ni
está tan por de-bajo del gran título del género en la pasada
década (evidentemente, “Sin perdón”, de Clint Eastwood). Aquí,
el actor Kevin Costner conti-núa siendo consciente de que se ha
converti-do en veneno para la taquilla. Es significativo que
Costner, en las películas que sólo prota-goniza, esté siempre un
paso en la sombra (la del personaje de JFK en “Trece
días” o intentando capear el temporal junto a Kurt
Russell en “Los
reyes del crimen”). De este modo, para la oca-sión se
arropa de un veterano como Robert
Duvall, una decepcionante persona pero un excelente
actor. Duvall encarna aquí el personaje de un veteranísimo
vaquero, Boss Spearman, que conduce a su ganado a través de las
inmensas praderas del medio oeste estadounidense. Vive gracias a
una trashumancia polémica, que no tarda en chocar con los
intereses de un terrateniente que tiene atemorizado a todo un
pueblo, y cuyos habitan-tes se muestran incapaces de rebelarse
ante el poder militar del cacique.
Junto a Boss está un ex
pendenciero llamado Charlie Waite (Kevin Cos-tner), un forajido
que ha logrado una mejor vida, más en paz consigo mis-mo. Parece
evidente la influencia zen. Y en el desequilibrio de esa paz
in-terior –que en parte es apatía, y en parte es penitencia
autoimpuesta–esta-lla el conflicto que mueve “Open range”. El ex
pistolero se ve obligado a re-cordar sus malas (pero efectivas)
artes para poner a salvo su vida, la de su amigo y –sobre todo–
la de su amada. Annette Bening
resuelve con efica-cia un papel clásico del cine del oeste:
el de la mujer que espera. Natural-mente, se ve obligada a
intervenir a la postre. Quizá por imperativos de nuestro tiempo.
Quizá no.
Costner lleva su película pausadamente. Hay exceso de planos
estilo “Marlboro”, de apabullante perfección estética, de corte
pu-blicitario. También hay un incuestionable es-fuerzo por hacer
un retrato amable de la natu-raleza, de los paisajes y de las
praderas. Lle-va su película con tranquilidad pero siguen
no-tándose recortes en la sala de montaje. Re-cortes que se
notan y, sin embargo, planos que sobran: descompensación. “Open
range”, que recopila situaciones que se dirían extraí-das de
westerns de Hawks o de Wellman, se sitúa en realidad en una
vertiente casi pos-moderna del género: conoce los referentes,
los mezcla a conciencia con motivos personales, una
planificación excesiva en no pocos momentos, un ritmo que tarda
en aparecer... La película resulta atractiva más por sus
personajes y por las situaciones que retrata que por el buen
hacer de un Costner al que, probablemente, con algo menos de
empalago en su estilo visual y algo menos de recorte en la sala
de edición, le habría quedado un film a la altura de su debut en
la dirección, “Bai-lando con lobos”.
Aquí, lo que quedan son
momentos aislados, y un buen tramo de película que resulta
memorable: la preparación de Boss (Duvall) y Waite (Costner) de
su enfrentamiento con el clan del cacique local. Conversaciones
disten-didas, chocolate suizo, juegos de té... Lo que parece una
isla del cine ar-gentino más “bienintencionado” funciona como
contrapunto ideal a un tiro-teo brutal. Los efectos de sonido
cumplen aquí su cometido sin piedad. Lástima que, una vez más,
el propio Costner se encargue de estropear el clímax con una
recaída en ese empalagoso estilo visual con un ralentí
abo-minable.
Calificación:
    
Imágenes de "Open
range" - Copyright © 2003 Cobalt Media Group, Touchstone
Pictures y TIG. Distribuida en España por Filmax. Todos
los derechos reservados.
Página
principal de "Open range"
Añade "Open range" a tus películas favoritas
Opina sobre
"Open range" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Open range" a un amigo
|